En la antigüedad, una práctica común entre las civilizaciones era la comparación zoomórfica. Una actividad que consistía en equiparar los rasgos físicos entre animales y humanos para determinar las virtudes o deficiencias de estos últimos. Frecuente desde el periodo comprendido desde la Edad Media hasta el Renacimiento, donde comenzaron a perder popularidad y con ello alcance entre la población.
No fue sino hasta que Charles Le Brun, considerado el pintor francés más grande de todos los tiempos por el rey Luis XIV, comenzó una serie de dibujos que representan animales humanizados, así como seres humanos medio animalizados. Desde entonces, Le Brun se dedicó a impartir conferencias en las que asoció las características físicas de los seres humanos con comportamientos o habilidades de diferentes especies animales.
En 1668, Le Brun publicó “Sobre la expresión de las pasiones”, un ensayo en el que descubre, según él, los principios que había identificado para descifrar “las pasiones del alma” según sus manifestaciones faciales. El león, entonces, se relaciona con el valor y la fuerza. Los asnos y las ovejas con la estupidez y la imbecilidad. En ese momento, la figura masculina quedaría vinculada con una imagen animal que representa la fuerza y la ferocidad.
En contraste, la imagen femenina ha sufrido un cambio en la percepción desde que apareció en las primeras manifestaciones artísticas. Asociada siempre con la tentación y el placer que conduce a la perdición, la feminidad es una imagen en continúa en la lucha por hacerce un lugar en el momento histórico en el que se presenta.
Sin embargo, ¿qué ocurre cuando la imagen masculina o femenina se muestra alejada de esas asociaciones que jamás seleccionó por cuenta propia? La exposición artística “Protected Beauty”, (Belleza protegida), inaugurada en la ciudad de Miami, con motivo de la feria internacional Art Basel, brinda una perspectiva ilustrada como una respuesta polémica a esa pregunta que nadie enunció jamás, pero que aleteaba inquieta en la historia del arte.
Con más de un siglo de arte americano recolectado, “Protected Beauty” cuenta con más de 40 pinturas, grabados, fotografías e ilustraciones de célebres artistas como Robert Mapplethorpe o George Platt Lynes, así como figuras emergentes como Paul Cadmus, Wilhelm von Gloeden y Michael Miksche.
La exposición es el resultado de un trabajo conjunto entre el Instituto Kinsey y el World Erotic Art Museum de Miami (WEAM), por sus siglas en inglés. El reconocido sexólogo Alfred Kinsey comenzó a coleccionar arte en 1947 y desde un principio se interesó en explorar todas las facetas de la sexualidad humana.
La colección de Alfred Charles Kinsey adquiere importancia porque, junto a los estudios de campo y entrevistas realizadas cara a cara por el doctor y su equipo de trabajo, constituye la base y el desarrollo de sus investigaciones sobre el comportamiento sexual en el ser humano, mismas que publicó en 1948. Dichos estudios, junto a los realizados posteriormente acerca del comportamiento femenino, le dieron las herramientas necesarias para confeccionar la afamada escala de Kinsey sobre la heterosexualidad y homosexualidad.
Las pinturas corresponden a expresiones plurales y diversas del cuepro humano. En ellos se retrata la delicadeza contenida en los rasgos de fortaleza en la figura masculina, así como la entereza y decisión que envuelve el aura de ternura femenina. Rasgos todos asignados, gradualmente, por factores socioculturales, tales como la religión, el ejercicio político y más tarde la publicidad o los medios de comunicación.
Alfred Kinsey comenzó su colección durante la primera mitad del siglo XX. Época en donde la situación política dificultaba la exposición y comercio de este tipo de arte por su contenido, en el que países como Estados Unidos, además de otras naciones de Europa, consideraban como inmoral o agresivo. Fue con el apoyo de la Fundación Rockefeller, a través del Consejo Nacional de Investigación, que logró cimentar las bases para comenzar la colección erótica más grande de América Latina en 1947.
La Kinsey collection (Colección Kinsey) incluye arte erótico de Irán, Japón, además de fotografía del siglo XIX, la exploración de la figura del cuerpo humano así como algunos cuadros de los pintores Marc Chagall, Pavel Tchelitchew y Andrey Avinoff.
“Todas estas piezas representan una perspectiva diferente sobre lo que define la belleza. Debido a las costumbres sociales, al mundo del arte evita a los artistas gays y existe la posibilidad muy real de ser multado o encarcelado. La representación de los hombres tan hermosa y deseable fue casi imposible de presentar al público durante mucho tiempo”
Los hombres fueron retratados con uno o varios elementos que aluden a actividades físicas en conjunto; los deportes siempre han sido considerados como el instante idóneo para formar parte de una comunidad, superar los tropiezos que pueden llegar a presentarse e intentar, sin molestar a nadie, sobreponerse a las circunstancias potenciales.
La mayoría de las expresiones presentes en Protected Beauty no fueron aceptadas en otros sitios, debido a la representación que hacían (y hacen) de la belleza masculina. La colección comenzó a recabarse en 2005, como una nueva forma de exploración de la experiencia del placer, el dolor del amor, y con la intención de que se convirtiera en un mensaje de tolerancia y comprensión de la diversidad humana. Actualmente, la colección es considerada el mayor conjunto de piezas eróticas en Latinoamérica e incluye pinturas, dibujos, fotografías, grafittis, entre otros.
*
Si Charles Le Brun viviera, probablemente no sabría con qué especie animal relacionar a los modelos que figuran en estas expresiones artísticas; pero sería su inconveniente, la necesidad de mirar con otros ojos el cuerpo humano y sus posibilidades no está (únicamente), en función de un momento histórico, sino de una percepción cada vez más amplia, tolerante y respetuosa. El mundo no se detiene, ¿por qué habría de hacerlo nuestra forma de pensar?

