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Instrucciones para aprender de capitalismo jugando Monopoly

Instrucciones para aprender de capitalismo jugando Monopoly

Instrucciones para aprender de capitalismo jugando Monopoly

De entre toda la sarta de basura que vemos hoy en los anaqueles del departamento de juguetería, de esos supuestos inventos ramplones que ya no tienen ningún sentido, ni un solo ápice de originalidad para el gusto humano –ya no digamos infantil–, además de cientos de opciones virtuales para el entretenimiento de todas las edades, quizá se alcen sólo muy pocos juegos que por décadas han sido los favoritos del público. Sin embargo, si escudriñamos en dichos estantes, miramos con atención, por seguro advertiremos que es Monopoly el rey de todos ellos.

Antes de que las importaciones y el fanatismo hacia todo lo que pareciera más extranjero de lo usual, en México y algunos otros puntos de Latinoamérica –aunque ellos cuentan con sus propias versiones– se conoció este juego gracias a una adaptación llamada Turista; si bien en esta edición se reemplazaban las casillas tradicionales por los nombres de todos los países del mundo, el fin era exactamente el mismo. Por lo menos entre el uso popularizado, porque con respecto a las intenciones primeras de su creadora, es bastante cuestionable dicha práctica.

Para entender un poco esta sentencia y, entonces, proponer el uso original o correcto del tablero, revisemos un poco la historia de Elizabeth Magie, su creadora. Nacida en 1866, ella era una total rebelde muy bien conocida por ser soltera a sus 40, por ser independiente y constantemente desafiar al mundo con su pensamiento. Cuentan que hubo un día en que compró un espacio en el periódico, en la sección de avisos, para anunciarse a sí misma como una «joven mujer americana que se esclavizaría al mejor postor». ¿Para qué? Simplemente para ver al mundo arder y denunciar el papel femenino en una sociedad machista.

El momento decisivo vino después, cuando tras leer Progreso y pobreza, un libro de Henry George, estuvo más convencida que nunca de que el uso igualitario de todos los hombres sobre la tierra es un derecho tan primario como el del aire que respiramos. Así, siguió los preceptos del autor en cuanto a la creencia de que la tierra se hacía valer monetariamente en sociedad por los beneficios naturales del suelo o los impuestos que se debían pagar gracias a las construcciones y bienes que la mano humana construía sobre éste; fue en 1904 cuando decidió culminar esa enseñanza en un objeto que pudiera instruir al resto sobre ello y que fuese lo más amigable posible. Un juego que en su momento patentó como Landlord’s Game.

Éste consistía en un innovador formato de circuito donde los jugadores se desplazaban por casillas con nombres de calles o demarcaciones y debían seguir dos tipos distintos de reglas. Las de Properidad y las de Monopolio:

1) Bajo el primer conjunto, cada jugador ganaba dinero o ventajas cada vez que alguien adquiría una nueva propiedad, y el juego era ganado por todos cuando el participante que había empezado con la menor cantidad de dinero lo duplicaba.

2) En el segundo conjunto, los jugadores se tomaban ventaja unos a otros adquiriendo propiedades y colectando renta de todos aquellos que eran lo suficientemente desafortunados como para aterrizar en territorios ajenos; quien lograba quebrar al resto y acumular la mayor cantidad de dinero posible era el ganador.

El propósito, según Magie, era que los participantes experimentaran y debatieran las bondades o desventajas de unas reglas y otras. El tablero adquirió pronta popularidad entre intelectuales de izquierda y comunidades cuáqueras; siendo las últimas el escenario donde ocurrió el declive de la idea original de la creadora y el principio del juego como lo conocemos hoy. Charles Darrow, originario de ese sistema, modificó la idea y se la vendió como suya a la compañía de entretenimiento Parker Brothers, misma que averiguó el crédito de Magie, pagó por la patente y comercializó el dichoso invento desde entonces bajo el nombre de Monopoly.

Fue en esa época y con mayor auge en los 30, cuando la compañía eliminó las reglas de Prosperidad y armó un gran escándalo con el enfoque monopolista del juego; sepultando así, para siempre, los fines didáctico-políticos de Elizabeth Magie. Sin embargo, hoy podemos rendirle tributo a la crítica original y aumentar una pila de cartas a los mazos tradicionales; uno que implique la inversión comunitaria o la pérdida compartida cada que la renta se le cargue a otro de los participantes. Un método más que efectivo para generar discusión y revalorar los sistemas económicos que hoy nos rigen.

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Para conocer otros casos similares, lee la historia secreta de tus juegos de mesa favoritos y algunos otros para desarrollar tu mente e inteligencia.

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