
Sin embargo, hace algunas décadas, el temor a un choque o el descarrilamiento de trenes era un peligro presente en sus usuarios.
El 20 de octubre de 1975 a las 9:30 de la mañana, dos trenes de la línea 2 —de color azul, que recorre de Cuatro Caminos hasta Taxqueña— se estrellaron en la estación Viaducto. Tal impacto resultó en lo que hasta la fecha es el accidente más mortífero del Sistema de Transporte Colectivo, pues las cifras rondaron entre los 26 y 31 fallecidos, además de 70 heridos.
El accidente
El impacto entre los vagones ocurrió cuando el tren 08 se detuvo en la estación Viaducto poco tiempo después de que el tren 06 —que iba más adelante— activara su palanca de emergencia. Tal activación debió obligar a que los siguientes trenes (08 y 10) redujeran su velocidad; sin embargo, mientras el 08 estaba detenido y en espera de instrucciones, el tren 10 continuó con su trayecto normal, hasta que la distancia entre ambos fue insalvable e irremediablemente ambos se estrellaron.
«Fue algo insólito, la gente no lo creía. Yo llegué cuando acababa de suceder, todavía estaban esperando las ambulancias y a los bomberos, y se veían cuerpos salidos por las ventanillas, muchos heridos, fue muy fuerte. No sé a qué velocidad sería, pero los vagones estaban como acordeón”. José Fonseca, fotógrafo que acudió a cubrir la noticia, declaró para El Universal.
Los culpables
En su momento, Carlos Fernández Sánchez fue señalado culpable de la atrocidad, pues según los resultados de la investigación, el conductor ignoró las señales que le indicaban detenerse. En su defensa, Fernández alegó que los semáforos siempre marcaron verde, que el sistema de frenado no se activó y que la comunicación entre el personal del metro era ineficiente.
Otras de las teorías que surgieron en su momento es que se había tratado de un sabotaje, a manera de presión para el gobierno de Luis Echeverría. No obstante, las versiones oficiales han descartado tal teoría y coincidieron en que la responsabilidad entera correspondía Fernández, a pesar de que desde aquel entonces el metro comenzaba a vislumbrar como un medio de transporte saturado que requería de un mantenimiento urgente.
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