
Texto y fotografías por Federico Alegría

Desde el idioma español se acepta que la palabra “carnaval” puede funcionar como una traducción bastante fiel del vocablo vasco iñauteria. Pero hay algo detrás de esa palabra en euskera que va más allá de una simple festividad. Iñauteria es una evolución lingüística de ihauteri, palabra que se entiende mejor si se piensa en ella como la suma de diversos ritos primitivos de la región rural vasca expresados a modo de celebración (Hornilla, 1990). Y es esto lo que se vive en Euskal Herria desde mediados de enero hasta finales de febrero; siendo estos últimos días los de mayor intensidad cultural. Para interpretar de mejor manera todas las ceremonias que se celebran durante ésta época, es importante entender que el Carnaval rural Vasco se ubica de manera simbólica en la completa dualidad que existe entre el fin del invierno y el inicio de la primavera.
Las dimensiones culturales de las festividades abarcan por completo a los pueblos; por lo que invita a la participación de todos los habitantes que en ellos se encuentren. Sin embargo, durante este registro fotográfico, algunos habitantes expresaron que han percibido una reducción en la afluencia de gente que participa en ellos. Además, se tiene evidencia histórica que en muchos de los pueblos vascos ha habido una reducción en los personajes que participan en estos carnavales (Garmendia, 1973; Hornilla, 1987).
Los iñauteriak se perciben como las diversas incursiones de la naturaleza que rodea cada uno de los pueblos donde éstos se celebren. Las personas se disfrazan de vivas manifestaciones de la naturaleza; y honran tributo a los animales con los que más cercanía ha tenido su sociedad. Niñas y niños, buitres y gigantes, osos y carneros, caldereros y afiladores, helechos ambulantes y múltiples máscaras se reúnen entre fuego, música y cenizas para celebrar el comienzo de la nueva vida que les trae la primavera.
En este breve registro fotográfico se aprecia de manera puntual lo que ocurre en las cercanías de Iruña durante esta época del año.
Kaldereroak, Iruñea
Caldereros emulan a las tribus gitanas que anualmente se conducían a la ciudad para vender sus productos durante la época del carnaval rural.
Danzantes de San Lorenzo en dirección al mercado de Santo Domingo.
Margarito el Oso es uno de los personajes más excéntricos de la festividad. Puede llegar a simbolizar los abruptos y a veces peligrosos instintos de la naturaleza.
Gerexipot, Etxauri
Personas se reúnen en la plaza central de Etxauri antes de que inicie el carnaval del valle.
Basaki, o árboles de porte humano se unen a la cacería de Gerexipot.
Habitantes de Etxauri tocan la Txalaparta momentos antes que Gerexipot intente amedrentar a los habitantes del pueblo.
La fiesta se agudiza con Beseubaz y Aberatxuri, escoltados por los banderadunak y Sugoi y Mari. Juntos capturan a Gerexipot, ladrón de las cerezas que engañó a los antiguos habitantes de Etxauri para envenenar sus cerezos.
La fiesta se agudiza con Beseubaz y Aberatxuri, escoltados por los banderadunak y Sugoi y Mari. Juntos capturan a Gerexipot, ladrón de las cerezas que engañó a los antiguos habitantes de Etxauri para envenenar sus cerezos.
Karatulas, Erriberri
Persona vestida de momotxorro antes del primer toque de corneta. Luego los disfrazados asustan a la gente hasta el próximo toque de corneta. Luego bailan y mantean a Satán anunciando así la primavera.
Jaitsiera Txaranga, Altsasu
Comenzada la primavera, habitantes se disfrazan y recorren las calles del pueblo para celebrar el sábado de piñata luego del carnaval rural celebrado pocos días antes.
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