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Historia del "Sufragio efectivo, no reelección"

21 de mayo de 2018

Rodrigo Ayala Cárdenas

El significado de esta popular frase de la política nacional data de 1910, gracias al hombre que quiso imponer la democracia en México.



A Time for Greatnes” y “We Can Do Better” fueron los eslóganes de campaña más populares de John F. Kennedy, antes de que se alzara con la presidencia de los Estados Unidos y pasara a formar parte importante de la historia de esta nación. No fueron sólo su carisma innato y su gran capacidad de liderazgo las armas que lo llevaron hasta la Casa Blanca, sino una campaña bien planeada en la que tuvieron lugar importante las frases ya dichas, puesto que invitaban a los ciudadanos a ser parte de un movimiento político destinado a llevar al país al progreso y a la consolidación de un momento histórico importante.



Desde mucho tiempo atrás, las campañas electorales en los Estados Unidos se distinguían por eslóganes que impactaban en las preferencias de los votantes. Esto hacía que los juegos de imaginación de parte de los creativos fuera todo un espectáculo durante los tiempos de contienda. Por medio de frases fuertes, directas e incluyentes, los candidatos buscaban crear una marca que los ayudara a llegar hasta los sitios que anhelaban en la política.



No fue hasta 1910 cuando este modelo llegó a México de la mano de Francisco I. Madero, quien se lanzó como candidato a la presidencia con el firme objetivo de desbancar del poder a Porfirio Díaz, quien llevaba en la silla presidencial 30 largos años.


Madero creó el eslogan “Sufragio efectivo, no reelección”, el cual ha pasado a la historia del país como una de las bases de nuestra tan mancillada democracia.



Con esta frase, Madero y su equipo dejaban en claro su propuesta de hacer de la democracia y la libertad de elección una de las bases de su gobierno y un derecho del pueblo mexicano. Madero, un demócrata convencido, anhelaba que el país adoptara este modelo que invariablemente lo llevaría a la segunda parte de sus eslogan: la no reelección de un hombre que podría pasar décadas en el poder de manera inamovible y tirana.



Resulta paradójico saber que Díaz mismo se levantó en armas en 1871 en contra de la reelección de Sebastián Lerdo de Tejada, presidente de México en ese momento. Una vez que estuvo en el poder, retomó el modelo que combatió para convencer al Congreso de aprobar la reelección indefinida.


El “Sufragio efectivo, no reelección” era la alternativa de Madero para quienes deseaban tomar en sus manos sus propias decisiones. Así se empujaba a la nación a un ejercicio electoral variado y a una toma de decisiones basada en la comparación y no en la imposición.



El eslogan de Madero, representante del Partido Nacional Antirreeleccionista (PNA), caló fuerte entre el pueblo, principalmente, el cual buscaba un cambio que les garantizara el respeto a sus derechos y una mayor oportunidad de progreso. En apariencia, la democracia era el camino que México necesitaba para gozar de electorales mucho más limpios y competitivos. Además la presencia de una sola persona en el poder generaba amplias posibilidades de actos de corrupción y estancamiento político.



Francisco I. Madero no sólo innovó en México con la presencia de un eslogan de campaña, también adoptó otro modelo típicamente estadounidense: las visitas presenciales de pueblo en pueblo para conocer las necesidades primarias de los territorios y convivir directamente con sus habitantes. En estas visitas, Madero instaba al pueblo a creer en la democracia, además de exigir el respeto hacia las garantías individuales y hacia la Constitución.



Este modelo de pensamiento propició la amplia popularidad de Madero entre el pueblo. Sin embargo, fue encarcelado por supuesta sedición (levantamiento de un grupo de personas contra un gobierno). Este plan tan bien trazado llevó a Díaz a desarmar a su oponente y vencerlo en las elecciones presidenciales, echando por la borda todo intento de democracia que desplomara a un gobierno que estaba cómodamente instalado en el poder.


Madero no bajó los brazos y tan pronto pudo escapar de prisión proclamó el Plan de San Luis, el cual consistía en una declaratoria de lucha armada contra el gobierno porfirista y un llamado a la democracia para instaurar unas votaciones presidenciales libres de imposiciones. Para el 20 de noviembre la rebelión estaba consolidada y el pueblo mexicano se levantó en armas para destituir a Díaz, dando inicio a uno de los capítulos más relevantes del país: la Revolución mexicana.



El conflicto se mantuvo hasta el 25 de mayo de 1911, fecha en que Porfirio Díaz presentó su renuncia como presidente del país. Las posteriores elecciones vieron como ganador a Francisco I. Madero, quien finalmente pudo ver hecho realidad su sueño de gobernar una nación donde la democracia y el “Sufragio efectivo, no reelección” fueran una realidad. Este eslogan se volvió sustancia primordial de la nueva Constitución de 1917, especialmente en el artículo 83, que establece que el presidente durará en su cargo seis años. Una vez culminado el período, la reelección no está permitida.



Este modelo se ha mantenido hasta la actualidad, en la cual se vive un clima político tenso de cara a las siguientes elecciones. Afirmar que una verdadera democracia se ha vivido en México sería engañoso, ya que en varias ocasiones el país ha sido testigo de escándalos de corrupción que han manchado los ideales del pasado.


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Personajes como Kennedy y Madero —que dieron un vuelco en la política de sus respectivos países— poseen una historia fascinante detrás de sus fachada de hombres de traje y corbata, que los hace ser personajes fascinantes. Por ejemplo, ¿sabías que Madero tuvo una conexión con el más allá que trasladó a sus diarios personales o que a su lado convivió un sádico General que lo traicionó y lo condujo a la muerte?


TAGS: Historia mundial historia de méxico Eleccion presidencial Mexico
REFERENCIAS: Lifeder Gobernación

Rodrigo Ayala Cárdenas


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