
*Este artículo ha sido editado por Cultura Colectiva
Si creciste en México año tras año de la educación pública leíste y te explicaron todo lo que debías saber de nuestros antepasados y en particular sobre el desarrollo de la conquista española en México. De cómo antes de la llegada de Hernán Cortés hubo otras expediciones que poco a poco fueron acercándose desde el Caribe hasta las tierras mexicanas, y de cómo fueron incursionando en la selva y la Sierra, sometiendo pueblos, forjando alianzas e instaurando el vasallaje a la Corona Española. Nombres como el de Juan Grijalva, Pedro de Alvarado o Diego de Velázquez podrán sonarte, aunque no recuerdes precisamente cuál fue su papel en aquel entonces.
Xicoténcatl “el joven”
En ese mismo sentido, es probable que recuerdes nombres destacados como el de Moctezuma, Cuitláhuac o Cuahutémoc, sin embargo, hoy te contaremos sobre Xicoténcatl el joven, un nombre que tal vez escuchaste alguna vez. Podrás preguntarte por qué nos detenemos en él, y es que en el tiempo en el que Cortés y sus compatriotas decidieron marchar hacia México-Tenochtitlan, alrededor de 1519, los tlaxcaltecas se hicieron aliados invaluables para lograr la posterior caída de los mexicas.
La alianza entre tlaxcaltecas y españoles
En un principio la alianza no fue certera. En Tlaxcala convivían cuatro señoríos que tenían una estructura de senado, sus representantes principales eran Xicoténcatl Huehue “el viejo”, Maxixcatzin, Citlalpopocatzin y Hueyolotzin, entre los cuales el primero, junto a su hijo, Xicoténcatl “el joven” —o Xicoténcatl Ayacatzin— se opusieron a aliarse con los españoles.
Fue en ese mismo año de 1519 en el que Xicoténcatl “el joven” comenzó una batalla —bastante desigual, como lo serían la mayoría de los enfrentamientos entre los indígenas y los españoles—, al emboscar al pequeño ejército de Cortés durante el día, y posteriormente durante la noche, siendo ambos embates desfavorables para los guerreros tlaxcaltecas.
A la fecha Xicoténcatl es reconocido por ser uno de los principales pilares de la resistencia de los pueblos prehispánicos, además de los pocos que tenían conciencia de que los recién llegados no eran los dioses que otros creían y que más bien se trataban de simples mortales que no los veían como sus iguales.
En portada: detalle de Rodrigo Gutiérrez, El senado de Tlaxcala, 1875. Museo Nacional de Arte, Ciudad de México.
Xicoténcatl padre e hijo «hablan ante sus pares, los jefes tlaxcaltecas, en la deliberación sobre la alianza con Hernán Cortés en contra de la poderosa Tenochtitlán (1519-1521)».
También podría interesarte:
9 mitos sobre el México prehispánico que siempre creíste ciertos
La leyenda de los nahuales en la mitología prehispánica

