
La pintora perfeccionó su técnica al estudiar en la Escuela Nacional de Artes Plásticas en México a principios de la década de los cuarenta, mientras en sus periodos de vacaciones trabajaba como aprendiz del artista Julio Urruela en los murales en el Palacio Nacional de la Cultura de Guatemala. Así fue como en 1945, el presidente de Guatemala, Juan José Arévalo le dio una beca para continuar sus estudios en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado, La Esmeralda. Gracias a estos estudios, Rina Lazo conoció a Diego Rivera, quien fue su maestro y eventualmente le presentó a su esposa, la artista, Frida Kahlo.
Las habilidades y el talento de la pintora guatemalteca eran tan sobresalientes que en 1947, Diego Rivera la contrató como su asistente para trabajar en el mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central. A partir de ahí la amistad entre Lazo y Rivera fue creciendo y extendiéndose hasta Frida Kahlo, quién le presentó a Lazo a uno de sus más destacados alumnos: Arturo García Bustos. Arturo y Rina congeniaron a la perfección y se casaron en 1949 cuando Lazo tenía 24, para vivir en una casa ubicada en el barrio de La Conchita, conocida como “La casa colorada”. A partir del 2006, fue adaptada como galería gestionada por la familia de los artistas.
También fue maestra en distintas instituciones, como: en la Escuela de Restauración del Instituto Nacional de Bellas Artes, en la Escuela de Bellas Artes en Oaxaca, en la Casa del Lago de Chapultepec, en el Museo Nacional de Antropología e impartió diferentes seminarios en Guatemala, Leipzig y Pyong.
En portada: Museo Mural Diego Rivera

