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El guerrero maya que fue asesinado por rebelarse contra los españoles

7 de febrero de 2018

Alejandro I. López

"Hijos míos muy amados: no se qué esperáis para sacudir el pesado yugo y servidumbre trabajosa en que os ha puesto la sujeción a los españoles..."



Tasayal fue el último reino maya en pie. 180 años después de que la empresa de la conquista iniciara en Yucatán, la ciudad construida en un islote sobre el lago Petén Itzá fue asediada por las tropas españolas del general Martín de Urzúa, en 1697.


Era el final de los itzaes, el último pueblo maya independiente. A pesar de que los herederos de la milenaria cultura seguían contándose por millones, ahora estaban supeditados a las costumbres, tradiciones, el culto y sobre todo, el régimen político y económico de los conquistadores.



La lucha armada había terminado, pero la carrera por preservar su cosmovisión (el sistema de creencias que explicaba todo lo que entendían por mundo) atravesaba su parte más álgida. Los mayas buscaron emancipación huyendo hacia las tierras altas del sur y el oriente de la península: era común encontrar poblados improvisados por grupos de desertores que pretendían negar la realidad y volver a la vida tal y como era antes de la Conquista; no obstante, en los núcleos urbanos una sociedad convulsa daba cuenta del entramado novohispano.


Jacinto Uc de los Santos era un indígena españolizado que formaba parte de una minoría maya instruida. Los detalles sobre su vida son escasos, probablemente por su papel de insurrecto. Se sabe que recibió una instrucción católica temprana en Mérida, donde aprendió latín y teología de la mano de los franciscanos (a quienes abandonó una vez que se decepcionó de sus principios), pero al mismo tiempo conocía de sobra la cuestión indígena, la cultura maya y entendía que su dominio del español era producto del mestizaje. También que vagó por la península de Yucatán fingiendo ser chamán y se presentaba con cualidades divinas a dónde quiera que iba.



Su registro en la sociedad novohispana desaparece por décadas hasta que su historia se retoma definitivamente una tarde de noviembre de 1761 en Cisteil (un pueblo de migrantes que no aparece en los registros coloniales hasta 1755, lo cual da cuenta de su reciente creación). Entonces tenía 30 años y después de recorrer el Petén y conocer el último resquicio de la cultura maya antes de someterse al dominio español, decidió tomar el sobrenombre Canek, tal y como se le conocía a los gobernantes del pueblo de los itzaes. 


Desde el centro del pueblo y una vez que terminó la misa dominical –evento que congregaba al grueso de una sociedad convulsa en plena transformación–, Canek se dirigió a los indígenas y alzó la voz para sorpresa del público:



«Hijos míos muy amados: no se qué esperáis para sacudir el pesado yugo y servidumbre trabajosa en que os ha puesto la sujeción a los españoles. Yo he caminado por toda la provincia y registrado todos sus pueblos, y, considerando con atención, ¿Qué utilidad o beneficio nos trae la sujeción a España?, y [...] no hallo otra que una penosa e inviolable servidumbre».


Sus estudios y experiencia personal habían dado forma a un sincretismo particular (mismo que caracterizó al movimiento que habría de surgir cincuenta años más tarde; la Guerra de Castas), lo que aseguraba que otros miles de mayas habrían de seguir su camino.


No obstante, Canek no actuó sólo para influir en la conciencia de miles de mayas que se unieron a la rebelión: además de las condiciones materiales y de dominación cultural a las que los pueblos del sureste fueron sometidos a partir de la Conquista, la sublevación estuvo motivada por la creencia de que se trataba del rey esperado por la profecía contenida en el Chilam Balam, un señor que habría de llegar para gobernar al mundo. Este factor, aunado a la concepción cíclica del tiempo de los mayas y la habilidad de Canek para convencer de que se trataba de Moctezuma (nombre que hacía alusión a un emperador y dios para los mayas de Yucatán), forjó una resistencia rápidamente en Cisteil y sus alrededores.



Canek se autonombró rey de una monarquía indígena formada por mayas y, al mismo tiempo, utilizó la corona y el manto de la Virgen de la Concepción como sus símbolos: la rebelión estaba en marcha. De inmediato, decenas de poblados cercanos juraron lealtad al nuevo rey, José Jacinto Uc de los Santos Canek Chichan Moctezuma, y se unieron a su ofensiva.


El primer acto de la rebelión de Canek fue asesinar a un comerciante español de apellido Pacheco, que se hospedaba en el mesón del pueblo. Cuestionado sobre su procedencia y después de argumentar su legítimo derecho de tránsito por el simple hecho de ser español, Canek ordenó asesinarlo. La revuelta inició cuando los españoles que lograron escapar de Cisteil alertaron a las autoridades de la rebelión maya.



El primer intento por sofocar la insurgencia llegó por cuenta del capitán Tiburcio Cosgaya y sus hombres, que luego de verse superados en número por los rebeldes enardecidos, perecieron ante la organización popular. Una semana después, el ejército de Cristobal Calderón presentó combate en Cisteil y después de acabar con más de 600 rebeldes, Canek fue capturado junto con otros líderes y trasladado a Mérida, donde sería juzgado por sus acciones.


Finalmente, la vida de Jacinto Canek encontró un trágico final el 12 de diciembre de 1761, tres semanas después del levantamiento que conmocionó a toda la península. El líder que organizó una rebelión y se atribuyó cualidades divinas fue torturado en el potro hasta que sus extremidades se rompieron y posteriormente atenaceado aún vivo. El suplicio finalizó cuando fue quemado por horas, hasta que sólo quedaron las cenizas de su cuerpo y fueron esparcidas por el aire con el propósito de que no quedara huella alguna de sus ideales.


En los meses siguientes se llevaron a cabo al menos 170 ejecuciones y 102 azotes, 8 de ellos fueron líderes del movimiento que perecieron descuartizados ante una multitud atónita. No sólo eso: el pueblo de Cisteil fue arrasado con fuego; no hubo ni una sola construcción en pie ni persona alguna que quedara para que creciera vegetación de nuevo. Cisteil desapareció de los mapas durante algún tiempo, pero la historia de Canek y la sublevación que ahí se desató aún resuena de vez en cuando en la península con el viento suave, o cuando el nombre del rebelde se pronuncia en su idioma natal, el maya.


TAGS: Historia mundial Datos curiosos historia de méxico
REFERENCIAS: Campos García, Melchor, "El paganismo maya como resistencia a la evangelización y colonización española, 1546-1761", Machuca Gallegos, Laura, Reseña de "La encarnación de la profecía Canek en Cisteil" de Pedro Bracamonte y Sosa Relaciones. Estudios de historia y sociedad

Alejandro I. López


Editor de Cultura

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