INICIO NOTICIAS VIDEO SERIES INFOGRAFÍAS ARTE FOTO CINE HISTORIA LETRAS MÚSICA DISEÑO ESTILO DE VIDA MODA VIAJES CIENCIA Y TECNOLOGÍA COMIDA

Todos los derechos reservados 2017
© Cultura Colectiva

Howard Carter, la historia del hombre que descubrió la tumba de Tutankamón

9 de junio de 2018

Rodrigo Ayala Cárdenas

El hallazgo del mítico faraón que estuvo sumido en las tinieblas unos tres mil 300 años es uno de los grandes logros de la arqueología mundial.


Tutankamón despertó de su largo sueño en las arenas del desierto de Luxor el 3 de febrero de 1923, fecha en que su cámara mortuoria fue abierta después de que se le diera sepultura en el 1327 a. C. Un grupo de arqueólogos británicos, rodeados de diversos periodistas y expertos reunidos allí para presenciar uno de los acontecimientos más importantes de la arqueología mundial, desplazó la última losa que tenía al mítico faraón sumido en las tinieblas desde hace unos tres mil 300 años.


«Al principio no pude ver nada ya que el aire caliente que salía de la cámara hacía titilar la llama de la vela, pero luego, cuando mis ojos se acostumbraron a la luz, los detalles del interior de la habitación emergieron lentamente de las tinieblas: animales extraños, estatuas y oro, por todas partes el brillo del oro», escribió Howard Carter, el líder del grupo de arqueólogos, en sus memorias donde relató el proceso del hallazgo.



Una vez traspasada la entrada principal a la cámara funeraria, Carter avanzó unos metros hasta quedar frente a frente al sarcófago totalmente bañado en oro de Tutankamón. En él descansaban los restos del hombre perteneciente a la dinastía XVIII de Egipto quien, según los registros de la historia, aparentemente murió asesinado a los 20 años de edad. «Un magnífico sarcófago de admirable artesanía, tallado en un bloque macizo de la más fina cuarcita amarilla, que medía 2,75 m de largo, 1,47 de ancho y 1,47 de alto», recordó Carter. Al lado del ataúd estaban las diosas protectoras Isis, Neftis, Neith y Selkit talladas en altorrelieve en las esquinas con sus alas extendidas y sus brazos abiertos en un abrazo protector.



Howard Carter sudaba no por el calor asfixiante de la milenaria tumba sino por la excitación de encontrar los restos de uno de los faraones más emblemáticos del Antiguo Egipto. En ese preciso instante se estaba escribiendo uno de los episodios más importantes de la egiptología. Carter llegó a los 17 años a Egipto proveniente de su natal Londres para sumarse a la excavaciones que se desarrollaban en el país del norte de África, destino que llamaba poderosamente su atención desde su infancia. En 1891, el interés del gobierno inglés por Egipto hizo que la Egypt Exploration Fund mandara a Carter a copiar los jeroglíficos y las decoraciones de un grupo de tumbas del Imperio Medio en el sitio de Beni Hasan.


Howard Carter junto a Lord Carnarvon, su mecenas, en la entrada a la cámara mortuoria de Tutankamón


Carter era un dibujante bastante hábil que aprendió con gusto e interés la profesión de arqueólogo. Nunca hubiera creído que algunos años después sería el protagonista de uno de los hallazgos más relevantes no sólo de Egipto sino de la arqueología a nivel mundial. Pero la historia acerca del descubrimiento aún arroja más sorpresas: Carter fue quien penetró en la cámara del faraón y el primer hombre en abrir el sarcófago de oro, pero no fue precisamente quien halló la tumba del gran Tutankamón.


El primer descubridor del faraón


Este mérito le corresponde a Husein Abdel Rasul, quien a sus diez años, mientras laboraba llevando agua a los arqueólogos comandados por Howard Carter en el Valle de los Reyes, fue quien encontró de manera fortuita, el 4 de noviembre de 1922, el primer escalón que conducía a la cámara mortuoria. Al descargar las vasijas de agua del burro en el que las transportaba, escarbó en la arena para colocarlas, hallando un escalón del que no se tenía conocimiento hasta entonces.


Husein Abdel Rasu, el primer descubridor de lo que sería la tumba del faraón Tutankamón


El niño dio aviso a los extranjeros que cavaban la zona y esa misma jornada, el equipo de Carter continuó limpiando la zona hasta dejar al descubierto cerca de 16 escalones más a partir del hallado por Husein Abdel Rasu, mismos que los llevarían en los siguientes meses a descubrir la tumba de Tutankamón. Sin embargo, el hallazgo del niño y su nombre no fueron mencionados en las memorias de Carter, quien estaba a punto de abandonar la zona al creerla desierta y por la presión de su mecenas Lord Carnarvon, quien le acusaba de estar gastando dinero sin obtener ningún resultado. 


Howard Carter y su grupo de ayudantes, entre los cuales se hallaban muchos nativos de Egipto


Es más que probable que las “cosas maravillosas” que Carter descubrió un par de meses después no hubieran sido posibles sin la presencia de Husein Abdel Rasu, un sencillo chico que se ganaba la vida llevando agua a los arqueólogos que estudiaban el pasado de Egipto. En el presente, su nieto Mohamed Abdel Rasul, dueño de una pequeña taberna a las puertas del Ramesseum, el templo mortuorio del gran Ramsés II, desea reivindicar la memoria de su abuelo y nos recuerda que tras su importante hallazgo que dio pie al descubrimiento de una de las tumbas más famosas de la historia “tuvo una vida normal. Era propietario de algunas tierras y siguió trabajando en misiones arqueológicas. Cualquier egiptólogo forastero que llegaba a Luxor venía a visitarle. Se ganó la vida como rais (capataz) de excavaciones. Era bueno dirigiendo a los obreros”. Husein Abdel Rasu murió tranquilamente en 1996, olvidado en los libros de historia que tienen a Carter como el 'único' descubridor de la tumba.


Es muy probable que el mundo no conociera esta máscara mortuoria sin la participación azarosa de Husein Abdel Rasu


La historia de Husein Abdel Rasu es una de tantas que permanecen ocultas al ser omitidas por quienes quieren cubrirse de gloria. El trabajo de excavación de Carter sin duda es digno de reconocerse, pues le dio al mundo uno de los obsequios históricos más importantes de todos los tiempos que permitió a la egiptología ampliar sus conocimientos. Pero ¿qué hubiera ocurrido si el pequeño Husein Abdel Rasu no hubiera estado presente trabajando en el Valle de los Reyes ese día? ¿Tutankamón hubiera sido despertado de su sueño milenario?

A modo de curiosidad… una maldición


Tras el descubrimiento de la tumba se originó una historia que hablaba de supuestas maldiciones hacia los que tuvieron algo que ver con el acontecimiento. Lord Carnavon, el mecenas de Howard Carter y su equipo de exploración, murió en El Cairo cinco meses después del descubrimiento debido a la picadura de un mosquito en combinación con una neumonía. Otros arqueólogos murieron igualmente en extrañas circunstancias que hicieron suponer a los supersticiosos que una maldición atacaba a quienes osaran desenterrar el cuerpo del faraón. Howard Carter y Husein Abdel Rasu murieron de causas naturales.


-

Hoy tú también has participado indirectamente en el descubrimiento de uno de los grandes misterios de la historia y de la cultura egipcia: ten mucho cuidado con la maldición de Tutankamón y todos los secretos que se esconden tras una de las civilizaciones más importantes de la historia, de la cual se ha dicho que incluso tuvo contacto con extraterrestres.


TAGS: Historia mundial Datos curiosos Arqueología
REFERENCIAS: National Geographic ABC El Mundo

Rodrigo Ayala Cárdenas


Articulista

  COMENTARIOS

  MÁS DE CULTURA COLECTIVA

Here's Everything You Need To Know To Protect Your Pet During A Natural Disaster Poema para aprender a "amar sin enamorarse" Fotografías de James Mollison que muestran la realidad infantil alrededor del mundo Ropa y accesorios de tu adolescencia que desearás no haber tirado Gendün Chöphel: el monje budista que comenzó una revolución sexual y juzgó el Kama Sutra 10 cosas que tienes que hacer durante un terremoto según un brigadista

  TE RECOMENDAMOS