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13 pinturas de Marc Chagall para lograr una relación casi perfecta

November 22, 2017

Diego Cera

Aunque es complicado encontrar a la pareja perfecta, vale la pena luchar para conseguir al menos algo que se le parezca y así buscar juntos ese mundo sin errores al que todos aspiramos alguna vez.



Probablemente la mejor manera de alcanzar la perfección sea viajando muy lejos del lugar en el que nos sentimos a gusto. Obligarnos a encontrar un espacio y momento, si no perfectos, al menos sí mejores a lo que ya habíamos conocido; si es necesario mantenernos errantes, pero permanecer siempre con la esperanza de que la vida, el destino o alguna fuerza divina tiene reservado algo bueno para nosotros. Si algo debimos de haber aprendido, incluso en el confort total de nuestro terruño, es que incluso los buenos tiempos pueden mejorar significativamente.



Esa tendencia a desplazarnos constantemente nos ha acompañado a lo largo de nuestra historia. Podríamos decir que está incluso en nuestros genes si consideramos nuestros orígenes nómadas y hacemos una parada necesaria en el éxodo bíblico que es una de las migraciones humanas más grandes relatadas; pues si revisamos el andar del pueblo judío, nos daremos cuenta de que ese viaje sigue aún en proceso. Aunque ya no es de manera colectiva, podemos decir que muchos de los miembros de esta sociedad emprenden odiseas personales buscando su propia tierra prometida.



Marc Chagall fue uno de esos judíos errantes que dedicó una buena parte de su vida a recorrer el mundo. ¿En busca de qué? sólo él lo sabía con exactitud, lo cierto es que en el camino encontró inspiración, amigos y a sí mismo a través de la Torá. Aunque esto último suene demasiado religioso ─que de hecho lo es─, la tendencia rabínica de cuestionar las escrituras lo llevó a pensar que tanto su arte como su viaje eran una reinterpretación del Éxodo, cuyo fin sólo llegaría cuando encontrara su tierra prometida.



Irónicamente, ese lugar ideal sólo se presentó cuando regresó a su natal Vitebsk, Bielorrusia, en 1909. Ella se llamaba Bella Rosenfeld, escritora, mujer tranquila e interesante. Pero luego de todos los adjetivos que pudiera inspirar, los que mejor se acomodaban a su persona eran amante y una incompleta pero agradable perfección que hacía a Chagall derretirse de amor por ella.


«Me llamo Marc, tengo espíritu sensible y nada de dinero, pero dicen que tengo talento».
─ Marc Chagall



Afortunadamente para Marc, Bella estaba dispuesta a darle una oportunidad a su romance y él la convertirla en su única fuente de su inspiración al plasmarla en un gran número de cuadros que componen una curiosa narrativa de todo lo que vivieron. Desde su amor incondicional y sus viajes por el mundo, hasta llegar a los oscuros momentos en que tuvieron que ocultarse de la avanzada nazi para no ser enviados a un campo de concentración o asesinados inmediatamente.



Debido a la intensidad con la que vivieron, es posible pensar que todos los sucesos, tanto los de mayor dicha como aquellos que significaron una etapa complicada, quedaron plasmados en las pinturas de Chagall. Compendio que además de narrar una bella historia de amor, son una serie de consejos que, para quien logre comprenderlos, será el camino hacia una relación casi perfecta como la de este par.


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Sueño de una noche de verano (1938)


Imagina todo lo que puedes llegar a ser con esa persona. En tu mente cambia su rostro y manipula su figura a tu voluntad, haz todo lo necesario para darte cuenta que no quieres a nadie más que no tenga sus ojos, su sonrisa o cualquiera de los aspectos que te hayan llevado a quererle tanto.


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La rama (1976)


Encuentra en cada momento del día algo que te recuerde su persona, mírale en las ramas de los árboles o en los rayos de luna que se reflejen por las noches en tu ventana. Dale su espacio, pero al mismo tiempo no le sueltes; simplemente guarda su recuerdo en tu corazón y tráelo a tu mente cuando más lo necesites.


«Abría la ventana y junto con Bella entraba en mi cuadro azul de cielo,
amor y flores. Vestida toda de blanco o de negro aparece
desde hace ya tiempo en mis cuadros, como guía de mi arte».
─ Marc Chagall

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Adán y Eva (1911)


Hazle sentir que es tan parte de ti como tú de él. Piensen que vale la pena creer en mitos antiguos y vuelvan a los tiempos en que los enamorados caminaban uno pegado con el otro por amor o porque la creación fue bondadosa con ellos. Libérense de la maldición de la soledad y anden juntos como si fueran las primeras y últimas personas en poblar la Tierra.


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Los amantes (1929)


Amanse, así sin más. Quiéranse tanto que las palabras "te amo" ya ni siquiera tengan sentido o suenen a la peor de las redundancias, porque ustedes han inventado una nueva forma de estar con el otro; algo tan grandioso que sólo ustedes puedan comprender. Un nuevo mundo con sus propias leyes y una lengua única. Inventen algo que los hombres jamás han conocido y que, sin embargo, añoran desde el día que nacieron.


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Cumpleaños (1915)


No importa la fecha o cuántos ciclos tengan que cumplirse; sorpréndanse tanto como puedan para no caer en la horrible monotonía que a veces sugiere ser el amor. Un regalo, un pastel, un beso, cualquier cosa puede convertirse en algo realmente valioso si es que saben llevarlo por el camino correcto. Sólo no lo piensen demasiado y déjense llevar por lo que sienten.


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El paseo (1917)


Hagan lo posible por crear recuerdos; siempre tengan en mente que las relaciones no siempre deber estar mirando al futuro. Todo lo que vive en la memoria es tan importante como lo que está por venir. Al final de cuentas no se aprende a estar en este mundo basándonos en tiempos que ni siquiera han llegado, la verdadera experiencia se adquiere todos los días y si no, al menos permanece como un memorial de todo lo bueno ─o malo─ que ha llamado a nuestra puerta.


«Donde pueden se pueden ver los ojos, éstos son azules, como si hubieran bajado directamente del cielo. Son distintos a los de las demás personas, largos almendrados. Están muy separados el uno del otro: como barcos que navegan con independencia. Nunca he visto semejantes ojos…»
─ Marc Chagall

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La boda (1917)


Sin embargo, nunca olviden hacer planes juntos. Persigan los ideales que se han planteado como pareja y luchen por cumplirlos tan y como los soñaron; porque, por más pequeños que estos parezcan, en cuanto sus sueños se materialicen se convertirán en momentos irreemplazables llenos de una dicha que jamás habían percibido.


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Los recién casados con la Torre Eiffel (1939)


Una vez logradas sus metas, todo lo que les queda por hacer es mantenerlas brillando como si cada una de ellas fuese un logro reciente. Si aprenden a hacer esto, siempre sentirán una satisfacción enorme al verse a los ojos, compartiendo una mirada de complicidad que, sin pronunciar una sola palabra, dirá "lo logramos".


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Bathsheba (1962)


Nunca olviden celebrar sus triunfos y adorarse como si fuesen los grandes héroes de antaño. Muestren una especie de devoción casi como la que siente un fiel hacia una deidad y piensen en su pareja como una persona que ha salido victoriosa de todas sus batallas. Conviértanse en sus propios dioses.


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El concierto (1957)


Disfruten todos y cada uno de los elementos que conforman su relación, háganlos suyos y perciban todos sabores, olores y sonidos que construyen sus momentos más íntimos. Piensen en todos ellos como en una sinfonía donde los sentidos juegan un papel importante en el que debe cuidarse hasta el más mínimo detalle para que todo sea perfecto.


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Amantes con claro de luna (1938)


Caigan en el cliché y descubran por qué es que la gente disfruta tanto de repetir convenciones, mas no se queden ahí nunca. Lleven los lugares comunes hacia escenarios completamente nuevos, surreales y llenos de magia. Demuéstrenle al mundo que su amor va más allá de todas sus leyes naturales y morales. Inventen un mundo aparte.


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Amantes con media luna (1926)


Bailen, lloren, compórtense como locos y déjense llevar sólo por lo que ustedes piensen. Los demás no importan demasiado, en el mundo que acaban de inventar ellos no son más que espíritus molestos, dispuestos a terminar con su amor y toda la diversión que éste implica en sí mismo. Impónganse al mundo con un abrazo que parezca infinito.


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El circo rojo (1956)


Sin embargo, más allá de todo consejo fantástico, recuerden que sólo son humanos formando parte del gran circo de la vida. Mas nunca bajen la mirada y piensen que, aunque la perfección no existe, ustedes podrían ser capaces de llegar a algo parecido porque su amor ya ha derrumbado muchas otras reglas y ha salido limpio de todas ellas.


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Como es de imaginarse, estos consejos no van a representar la perfección para muchas personas, finalmente están basados en una historia de amor como pocas. No obstante, si alguien es hábil interpretando los designios del amor seguramente sabrá llegar a un punto en el que la vida soñada será un punto realmente cercano.

TAGS: Relaciones de pareja Amor de tu vida Pintura
REFERENCIAS: Diario judio Café Babel

Diego Cera


Articulista Senior

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