
Sin embargo, décadas después del Tratado de Guadalupe Hidalgo— cuando Alta California y Nuevo México (que actualmente se han dividido en los estados de California, Arizona, Nevada, Colorado y Utah) se anexaron a Estados Unidos—, Benito Juárez, uno de los presidentes más beneficiados de la historia de bronce de México, trató en repetidas veces de deshacerse de Baja California.
Ya fuera por una necesidad económica o porque las condiciones de vida de Baja California y su baja densidad de población hacían de este estado un territorio difícil de “conquistar”, Juárez lo utilizó como garantía para préstamos de dinero e incluso firmó convenios en los que Baja California pasaba a manos de Estados Unidos.
Protocolo Churchwell
Firmado en 1859, en el que se acordaba la venta de Baja California a los Estados Unidos bajo la premisa que la anterior cesión de Alta California —la porción vendida por Santa Anna— había separado y desintegrado dicho territorio. Además en dicho convenio también se estipula que:
«el gobierno del Presidente Juárez, al arreglar el límite Norte de Méjico de tal manera que la Baja California quede incluida dentro de los límites de los Estados Unidos, y al conceder el derecho de vía y tránsitos del Atlántico al Pacífico a través del territorio mejicano…» Fuente.
Baja California como garantía
Durante la presidencia del Benemérito de América, Estados Unidos se convirtió en uno de sus mejores aliados y benefactores, lo cual dio inicio a una antiquísima deuda externa con dicho país. En aquel entonces, Juárez hipotecó a los Estados Unidos el territorio de Baja California por 10 millones con un interés del 5 % anual y en caso de que en un periodo de 6 años no se pagaran en su totalidad entonces podrían hacerse del territorio en cuestión.
Concesión Leese
Se trata de un contrato de colonización que Jacobo P. Leese, un estadounidense, le propuso en 1864 al gobierno de Benito Juárez colonizar o poblar todos los territorios baldíos de Baja California —que según el documento oficial comprendía de la zona de los 31º de latitud Norte hacia el Sur hasta 24º20’— a cambio de un pago de 100 mil dólares.
La concesión fue revocada en 1871 dado que no se habían cumplido las promesas de la parte estadounidense, no obstante, México debió compensar a Leese por los daños ocasionados al cancelarla. La compensación se dio a través de un contrato para la explotación de la orchilla —un liquen del que se consigue un color púrpura—. Años más tarde, en 1878 el contrato venció en definitiva y los terrenos de la orchilla fueron legados a un inglés, Josep P. Hale, durante el presidencia de Porfirio Díaz.
A pesar de los intentos anteriores o que durante el Porfiriato los terrenos (de buena parte del país) estuvieron bajo el control de latifundistas extranjeros, la región de Baja California permaneció y ha permanecido bajo la soberanía mexicana.

