En su propuesta hedonista, Epicuro habla sobre una aritmética del placer: saber hacer un balance entre los placeres y los dolores que derivan de un deseo. El filósofo griego, fundador del epicureísmo, propuso una doctrina del hedonismo a partir de la razón. Es con ésta con la que se debe valorar los placeres y dolores para hacer de los primeros “los del alma”, por encima de los placeres del cuerpo, y sean estos un estado de bienestar prolongado.
Los hombres, al igual que todos los seres de la naturaleza, están en una incesante búsqueda del placer. Por instinto, o pulsión, los seres vivos tienden al placer y huyen del dolor. La satisfacción o el incumplimiento de los apetitos, según Epicuro, provoca el placer o sufrimiento del hombre; entre los apetitos que determina el griego están los no naturales pero necesarios: los eróticos.
Esta postura sobre el hedonismo se opone a la propuesta del artista Armando de la Garza, quien presenta una declaración oscura, inquieta y permisiva que contrapone lo moral y la pureza con el placer carnal y otras parafilias que apela a la despreocupación para vivir sólo para el momento.
Con “Los infortunios de la virtud”, una serie que consta de la intervención de piezas de porcelanas antiguas biscuit, el artista busca criticar la hipocresía de ciertos roles y normas sociales. Armando de la Garza construye artefactos que colisionan, e incorpora a su discurso elementos de múltiple interpretación e inspiración ambivalente para crear nuevas líneas ejecutorias que no hacen sino enriquecer una reflexión firme materializada en piezas siempre sorprendentes.
Armando explora temas como la oscuridad, la metamorfosis, el amor, la muerte y el placer en un perfecto encuentro entre el erotismo y las piezas intervenidas. Desde una posición sensualista, la obra abastece los sentidos como fuente de conocimiento para hallar la verdad en las emociones que provoca.
Una vez mas la intervención, ahora sobre antiguas piezas de porcelana, testigos de una época y cargados de un mensaje de “apariencia” que parece común, pero (trans)mutada, jugando con las ideas morales y el material de intervención. Para Epicuro el placer persé es bueno, el medio para alcanzarlo es el riesgo, y esto es con lo que juega de la Garza.
Oro, plata, cuero y látex son sólo algunos de los materiales que el artista usa para crear un discurso donde siempre el espectador tiene la última palabra.
Armando de la Garza es un reconocido y aclamado artista plástico latinoamericano que ha pintado y dibujado desde la corta edad de siete años. Fuera de sus estudios en Artes Plásticas, De la Garza atendió a la escuela de Arquitectura de la Universidad Autónoma de Nuevo León (1990-1995).
A lo largo de su carrera ha obtenido diversos reconocimientos internacionales, premios y publicaciones, además de haber montado más de 16 exposiciones individuales y 40 colectivas.
Si quieres conocer más sobre el artista, te invitamos a seguirlo en Twitter: @armandodelag.
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