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Cómo surgieron los debates presidenciales y la razón por la que la política es un espectáculo

28 de mayo de 2018

Juan Sebastian

La democracia como un show mediático.

Hoy es común ver debates de candidatos presidenciales en los principales medios de comunicación, se presentan como grandes eventos en los que el electorado podría definir o reafirmar su intención de voto; sin embargo, ¿qué tan relevantes llegan a ser en realidad dichos debates?, ¿la intención de voto sí tiene una influencia real de ellos?, ¿los candidatos se preparan realmente para ello?... son muchas las preguntas que pueden surgir en la mente luego de observar alguno, aun cuando para los medios y los expertos estos resultan fundamentales y definitivos.


Pero antes de entrar en materia es necesario hablar un poco de historia, el primer debate presidencial se transmitió en 1960, en el que se enfrentaron Richard Nixon y John F. Kennedy, allí los analistas dieron la ventaja a quien sería el siguiente presidente de los Estados Unidos, gracias a su positiva imagen en las pantallas de televisión, frente a Nixon que mantuvo con importancia su discurso ante la imagen. En este punto se puede decir que nacen los debates presidenciales televisados y desde entonces tal parece que la imagen superó al discurso modificando de manera rotunda la forma de hacer política.



Así, el modelo que se planteaba en la política estadounidense se convirtió en el modus operandi de todas las democracias occidentales, en México, por ejemplo, se transmiten, sin falta, desde 1994 debates presidenciales, en Colombia cada cuatro años se generan diversos debates entre candidatos a la presidencia y sus fórmulas vicepresidenciales; sin embargo, cada país tiene un formato particular, aun cuando todos tienen algo en común, todos se fundamentan en la misma premisa: "una imagen vale más que mil palabras".


Puede que sin saberlo Kennedy estableció un modelo que se ha reproducido hasta el agotamiento pero que parece no incomodar a nadie, expertos, periodistas y público en general están los suficientemente felices observando discusiones y enfrentamientos ajenos a las ideas y las propuestas de los candidatos; por eso, en el último debate presidencial de la campaña electoral mexicana, los medios se lanzaron a observar momentos "clave" del debate: insultos y peleas personales del pasado, libros de los candidatos "analizados" in situ, mientras que las propuestas y las claridades políticas, más allá de las curiosas y absurdas palabras de Jaime Rodríguez Calderón, no se hicieron ver en ningún momento del extenso debate.


Ahora bien, ¿qué está pasando con las ideas?, ¿dónde quedan las verdaderas propuestas? Está claro que el rating se eleva cuando existe un programa que divierte o que muestra polémicas; sin embargo, un debate político no se trata precisamente de un programa de variedades, es algo que debería ir más allá de dichos formatos para establecer ideas claras y posiciones para que el electorado que, tal vez, no ha tenido la posibilidad de acercarse a las propuestas de los candidatos, pueda ver algo más allá de lo escrito en pasquines o folletos; un debate debería ser la posibilidad de ver al candidato en acción real, que exponga sus capacidades de gobierno y de análisis de situaciones bajo la presión del público; pero tal parece que las ideas han desaparecido de las campañas, y la polémica es un mero espectáculo para divertir y atraer al electorado con la risa o con el reflejo de la población entre los candidatos.



En España se tiene una frase común cuando alguien intenta hacer un engaño diciendo "no me vendas la moto", y tal parece que eso es precisamente lo que hacen los debates presidenciales, quienes sólo buscan crear un espectáculo político en torno a un mero show televisivo en el que la preparación de los candidatos se fundamenta en la vestimenta, la sonrisa, la forma en que habla o camina, y deja de lado la forma en que piensa y las propuestas que lanzan al aire, que parecen más ideas abstractas que se les ocurren en el momento más no el resultado de una reflexión profunda o los meses de trabajo de un equipo; la política convertida en un mero espectáculo, en un programa de variedades más que influye en los electores pero no constituye en ninguna medida un acto democrático.


El debate presidencial es sólo uno de los tantos hechos que han modificado la política en un show mediático, los extensos discursos en las plazas públicas repletos de arengas y frases cliché, la publicidad política con imágenes igualmente construidas con el único objetivo de atraer y no de enseñar propuestas, todo ello hace de la política contemporánea en una mera variedad más y no en la lucha de ideas en busca del cambio de las condiciones reales de vida de los ciudadanos. Muy lejos se está de las propuestas ilustradas de Rousseau, Voltaire o Marx, quienes valoraban el debate de las ideas y no de los trajes o los peinados, pues cada vez la política se acerca más a un reinado de belleza que a una decisión profunda y reflexionada respecto al futuro de un Estado.



La historia así nos ha demostrado una vez más una suerte de involución de las ideas, un desbordamiento hacia la insensatez y la influencia más impulsiva; sin embargo, el poder continua en manos del votante de a pie que bien puede hacer una reflexión de todo lo que ocurre en su entorno y establecer un cambio en la forma de hacer política, pues es el pueblo quien debe exigir ideas claras y contundentes, no especulaciones y propuestas abstractas; la política no puede seguir siendo un espectáculo, debe retomar el camino de las ideas y la transformación social real.


En definitiva, la capacidad de transformar la realidad siempre estará en las manos de la población común y corriente, quienes día a día se esfuerzan por sobrevivir en medio de un sistema en el que no es nada fácil sostenerse en pie. Es por ello que se hace necesario modificar el espectáculo por ideas y las ideas en acciones reales que se reflejen en las condiciones reales de la población; este año se realizan diversas elecciones en distintos países: Colombia, México, Bosnia, Azerbaiyán, Camerún, Georgia, y en todos ellos siempre estará la posibilidad de modificar el sistema y dar una señal de cambio o continuar reproduciendo el espectáculo de la política. 


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Las mujeres mexicanas son las que más votan, pero tienen menos participación en la política, ¿por qué? Aquí te lo compartimos.


TAGS: Política Social
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Juan Sebastian


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