Mbah Gotho es el hombre más viejo del mundo y lo único que quiere es morir. Con 145 años, Gotho se ha convertido en la persona más longeva del mundo. Sus registros confirman que nació el 31 de diciembre de 1870 en Indonesia. A pesar de ser un récord que vivió el inicio del colonialismo africano, además de ser testigo del asesinato de Mahatma Gandhi o de la Revolución Cubana y de la llegada del hombre a la Luna, lo único que él desea es descansar para siempre.
En su largo camino de vida Gotho vio morir a todos los que quería, por eso cree que vivir más de un siglo no es suerte, sino una maldición. Una con la que está cansado de lidiar. Además de ser una persona mayor que necesita de ayuda para realizar muchas de sus tareas cotidianas, hoy se siente rebasado por todas las preguntas que a lo largo de 145 años se ha hecho sobre el mundo y todos los cambios que ha presenciado en él.
La necesidad del hombre por explicarse aquello que sus cinco sentidos perciben forma parte de su historia desde hace siglos. Las religiones surgieron para que el ser humano pudiera sentirse en contacto con su entorno y algo más allá de él que pudiera explicarle su significado y propósito. La búsqueda de un espacio entre el mundo terrenal y el espiritual ha sido parte primordial de los pueblos americanos, quienes no solamente conciben a las deidades como sus guías o dioses, sino también mantienen una relación sagrada con otros elementos de la naturaleza como las plantas.
El peyote es uno de esos elementos que en algunas culturas se considera como un medio que permite recibir los mensajes que los dioses mandan a la humanidad. Asimismo, fue una especie sacra a la que un pueblo entero, la comunidad de Wixárika, le debe su supervivencia.
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El peyote es una planta endémica de México que se da en el centro de la nación. Ésta posee características que provocan en el consumidor algunos efectos que distorsionan la percepción de la realidad. Este tipo de alucinaciones son causados por la mescalina que el peyote contiene, la cual ha sido utilizada por varios pueblos antiguos para viajar a través de un canal que conectaba el alma de los hombres con la luz de sus dioses.
La comunidad Wixárika utilizó el peyote como la fuente de poder de sus rituales religiosos desde hace siglos. Por ello, en todo México su consumo es ilegal, a excepción de los pobladores de Wixárika, quienes tienen permitida la extracción y el consumo de esta planta.
Para esta región, el peyote significó por mucho tiempo una salvación que trajo luz y sanación a su pueblo. Los ancianos wixárikas cuentan que hace mucho tiempo sus abuelos se reunieron en la sierra para discutir sobre la situación que su comunidad atravesaba: hambruna; enfermedad; y sequía, por lo que era inminente enviar a cuatro jóvenes de cacería para ayudar a los más débiles a recuperarse.
Y así fue, enviaron a cuatro hombres de la comunidad en busca de alimento, cada uno representaba un elemento (fuego, agua, aire y tierra) y llevaban en sus hombros un arco y un saco de flechas para emprender la cacería. La mañana siguiente de haber tomado la decisión de los viejos wixárikas los cuatro jóvenes emprendieron su largo viaje y durante cuatro amaneceres no pararon de caminar hasta toparse con un venado que intentaron cazar durante toda la tarde, pero ninguno logró alcanzarlo con una de sus flechas.
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Pasaron los días buscando algún rastro de aquel venado y así llegaron hasta el desierto de San Luis en Wirikuta, el camino sagrado de los Wixárikas. Los cuatro jóvenes cruzaron el camino de la colina, cerca del cerro de las Narices vieron saltar al venado hacia el lugar donde habitaba el espíritu de la Tierra. Intentaron alcanzarlo, pero una vez más, los cazadores no lo encontraron. En medio de una desesperada casería, el venado se apreció frente a uno de ellos, el elegido, quien se dio cuenta que el animal se estaba entregando a él.
El cazador le lanzó una flecha y de la sangre del animal brotó una figura de plantas de peyote sobre la tierra. En ella se reflejaba el sol como si algunas esmeraldas brillaran con la luz y este rayo deslumbraba en una sola dirección.
En medio de la confusión, casi por instinto, los jóvenes decidieron cortar las plantas que formaban la figura del Marratutuyari (el venado azul). Las guardaron en sus sacos y caminaron durante varios días exhaustos y sedientos hasta llegar a la montaña de Wixárika, donde todos los esperaban con la ilusión de ser salvados. Al entregarle a los ancianos del pueblo la plantas que recogieron las repartieron entre todos los miembros de su comunidad.
Cuando todos consumieron la planta dejaron de sentir hambre y sed, sus enfermedades se disiparon y todos sus males cesaron. Desde entonces el peyote se volvió una planta sagrada que representa la adoración al venado, espíritu guía de los wixárikas. La peregrinación en busca del peyote oculto entre los matorrales y la piedras se repitió cada año, desde la sierra hasta Wirikuta, en honor al venado que los llevó hasta ese lugar.
Esta travesía forma parte de la salvación de un pueblo completo y de la sagrada conexión entre los wixárikas y el gran espíritu que dio su vida para salvarlos: el venado azul. Una guía que se ofreció en cuerpo y alma para ayudar a la comunidad wixárika a descubrir la planta sagrada que acabaría con la hambruna de todo un pueblo.
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