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¿Por qué pintaban mujeres embarazadas muertas en la Edad Media?

19 de enero de 2018

Diego Cera

Aunque a veces el arte medieval puede parecer un poco extraño; algunas de las pinturas que lo conforman tienen un trasfondo basado en costumbres religiosas que debían ser cubiertas a toda costa.


El arte medieval para quien no sabe mucho sobre la iconografía o tradiciones de la época, a veces puede parecer una verdadera tomada de pelo. Al estar frente a un grabado o una pintura que representa a un conejo empuñando una espada para enfrentar a un perro o un gato, el espectador no podrá hacer nada más que reírse u ofenderse ante lo que, desde su perspectiva, es una burla. Durante esta época, no faltaron los artistas que prefirieron cargar sus obras con un sentido picaresco y lleno de imágenes absurdas a las que hoy nos referiríamos como «ya deja de fumar eso» o «¿vienes borrachín?», pero para ese momento, retratar incluso las peripecias que algunas personas llevaban a cabo en los lugares más oscuros de las ciudades, era un asunto tan importante como ir a la iglesia.



La existencia de textos como el Decamerón en Italia o Los cuentos de Canterbury en Inglaterra, debería de ser prueba suficiente de que ésta fue una época en donde la gente sabía cómo divertirse en toda la extensión de la palabra. Sin embargo, otras obras de arte, que al principio parecen igual de extrañas que las de los conejos guerreros o los gatos con caras humanas, en realidad guardan dentro de sí una historia que no sólo atienden a cuestiones estéticas y catárticas, esconden asuntos científicos que, sin el conocimiento previo del contexto sociocultural en el que fueron creadas, se pasarían por alto.



Uno de los casos más notables dentro de estos trabajo se encuentra en la pintura que a partir del siglo VII, una fecha en la que el arte comenzó a llenarse de mujeres embarazadas y alumbramientos forzados, a través de un procedimiento que a veces percibimos como fruto de la medicina moderna: la cesárea. No obstante, los orígenes de esta operación son tan antiguos que reciben su nombre por el mismo Julio César, el emperador romano que en el año 100 a.C. nació a través de un corte que los doctores realizaron a su madre debajo del vientre, para rescatar al niño de un cuerpo que yacía sin vida.



¿Pero cuál es la razón de que la cesárea fuese vista como un recurso idóneo para el arte? Así como existieron pintores que enfocaron su obra a las pasiones del cuerpo y al divertimento a costa de lo absurdo, también estuvieron los que se decidieron por una estética más secular y fueron estos últimos quienes vieron en el embarazo un lado casi trágico, en donde la figura heroica no le corresponde a otra persona más que a la madre.



La mayoría de las embarazadas retratadas en estas láminas yacen muertas o con un rostro de inconfundible sufrimiento y angustia ante la certeza de que, al regalarle la vida a otra persona, morirán en unos cuantos minuto —incluso podrían ser horas. De hecho, para los doctores y la gente de la época en general, lo importante no era mantener con vida al feto o a la madre sino que ambos tuvieran una muerte cristiana. El único fin de la cirugía era el de poder bautizar al infante, ni siquiera mantenerlo con vida, sólo bautizarlo y luego nada, que Dios dispusiera de él si así lo quería.



Sólo la abadesa que aparece en las Cantigas a Santa María fue sometida a una cesárea con el objetivo de salvar su vida. Aunque las intenciones principales también fueron religiosas, a diferencia de otras miles de mujeres a quienes les fue practicada una cesárea, la vida de la religiosa y la de su hijo fueron salvadas.



Estas imágenes sirven como un testimonio más de las costumbres medievales; incluso aunque el tema fuese tratado con cierto aire de humor involuntario, una parte del contexto histórico en que fueron concebidas quedará implícito dentro de estas pinturas, en las que, entre la sorpresa y la incomodidad de sus espectadores, también se demuestra la urgencia por la buena buena salud y futuro de las almas de todos los creyentes en Dios.


TAGS: Pintura Historia del arte salud
REFERENCIAS: Universidad Complutense de Madrid

Diego Cera


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