Para nadie es un secreto que la civilización occidental (y en estos tiempos casi cualquier grupo humano en el mundo) basa su existencia en la economía de consumo. Hoy más que nunca la acumulación de bienes –útiles o no– se ha convertido en la nueva forma de ostentar poder, de ser alguien ante los demás. Pero los objetos que poseemos no surgen de la nada y la masificación de la demanda debe ser cubierta con materiales duraderos, de fácil acceso y capaces de diversificarse para confeccionar distintos productos… algo que la naturaleza por sí sola no puede hacer. Es por ello que elementos como el plástico, las resinas y los polímeros han inundado nuestras vidas y, debido a su lento proceso de degradación, están en ellas para quedarse por muchos, muchos años.

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Una exploración del plástico y su permanencia

Una exploración del plástico y su permanencia
