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¿Razón o corazón? Cómo decidieron su voto los jóvenes mexicanos

19 de julio de 2018

Cultura Colectiva


Las pasadas elecciones del primero de julio fueron las más importantes en nuestra historia por muchas razones: la cantidad de puestos que elegimos, la llegada a la presidencia de un partido de relativamente reciente creación y la elección de alcaldes de la nueva CDMX en donde también se eligió a la primera mujer jefa de gobierno. Además, los jóvenes estuvimos más involucrados que nunca, debatiendo en redes sociales (a veces, tal vez, más agresivamente de lo necesario) y siguiendo los debates y actividades de los candidatos como si nuestras vidas dependieran de ello... porque en cierta forma así era; sin embargo, en otros años ni por eso, ni porque los jóvenes de 18 a 34 años conforman el 40 por ciento de la lista nominal, veíamos tanta participación.





En Cultura Colectiva también estuvimos al pendiente de las elecciones con nuestra campaña #ConcienciaParaElegir. Por meses nos dedicamos a buscar los temas e inquietudes más relevantes en las conversaciones en redes sociales y nos acercamos a los candidatos, a los posibles miembros del gabinete y otros actores políticos para conocer sus puntos de vista al respecto y comunicarlos a nuestra audiencia. Gracias a esto aprendimos cosas muy significativas que servirán para futuros eventos electorales en México y en el mundo, incluso presentamos estos hallazgos en Washington D.C, en un importante foro sobre el voto de los latinos jóvenes en Estados Unidos.


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Expectativas vs Realidad


Mirando hacia atrás, nos damos cuenta que la percepción que teníamos sobre la manera de votar de los jóvenes y las expectativas que tanto nosotros como los candidatos nos formamos al respecto estaban un poco equivocadas. Por ejemplo, al inicio de esta aventura electoral, los memes, comentarios y párrafos y párrafos de gente despotricando parecían enseñarnos que lo que más nos molestaba de nuestro presidente actual era que nos parecía, en pocas palabras, tonto. Una burla tras otra a cada comentario fuera de lugar, cada desliz de la lengua y cada verdadera demostración de su falta de cultura general nos daban días de diversión agridulce. Así, uno imaginaría que un doctor en economía con conocimientos de otro idioma y experiencia para desenvolverse con facilidad en al ámbito político internacional apelaría a los intereses de los votantes jóvenes.




Pero no fue así, tras analizar cientos de miles de comentarios y reacciones de nuestra audiencia, descubrimos que los votantes entre 18 y 34 años no estaban interesados en sentarse a leer el currículum de los candidatos, no querían leer propuestas larguísimas ni meterse a un debate sobre quién sería una mejor opción para renegociar el TLCAN o quién tendría la mejor estrategia para atender los problemas de la educación en México; las conversaciones en general y la votación en particular se dirigieron hacia una sola dirección: las emociones. La gente no quería hacer un proceso de selección, sino un candidato que los hiciera creer en la posibilidad de un cambio. Aun cuando en el currículum del candidato que eligieron estuvieran los partidos de “siempre”, comunicar un sentimiento de esperanza y cambio fue lo que conectó con una audiencia decepcionada y enojada hasta el cansancio por la manera en la que se ha dirigido su país hasta ahora.




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Reflexión vs Emoción


Parecía también que apelar a la razón sería una manera segura de lograr vencer a los oponentes. Presentar discursos, artículos y demás publicaciones sobre la manera precisa en la que se atenderían las diferentes crisis debería ayudar para disipar el temor y la desconfianza que los políticos habían generado hasta ahora en los votantes. En especial, creíamos que los que votaban por primera vez querrían entender por quién y por qué votarían, aunque hacerlo resultara tedioso.



Sin embargo, descubrimos que la información era mejor recibida al presentarse de maneras simples y creativas. Transmitir un sentimiento a través de una historia tuvo mucho más éxito en conectar con el electorado que la información detallada y fría sobre las plataformas de los candidatos. Con todo esto, sería lógico asumir que entonces el enojo y la frustración serían suficientes para llevar a los jóvenes a elegir al candidato que resonara con su frustración. Pero no fue así, los sentimientos negativos solamente generaron más sentimientos negativos, desinterés y apatía, a menos de que fueron usados como una base sobre la que se alzara un discurso esperanzador.





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Abrazos no balazos


Así, todo parece indicar que lo que buscábamos en un candidato era la consistencia, que enfocara su discurso en los mismos problemas y prometería soluciones constantemente (aunque no explicara la manera de ejecutarlas). Por ejemplo, contrario a lo que se esperaría, atribuir los problemas de México a la corrupción y prometer acabar con ella funcionó sin cuestionamientos. Buscábamos también un candidato que no sacrificara su dignidad por ganar un debate, mientras los demás se criticaban mutuamente y se unían para atacar a uno solo, el ganador simplemente se dedicó a evadir discusiones, sin perder la compostura y respondiendo con bromas a los ataques, lo que lo hacía ver como genuino y natural, conectando más fácilmente con los votantes, en comparación con los demás que parecían estar batallando consigo mismos para mostrar emociones humanas.




El equipo de campaña también jugó un papel crucial en la batalla en redes sociales, siendo el de AMLO sin duda el mejor. Tatiana Clouthier y compañía ayudaron a mantener la percepción de honestidad a pesar de las constantes inconsistencias en su plataforma de campaña y las acusaciones de actos de corrupción de Morena, como el fideicomiso para las víctimas del sismo del 19 de septiembre. Además, enaltecieron la figura de Beatriz Müller, la mujer que se rehúsa a ser primera dama dándole, irónicamente, una importancia que ninguna otra primera dama había tenido durante un proceso electoral.




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Es difícil sacar conclusiones a menos de un mes del primero de julio, pero sin duda aprendimos bastante sobre el proceso electoral. Sí, la decisión es mayoritariamente emocional, pero se necesita entender cuáles son las emociones que mueven a los votantes y cómo podemos conectar con ellas. Alejarse emocionalmente de los jóvenes es, claramente, el peor error que un equipo de campaña puede cometer. Así, los jóvenes estamos conscientes de que es ingenuo creer en promesas de campaña, así que buscamos a alguien que parezca entendernos en lugar de tratar de explicárnoslo todo.


¿Qué representaron para ti estas elecciones? ¿Qué quisieras que hiciéramos mejor la próxima vez?




TAGS: Marcas elecciones de 2018
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