Ícono del sitio Cultura Colectiva

Por qué la corrupción provocó el desabasto de gasolina en México

Por qué la corrupción provocó el desabasto de gasolina en México

Por qué la corrupción provocó el desabasto de gasolina en México

WZMNZUFGXNET7B6BMZBTPI3GJE - Por qué la corrupción provocó el desabasto de gasolina en México

El siguiente texto fue escrito por Jorge Maldonado.

Los últimos seis años en México han sido los más oscuros para el país en temas de corrupción. Se oyeron todo tipo de escándalos acerca de tratos millonarios al amparo del poder, en detrimento de la sociedad y en beneficio de unos cuantos. Sin embargo, aunque hubo gobernadores encarcelados, estudiantes asesinados, mansiones extravagantes, empresas extranjeras acusadas de sobornar a funcionarios de gobierno, periodistas desaparecidos, y mil cosas más, el grueso de los mexicanos, al sentirse ajenos a las desgracias que esos actos de corrupción provocan, no hacían más que manifestar su desaprobación en redes sociales o en cenas con amigos y familiares; indignándose de todo y nada, mientras sus vidas permanecían resistentes e inalteradas a todos esos actos de injusticia y violencia contra otros mexicanos. Pero la corrupción y el desabasto de gasolina en México actual tienen una relación más estrecha de lo que sospechábamos.

Ese sentimiento de negación se rompió la semana pasada. Por más que los mexicanos quisiéramos voltear la vista hacia otro lado para no ver las causas o consecuencias de la corrupción, por fin nos alcanzó. Desde el 27 de diciembre el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció el plan contra el robo de combustible a manos de los “huachicoleros”. Este plan consistiría en resguardar las seis refinerías del país administradas por PEMEX usando 4 mil efectivos de las fuerzas armadas, así como puntos de almacenaje e importación y, aunque no anunciado originalmente, el cierre de seis principales oleoductos que abastecen de hidrocarburos a la zona centro del país. Estos seis ductos son los que, según reportes del mismo PEMEX, tienen la mayor cantidad de tomas clandestinas que abastecen la red implementada por los “huachicoleros” para el robo de combustible. Aunque el plan se anunció, los ciudadanos nunca nos imaginamos el impacto que dicho plan tendría en nuestra vida diaria.

En los estados más afectados se comenzó a reproducir la misma imagen, como sacada de una película post apocalíptica, de gente llevando bidones, garrafones y hasta tinacos, haciendo largas filas para poder comprar el tan preciado producto que empezó a escasear en las gasolineras. Esto porque el combustible, al no ser distribuido por medio de los ductos, tardaba más en llegar al punto final de venta debido a que la cadena de distribución integrada por pipas o auto-tanques escoltados que se montó de forma emergente para sustituir temporalmente la transportación a través de los ductos, resultó insuficiente, por lo que muchas ciudades de estos estados colapsaron parcial o totalmente. Esta “simple” medida puso en el centro de la atención pública la verdadera naturaleza del robo de combustibles en México. La gente empezó a preguntarse la razón por la que no había gasolina. Algunos investigaron, otros se conformaron con las noticias de TV o radio, y otros muchos se enteraban por las redes sociales. Cualquiera que fuera el medio, el resultado final fue que el tema del robo de combustible en México por fin dejó de estar oculto entre las sombras de la desinformación y, lo más importante, de entre las sombras de la indiferencia.

Con tanto ahínco fue guardada la magnitud de esta actividad que erróneamente asumimos que el “huachicoleo” sólo se limitaba a robar algunos litros o galones de tomas hechas de forma rudimentaria por algunos criminales locales; y que esos criminales se las ingeniaban para picar los ductos de PEMEX y sacar furtivamente el preciado combustible que pensábamos se vendía a mitad de precio en jacales o cobachas a lo largo de carreteras no muy transitadas. De repente, ese problema pequeño e insignificante como para repercutir en nuestra vida diaria, se convirtió en el saqueo más grande que el país haya conocido en su historia moderna, perpetrado gracias a la corrupción que azota a México desde hace mucho tiempo. ¿Qué es lo que hace tan grotesco a este espectáculo de descaro y avaricia como para sacarnos de nuestra burbuja y obligarnos a mirarlos fijamente?

Sencillo. A diferencia de otros delitos —como el narcotráfico que comercia con sustancias ilegales y necesita de la violencia y la muerte para subsistir, el secuestro que se beneficia del terror de familiares e inocentes para cobrar su precio, el robo a mano armada donde las clases trabajadores siempre son las victimas más frecuentes—, el robo de combustible ha sido perpetrado, permitido y administrado por la única fuerza que puede tener una estructura tan bien aceitada, cimentada y omnipresente como lo es la del Estado. Es decir, para que no haya lugar a dudas, todo el estado participa, desde presidentes, gobernadores, alcaldes, policías, militares, PGR, la misma PEMEX, sindicatos, contralorías sociales, aduanas, capitanes de barcos, transportistas, empresarios, gasolineros y lo peor de todo, sociedad en particular y general. Todos estos actores han hecho posible una actividad que le genera a México la pérdida de más de 60 mil millones de pesos anuales.

Estemos de acuerdo o no, nos hallamos frente a una medida histórica que nos enfrenta a nosotros mismos. Sea cual sea la verdad detrás de todo esto, el eslabón más importante de este momento es la sociedad. Ya que, a diferencia de los delitos anteriormente mencionados, éste no pone al criminal en contra de la sociedad. Es decir, no hay una perspectiva en la que sea evidente que el criminal, con sus actos, está haciéndole daño al resto de la sociedad. Al contrario, vuelve a ésta beneficiaria del crimen; y por lo tanto su protectora y al mismo tiempo su víctima final.

Sí, los responsables directos de esto deben caer, que de eso no quede duda. Pero, aunque lo hagan o no, una parte de nosotros también ha sido destapada con el cierre de los ductos, esa parte que como dijimos al principio de esta nota, niega la corrupción mientras no nos afecte o nos beneficie. Pero ahora es tan evidente como el Sol que la corrupción está tan adentro de las fibras de nuestro tejido social que es momento de preguntarnos con verdadero fervor y compromiso si vamos a ser parte de la solución o seguiremos siendo parte del problema. Es momento de decidir si nos movemos hacía adelante para hacer historia o nos quedamos en ella.

Conoce la vida de lujos que los huachicoleros se pueden dar con el dinero que lavan.

Si te interesa compartir tus reflexiones, envía un texto de prueba de 400 palabras a colaboradores@culturacolectiva.com y conviértete en colaborador de nuestra sección de Historia. 

Salir de la versión móvil