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Nos están matando y a nadie parece importarle

Nos están matando y a nadie parece importarle

Nos están matando y a nadie parece importarle

“(…) Es más que violencia sexual, porque el objetivo de estos actos de violencia es exterminar a una parte de la comunidad. Si pensamos en la definición jurídica de genocidio, se refiere al acto planificado y organizado de acabar con una comunidad o una población completa. Aunque no se sabe con certeza el número de mujeres que ha sufrido estos abusos, podemos decir que hay una planificación porque las cifras son absolutamente desorbitantes. La cuestión no es que sean violadas, sino que después de que esto ocurre quedan destruidas, se convierten en población inútil que no puede volver a su ocupación previa. Muchísimas de ellas han muerto a consecuencia de la violencia sexual. Entonces, ¿Por qué no podemos hablar de genocidio contra las mujeres? A mí me parece que encaja con la definición de Derecho Internacional sobre genocidio. A nosotros nos gustaría que se hablara de feminicidio”.

Caddy Adzuba

Son las 5: 45 am, aún no amanece pero las calles ya están despiertas. Los faros encendidos de los autos iluminan la oscuridad de las calles y los autobuses, combis y microbuses inician sus trayectos para transportar a la gente. Las mañanas en el Estado de México comienzan temprano porque la mayoría de sus habitantes necesitan trasladarse a la Ciudad de México para trabajar o estudiar, y mejor hacerlo antes de que el tránsito sea insoportable.

María ha salido de su casa un poco tarde. Lleva en la mano una bolsa de plástico con los zapatos que usará en la oficina. Su bolsa, repleta de cosas, le pesa y lastima el hombro derecho. Su cabello húmedo le cae sobre la espalda. Es una mujer menuda, de tez morena clara. Apenas cumplió 27 años.

Camina apresuradamente y no pone atención al auto que comenzó a seguirla una cuadra atrás. Éste avanza lentamente, con las luces apagadas, para no llamar la atención. A María se le resbalan las monedas de la mano, al agacharse a recogerlas, quienes van en el auto, aprovechan la distracción para subirla a la fuerza. María desaparece y sólo queda sobre el suelo una moneda de cinco pesos y dos de cincuenta centavos.

Así como María, cientos de mujeres desaparecen a diario en México, quienes no solamente son secuestradas, sino que son torturadas, ultrajadas y asesinadas como si se tratara de beber agua; no hay culpables, ni se sabe la razón por la cual se comenten dichos crímenes, ya que no se puede hablar de una sola organización, sino de individuos a los que no les importa arrebatar una vida, provocar sufrimiento a la víctima o a la familia; son muchos los que se creen con el derecho a tomar el cuerpo, alma y futuro de una mujer simplemente porque “pueden”.

Estos hechos ya no sólo son un fenómeno de desapariciones, se han convertido en algo mucho más grave (a pesar de que la sola desaparición ya lo era): violencia de género y feminicidios.

“El feminicidio se diferencia del homicidio común cuando se trata de circunstancias específicas, que además se perpetran con saña pero, sobre todo, en condiciones en las que el estado y sus agentes no lo castigan, sino que, por el contrario, existe impunidad ante estos hechos”, según lo dicho por Marcela Lagarde, antropóloga.


Tan sólo en el Estado de México, según cifras oficiales provenientes de la Procuraduría General de Justicia (PGJ) local, de enero de 2014 a septiembre de 2015, se registraron 504 asesinatos de mujeres, mientras que en lo que va de 2016, se han cometido cerca de 232 muertes violentas contra personas del sexo femenino, de las cuales se reconoce sólo 56 como feminicidios. Esto contrasta con lo documentado por el Observatorio Ciudadano Contra la Violencia, Desaparición y Feminicidio (OCVDF), que registró 63 asesinatos de mujeres, de agosto de 2015 a enero de 2016.

Según el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF), los estados con mayor incidencia en feminicidios son: Chiapas, Chihuahua, Ciudad de México, Guerrero, Jalisco, Estado de México, Nuevo León, Oaxaca, Puebla y Sinaloa. Y este aumento de la violencia que encuentra su punto álgido con el feminicidio, ha crecido paulatinamente y expandido por todo el territorio nacional.


Las cifras son alarmantes: en 2014, México ocupó el primer lugar a nivel mundial en abuso sexual, violencia física y homicidios de menores de 14 años, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE); y entre el 2013 y el 2015, 6 mil 488 mujeres fueron asesinadas, según la Organización de las Naciones Unidas, así como 63 de cada 100 mujeres mexicanas de 15 años en adelante declaró haber padecido algún incidente de violencia (INEGI).

“En México tenemos un avance legislativo que protege a las mujeres de una vida libre de violencia, el problema es que de nada sirve si no se implementa a través de políticas públicas”, dijo Rodolfo Domínguez Márquez, director de la organización Justicia, Derechos Humanos y Género, que pertenece al Observatorio Nacional contra el Feminicidio.

Es por ello que mujeres de México y el mundo entero se estén organizando y manifestando de distintas formas con el propósito de informar, mantener un frente común y erradicar las conductas violentas que pudieran derivar en situaciones más graves.

Lamentablemente, en el último mes han sonado muchísimas noticias sobre jóvenes secuestradas y asesinadas de manera violenta, siendo abandonados sus cuerpos sin vida en las condiciones más deplorables. Uno de los más sonados fue el de Lucía Pérez, una chica de 16 años quien fue abusada sexualmente con tanta violencia que sufrió un paro cardiaco, todo esto en Mar de la Plata. De ese último caso (aunque no el único) partió la iniciativa en Argentina de convocar a un paro nacional este 19 de octubre, y que se ha extendido a lo largo del continente, lo que logrará que en México se lleven a cabo acciones simultáneas y, posteriormente, una marcha el 25 de noviembre.

Diferentes ONG, así como colectivos generados por la sociedad civil, están buscando sus propios canales para exigir que las políticas dictadas en lo legislativo realmente operen en lo práctico. De nada sirve que desde el 2007 se publicara la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, si la frecuencia con la que se cometen estos crímenes va en aumento y no se toman medidas contundentes para encontrar y castigar a los culpables.

La ONU, a través de la OMS, ha dictado algunas recomendaciones para prevenir y ponerle un alto a las actitudes que fomentan la violencia de género en sus distintos grados. Dichas recomendaciones se relacionan a encontrar espacios donde se discuta, vigile y evite la violencia, garantizando a las mujeres espacios libres de ésta y donde no existan riesgos.


Es tarea de todos conseguir que el hogar y los espacios públicos sean más seguros para las niñas y mujeres, fomentando la autonomía económica,
aumentando la participación, el poder de decisión y su seguridad en la vida pública y política, además de sumar a los hombres: parejas, amigos, familiares, etc. Este problema no es solamente de mujeres, la sociedad en general debe hacer consciencia, no permitir ni implementar ningún tipo de actitud o acción que pueda dañar o alimentar la violencia de género.
Otra campaña que se ha lanzado en redes sociales invita a todos, tanto hombres como mujeres a estar pendientes de lo que sucede al rededor, a cuidar de quien esté cerca de nosotros; crear empatía y hacer algo si somos testigos de alguna situación de alerta.

Nos están matando y a nadie parece importarle, es momento de llevar a cabo acciones que garanticen la vida y seguridad de la novia, madre, hermana, amiga, compañera de trabajo. Que garanticen la vida de un ser humano como tú. Que garanticen tu propia vida.

Para más información sobre el paro nacional en los distintos puntos del país mexicano da click aquí.

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La violencia normalizada y la desconfianza han roto el tejido social, es importante restablecerlo, recordar nuestros valores humanitarios y hacer frente al grave problema que estamos viviendo.

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