
Vincent van Gogh no pudo ver la repercusión y éxito de su obra —a nivel prestigio y económico— en vida. De hecho, su final estuvo marcado por los males que lo aquejaban, así como por lo que ha sido descrito como una gran sensación de fracaso.
Después de una estadía en 1889 en el asilo de Saint-Rémy, al cual Van Gogh acudió a tratar sus males tras su ataque que provocó que cercenara su oreja, el pintor se mudó a Auvers-sur-Oise, dando inicio a un periodo que se caracterizó tanto por sus malestares y su humor, así como por su productividad artística, pues en un solo día podía terminar un cuadro.
Haciendo uso de un revólver que le pertenecía a su anfitrión, el artista se disparó en el pecho. No obstante, la bala se alojó en una de sus costillas, alargando su dolor y postergando algunas horas su muerte. A pesar de yacer en la intemperie, tras varias horas el pintor arribó a la casa de los Ravoux, tan sólo para ser atendido en su estudio, al cual arribaría Theo, su hermano, una de las personas más cercanas a él en aquel entonces.
«Yo arriesgo mi vida por mi propio trabajo y mi razón casi se ha debilitado por ello […] Pero qué puedes hacer…»
Se trata de la oración final de la carta sin terminar de Vincent dirigida a Theo. Según los datos del Van Gogh Museum, la misiva estaba manchada de sangre y con una nota con la letra de Theo: “La carta que él tenía el 27 de Julio en ese horrible día”. En su momento, Theo estuvo allí para escuchar de viva voz que aquello había sido un acto de Van Gogh en su deseo por terminar con su angustia y tristeza.
En el caso de Raíces de árbol, el cuadro no tiene un punto focal definido, lo cual lo acerca a la pintura abstracta y puede dificultar su lectura, pues hasta la inspección de cerca es posible comenzar a apreciar las raíces y la pendiente a la que se adhieren, así como un poco de cielo en la esquina superior izquierda.
Si bien es ampliamente considerada como la pieza en la que Van Gogh había estado trabajando en las horas previas a su suicidio, aún se discute si verdaderamente intentó dar un mensaje relacionado con su propia muerte con esta obra, dada la paleta de colores vibrantes que utilizó para un tema que bien podría considerarse lúgubre y deprimente, que contrasta con la escena de luz y vida del cuadro.
Los expertos aún se debaten sobre la veracidad de tal decisión y también surgen discusiones en torno a la enfermedad del pintor, que suele ser considerada un motivo detrás de las pinturas del neerlandés cuando no necesariamente fue el motor que lo llevó a consagrarse como uno de los artistas más destacados de la historia.

