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La triste crisis humanitaria de los refugiados rohinyá en el sudoeste asiático

10 de noviembre de 2017

Cultura Colectiva

En 1948, cuando Birmania se independizó, los musulmanes pasaron a ser una minoría y los budistas tomaron el control de la nación

El mundo se enfrenta a problemas que muchas veces las personas ignoran. A veces es difícil comprender los procesos de segregación e injusticia que ciertos pueblos padecen en otras regiones. La ignorancia extrema, los prejuicios, la xenofobia y la intolerancia a menudo conllevan secuelas devastadoras para las naciones. De esas crisis profundas surgen migraciones masivas y personas, entre las que se incluyen familias enteras, madres, niños, ancianos; pasan a estar bajo riesgo. En Siria, por ejemplo, la cantidad de refugiados es abrumadora.

La crisis humanitaria que se está viviendo actualmente en el sudoeste asiático empezó a mediados de la Segunda Guerra Mundial, en 1942, en Myanmar (antes Birmania), cuando se desarrollaba un conflicto entre budistas y musulmanes. Los primeros eran apoyados por el Reino Unido, los segundos por Japón. En 1948, cuando Birmania se independizó, los musulmanes pasaron a ser una minoría y los budistas tomaron el control de la nación. El conflicto entre ambas religiones estalló cuando el Gobierno de Birmania se afincó contra los musulmanes, como grupo étnico rohinyá, y los convirtió en víctimas de tortura, negligencia y represión.



Los rohinyá son un grupo étnico predominantemente musulmán, aislado dentro de la sociedad birmana. Tal es el rechazo del que son víctimas que se les tiene denegado casarse, el libre tránsito por la nación y la adquisición de tierras y propiedades, lo que les dificulta en gran medida que obtengan empleo y las facilidades a una vida estable.

La situación del país no ha cambiado en décadas. La represión y tortura es tan frecuente contra el pueblo rohinyá que se extiende a lo largo de las décadas recientes. Las Naciones Unidas han tomado cartas en el asunto y calificaron a los rohinyá como un grupo étnico “sin Estado” y “virtualmente sin amigos”, insólitamente, en su propio continente. Esto ha traído consigo un descontento poblacional dentro de los rohinyá, quienes han estado empezando a conformar grupos rebeldes violentos en contra del Gobierno de Birmania.

A mediados de agosto de 2012, ante las prácticamente nulas expectativas de combatir las trabas que les impiden gozar de un ambiente sociopolítico sano para su desarrollo como comunidad y pobladores con derechos, grupos rebeldes como Arakan Rohingya Salvation Army han tenido cierto auge. Estas milicias han atacado varios puestos de la policía y una base militar. El mal colectivo del mundo, la violencia, no pudo desencadenar más que el brazo más duro del Gobierno, que respondió con una campaña de represión aún más intensa contra todo el pueblo de los rohinyás.



Llegados a este punto, el conflicto pasa a ser de talla internacional cuando los rohinyás comenzaron a tomar todo lo que pueden y a huir a países cercanos como Bangladés, Tailandia, Malasia e Indonesia en busca de una mejor calidad de vida. Su tránsito por la región ocurren regularmente por medio de embarcaciones, en las que se movilizan de 300 a 800 personas.

En 2015 el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados detalló en su informe que en toda la región de Asia Pacífico existen alrededor de 10 millones de refugiados, en su mayoría provenientes de países como Afganistán y Myammar, principalmente a raíz de los conflictos sociales provocados por diferencias religiosas extremistas.


Protestas a favor de los rohinyás


Durante los años 2015 y 2016 decenas de miles de refugiados se enfrentaron a las duras condiciones del mar, en viajes en desbandada a la deriva. El lento pero seguro repudio internacional no tardó en hacerse presente. La Organización Mundial para las Migraciones y la ONG Human Rights Watch (HRW) no han escatimado esfuerzos para exponer sus críticas y solicitarles a los gobiernos de Malasia, Tailandia e Indonesia que rescaten a los inmigrantes y detengan sus estrictas e inhumanas prácticas migratorias, que incluyen devolver al mar embarcaciones repletas de refugiados, con el propósito de poner fin a esa estrategia llamada "el ping pong humano”.



Indonesia, por su parte, se ha defendido bajo el argumento de que ha alojado a más de 12 mil refugiados que estaban a la espera de asilo y que además lo ha estado haciendo desde antes del auge de la crisis, a pesar de no haber participado en la Convención de Refugiados de 1951. Los altos cargos de Malasia, Tailandia e Indonesia están por discutir una solución ante la crisis junto con la ayuda de los países de origen, la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados y la Oficina Internacional para las Migraciones.

 

Escrito por Kevin E. Garza García


Fuentes

Animal Político

Telam

Huffington Post

Actualidad

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Muchas son las acciones que demuestran que no todo está perdido. La humanidad sigue siendo un valor colectivo que esgrimen naciones con visión solidaria. Es por eso que prisiones sin reclusos en Holanda están dando hogar a refugiados e inmigrantes.

TAGS: Historia mundial Asia Refugiados
REFERENCIAS:

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