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Matrimonio post-mortem: historias de personas que decidieron casarse con un muerto

4 de diciembre de 2017

Rodrigo Ayala Cárdenas

Francia es el país occidental que permite a sus habitantes casarse con una persona muerta desde 1959.



El trágico estallamiento de la represa Malpasset, en el pueblo francés de Fréjus en diciembre de 1959, dejó cientos de
muertos
. El presidente de aquel entonces, Charles de Gaulle, hizo una visita al lugar para conocer las dimensiones de la tragedia. Ahí conoció a Irène Jodard, una de las tantas viudas que habían resultado del incidente. La joven se acercó hasta el presidente para saludarlo y hacerle una petición desconcertante: su prometido había muerto en la presa y tenían planes de casarse en pocos meses. Quería solicitar a su presidente la posibilidad de que el matrimonio se llevara a cabo a pesar de que su prometido estuviera muerto.


Represa Malpasset


De Gaulle permaneció unos instantes callado y le dijo a la joven que pensaría acerca de su petición. Meses después, por iniciativa del propio presidente, el Parlamento se reunió para estudiar la posibilidad del matrimonio
post-mortem
y aceptó formalizar la ley. Irène Jodard se casó con su prometido, André Capra, en lo que fue el primer matrimonio de esta naturaleza en Francia y el mundo.

A partir de este hecho, las historias de matrimonio post-mortem en Francia (único país en Occidente que tiene una regulación al respecto en su
Código Civil
) han sido parte de su historia, dividiendo opiniones entre los juristas y sus propios habitantes. Es probable que de no haber ocurrido la tragedia que inundó Fréjus (y si Irène Jodard no hubiera amado tanto a André Capra) hoy no se hablaría de este hecho que revolucionó la ley francesa y que a más de uno le pudiera parecer algo siniestro y hasta morboso.


Irène Jodard


Uno de los casos más recientes y más sonados de

matrimonio post-mortem
se dio en el pueblo francés de Dizy-le-Gros, un lugar que apenas ronda los mil habitantes. La joven Karen solicitó a las autoridades el permiso para casarse con su novio fallecido Anthony, muerto dos años atrás en un accidente automovilístico. La legislación francesa, por medio del artículo 117 del Código Civil, está capacitada para permitir que una persona con vida y otra muerta, o incluso que dos vidas ya fallecidas, contraigan matrimonio. Citamos un fragmento de dicha ley para esclarecer este punto:



«El Presidente de la República puede, por motivos graves, autorizar la celebración del matrimonio si uno de los futuros esposos falleció luego de haber cumplimentado formalidades oficiales que indicaban inequívocamente su consentimiento. En tal caso, los efectos del matrimonio son retroactivos a la fecha del día precedente al deceso del cónyuge. Sin embargo, tal matrimonio no entraña ningún derecho de sucesión ab-intestato en beneficio del esposo sobreviviente reputándose además que no existió ningún régimen matrimonial entre los esposos».


Precisamente, el presidente francés de aquel entonces, Nicolas Sarkozy, fue quien dio su visto bueno para este extraño enlace que no sería el único registrado en el país galo. En la comunidad de Domary-Baroncourt, enclavada en el departamento de la Meuse, norte de Francia y colindante con Bélgica, en 2009 se autorizó el enlace matrimonial entre Magaly Jaskiewicz, de 26 años, y Jonathan George, de 27. En este caso, también el novio era el que se casaba estando fallecido. Los asistentes a la boda lo veían a través de un retrato que descansaba en una silla al lado de su novia, quien escuchaba las palabras del sacerdote frente al altar.


Magaly Jaskiewicz


Jonathan había muerto igualmente en un accidente de tránsito un año antes. Él y Magaly llevaban seis años viviendo juntos en unión libre y tenían dos hijas: Dorianne de 3 años y Kassandra de un año y medio. Sus planes eran casarse en enero de 2009 y para ello tenían preparados todos los trámites legales ante el Ayuntamiento de Domary-Baroncourt. Sin embargo, en noviembre de 2008 Jonathan murió de manera trágica. En Francia, estas peticiones se dan en un promedio de 50 al año. Otros países europeos como Bélgica ya reconocen esta opción judicial.


Este tipo de historias datan de muchos años atrás. En 1980, una joven belga embarazada se trasladó a Francia para hacer válido su matrimonio post-mortem con su prometido, quien falleció ocho días antes de su enlace matrimonial en otro accidente de auto. Tomando en cuenta que su futuro marido era francés y que Francia ya validaba este tipo de enlaces, la joven viajó a la tierra de su prometido para formalizar el contrato nupcial.



La mujer regresó a su tierra para intentar que la compañía de seguros con la que su marido tenía un seguro de vida pudiera indemnizarla. La compañía de seguros argumentó que en Bélgica dicho contrato nupcial no tenía validez oficial ni para ella ni para su hijo. Después de una ardua pugna, los tribunales le dieron la razón a la viuda y la compañía de seguros tuvo que indemnizarla con el 100 % de la cifra estipulada. 


Uno de los casos más escandalosos acerca de esta ley fue el de una joven estadounidense, quien hizo una petición formal en 2004 para casarse con el poeta francés Conde de Lautréamont, fallecido en 1870 bajo extrañas circunstancias apenas a los 24 años de edad. La ley francesa rechazó la petición de la joven al considerar que incumplía con todos los requisitos para una unión post-mortem: obviamente no había enlace sentimental alguno entre ambas partes y mucho menos un consenso en común para casarse. Lautréamont es el autor de la famosa obra surrealista Cantos de Maldoror (Les Chants de Maldoror).



Para que una persona pueda hacer realidad su deseo de concretar un matrimonio de esta naturaleza, debe enviar una petición al presidente francés, quien a su vez la envía al ministro de justicia; éste a su vez está obligado a consultarlo con el fiscal en cuya jurisdicción vive la persona que sobrevive. Es importante que los padres del o la fallecida estén de acuerdo con la petición para que el trámite prosiga. Si el fiscal valida que el matrimonio estaba concertado antes de que la muerte de una de las dos partes ocurriera, da aviso al presidente quien firma el decreto final para que el casamiento ocurra bajo la protección de la ley.



Sin embargo, mientras que en Francia es posible hacerlo y no se observa como algo siniestro o absurdo para algunos jueces, en países latinos como Paraguay el matrimonio post-mortem no se contempla como una posibilidad verdadera. Ante la petición de varias personas de hacer válida esta opción, Néstor Stellato Mojoli, director del Registro Civil de las Personas, afirma: «Es absurdo que debamos inscribir el matrimonio de un vivo y un muerto. ¿Cómo voy a hacer un casamiento de un fallecido? Es imposible. La celebración del matrimonio es de manera voluntaria entre personas vivas, no muertas».


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El matrimonio es una elección totalmente personal y cada uno tiene la libertad para decidir con quién y en qué momento dar ese importante paso, incluso si es en el terreno del Más Allá. Los rituales alrededor de la muerte en el mundo son verdaderamente extraños y el casamiento post-mortem es un ejemplo de ello.


TAGS: muerte Historia mundial Datos curiosos
REFERENCIAS: New York Times El País

Rodrigo Ayala Cárdenas


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