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El misterio de Herschel Grynszpan y el asesinato que desencadenó la Noche de los Cristales Rotos

6 de junio de 2018

Roberto Soberanis

Herschel Grynszpan fue un joven judío refugiado que en 1938 decidió actuar por cuenta propia ante el abuso de los nazis sobre su pueblo y asesinó a un diplomático alemán en la Embajada de París

Las guerras están llenas de inconsistencias, pero también de nombres anónimos que han alterado profundamente el curso de la historia. Como el magnicidio de Abraham Lincoln cometido por John Wilkes Booth, el caso de Gavrilo Princip, quien asesinó al archiduque Francisco Fernando, heredero de la corona austrohúngara en 1914.; Nathuram Godse a Gandhi, o Lee Harvey Oswald a J. F. Kennedy, entre muchos otros.

En lo referente al periodo de la Segunda Guerra Mundial, son numerosas las historias sobre el odio y terror hacia el régimen nazi, pero son pocos los casos en que la comunidad más afectada —los judíos— se armó de valor e intentó poner un freno a los abusos y asesinatos cometidos por alemanes en su insistencia por una limpieza racial, ordenada por su líder Adolf Hitler. El levantamiento del ghetto de Varsovia es uno, pero sin duda el más singular es el caso de Herschel Grynszpan.



Herschel Grynszpan fue un joven judío refugiado que en 1938 decidió actuar por cuenta propia ante el abuso de los nazis sobre su pueblo y asesinó a un diplomático alemán en la Embajada de París. Su acto de alguna manera desencadenó la denominada Noche de los Cristales Rotos (Kristallnacht), que consistió en una serie de linchamientos y ataques combinados ocurridos contra los judíos en la Alemania nazi entre el 9 y el 10 de noviembre del año en que Grynszpan cometió el crimen.



En la actualidad, algunos historiadores coinciden en que Herschel Grynszpan fue un “chivo expiatorio” del régimen nazi, ya que dos días antes de la fatídica noche, este personaje de tan sólo 17 años compró un revólver en la calle Faubourg-Saint-Martin, en el centro de París, donde residía, y se dirigió a la Embajada alemana y solicitó una cita con cualquier alto cargo.

Ernst vom Rath fue el diplomático que atendió al joven Grynszpan, quien sacó su arma y sin mediar tregua le disparó en cinco ocasiones. Así acabó con la vida del secretario de la embajada alemana en París. El caso cayó oportunamente en la maquinaria propagandística del Tercer Reich, que estaba bajo los intereses de Joseph Goebbels, quien encontró la justificación para la devastación del pueblo judío.

Herschel Feibe Grynszpan nació en 1921, en Hannover, hijo de padres judíos polacos. Su biografía es un arquetipo del destino de muchos judíos durante esos años sombríos, y desde muy joven mostró un feroz rechazo al antisemitismo nazi. “No es un crimen ser judío. Lo soy y tengo derecho a vivir, pese a que donde quiera que me he presentado he sido tratado como un criminal”, fueron las palabras de Grynszpan en referencia a lo vivido durante el Holocausto.

Campañas antisemitas

En agosto de 1938 el Gobierno nazi comenzó a endurecer su política contra la comunidad judía y canceló el visado de residencia de todos los extranjeros, aunque llevaran décadas viviendo en Alemania. Esa medida se tradujo en la expulsión de 17 mil judíos a la frontera polaca, donde permanecieron a la intemperie durante semanas porque Polonia, que no quería más judíos, se negó a acogerlos. Muchos no contaban siquiera con comida ni alojamiento y no tenían perspectivas de que alguien acudiera en su rescate.

Los Grynszpan, originarios de Polonia, vivían desde hacía años en Alemania hasta que, execrados por la llamada Polenaktion, se habían visto obligados a abandonar precipitadamente su domicilio de Hannover, el 26 de octubre de 1938, a bordo de un tren con destino a Polonia. Los guardias fronterizos les negaron la entrada, y durante semanas se encontraron en tierra de nadie bajo la lluvia y el frío otoñal.

Por su parte, Herschel, el primogénito, se encontraba en casa de un familiar en París, librándose así de tan fatal destino, pero el conocimiento de los hechos le sumió en la locura. Su hermana Esther, quien fallecería posteriormente en Auschwitz, envió una postal a su hermano en París y solicitó urgentemente su ayuda. Desesperado ante las noticias que leía en los diarios franceses, Grynszpan desarrolló un odio intenso y decidió tomarse la justicia por su mano. “Mi corazón sangra cuando oigo hablar de la tragedia de 17 mil judíos”, escribió.

¿Un crimen pasional?

El escritor André Gide relató que Vom Rath era bastante conocido en los ambientes homosexuales parisinos y escribió: "La idea de que una alto representante del Tercer Reich haya pecado dos veces según sus leyes (por práctica homosexual y por relación con un judío) resulta realmente divertida”. También el historiador Hans-Jürgen Döscher publicó en 2001 documentos que apoyaban la teoría de que Grynszpan y Vom Rath habrían tenido relaciones.



El diplomático alemán habían conocido al joven judío en un bar parisino, según la versión del historiador. Sin embargo, no queda claro si Grynszpan era también homosexual o si tan sólo habría usado su apariencia y juventud para conseguir un amigo con influencias. De ese modo el diplomático le habría prometido conseguir que se regularizasen sus papeles en Francia, pero cuando Vom Rath se echó para atrás, Grynszpan lo asesinó.

El misterio tras su detención

Tras el asesinato se entregó a la policía y fue llevado a la prisión juvenil de Fresnes, a las afueras de París, y en junio de 1940, tras la entrada de lo nazis a la ciudad, los reclusos fueron trasladados al sur del país. En uno de esos trayectos, el tren en el que se trasladaban fue bombardeado por los nazis, lo que ocasionó que la mayoría de los reclusos escaparan, menos Grynszpan, quien decidió volver por su propia cuenta a la cárcel.



Durante su proceso judicial fue extraditado a Alemania, donde estuvo recluido en la prisión de Moabit, en Berlín, y los campos de concentración de Sachsenhasen y Flossenbürg. En Sachsenhausen se le alojó en el búnker reservado a “prisioneros especiales”, que compartía con el canciller de Austria, Kurt Schuschnigg.

Durante casi 60 años, el paradero final de Grynzpan fue un misterio, hasta que salió a la luz una reveladora imagen que muestra cuál fue su destino. Una fotografía encontrada en los archivos del Museo Judío de Viena muestra que es muy posible que Grynszpan hubiera sobrevivido a la guerra. En la foto aparece en una manifestación de supervivientes del Holocausto contra la prohibición de las autoridades británicas de dejarles emigrar a Palestina.

Fuente

LOZANO, Álvaro. La Alemania nazi (1933-1945). Marcial Pons: Madrid, 2008.

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Testigos y sobrevivientes coinciden en que durante el Holocausto se desató un verdadero infierno sobre la faz de la Tierra. En ese sentido, escapar de todo ese horror era una genuina bendición. No obstante, para la familia de enanos que se salvó de perecer en algún campo de exterminio, parecía ser más un asunto del diablo.

TAGS: Segunda guerra mundial Historia mundial Nazismo
REFERENCIAS: Holocaust Research Project

Roberto Soberanis


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