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El monstruo de los Andes: el asesino serial que terminó con la vida de cientos de niñas latinoamericanas

7 de diciembre de 2017

Cultura Colectiva

La historia de Pedro Alonso López es la historia de un monstruo que creció entre la miseria, la violencia y la depravación.


Desde el primer instante, la vida de Pedro parecía estar en completa sintonía con la desgracia: su padre murió poco antes de que él naciera, mientras su madre ejercía la prostitución como el único medio para subsistir y mantener a trece hijos. No conforme con este panorama, la situación política de Colombia no era nada favorecedora, la cruenta Guerra Civil no declarada (conocida como “La Violencia”) marcaba el inicio del periodo más sangriento en la historia contemporánea del país cafetalero. A ojos del pequeño Pedro, el mundo era un lugar lúgubre donde no había más que pobreza, carencias y muerte.


A los 9 años de edad, su camino se complicó aún más, Pedro intentó abusar sexualmente de su hermana menor y su madre decidió echarlo de casa. A partir de entonces, se convirtió en un niño sin hogar que deambulaba en las calles de Bogotá y robaba autopartes para subsistir. La difícil vida del menor bien podría explicarse como una víctima de las condiciones en que se desarrolló; sin embargo, lo peor estaba por venir.



En plena mendicidad, Pedro creyó tener un golpe de suerte cuando fue adoptado a los 12 años por una familia estadounidense. No obstante, la ilusión duró poco: después de tres años en que conoció lo que era vivir en un techo sin violencia ni hambre de por medio, fue abusado sexualmente por un profesor privado que sus padres adoptivos habían contratado.


De nuevo en la calle, Pedro retomó el robo de automóviles cada vez con más maestría, pero fue detenido en una ocasión y encarcelado a la edad de 21 años. Una vez en prisión, fue abusado sexualmente por tres presos antes de salir libre nueve años después, en 1978. Este hecho cambió su mentalidad para siempre, pues su vulnerabilidad fue sustituida por una sociopatía y un desprecio por la vida que le convirtió en un asesino serial.



Su experiencia en la cárcel llevó los crímenes de Pedro a otro nivel, transformándose en un abusador sexual y asesino. La mayoría de sus víctimas cumplían con un mismo perfil: mujeres jóvenes (menores de edad), indígenas y que él mismo consideraba “inocentes”. Así fue el inicio de un historial criminal sin parangón en la historia, que habría de sembrar terror en Colombia, Perú y Ecuador por igual.


El primer paso del asesino después de cometer algunos crímenes y desatar sospechas en Colombia fue huir a Perú, nación que recorrió una y otra vez dejando decenas de víctimas a su paso. La violencia contenida en cada asesinato, previo abuso sexual, se reproducía en distintos casos, mismos que unió la policía para la hipótesis de la existencia de un asesino serial.



Los casos aumentaban la alarma en Perú, cuando el asesino intentó secuestrar a una niña en un mercado en Ayacucho, al sur de Perú y fue capturado por los pobladores. Enfurecidos, lo desnudaron y torturaron enterrándolo vivo y vertiendo miel sobre su cabeza para que fuera devorado por los insectos; no obstante, fue salvado de último momento por la policía.


A pesar de su detención, las autoridades peruanas obviaron la presencia de Pedro y fue deportado a Ecuador, donde después de un breve proceso, pudo continuar con el sadismo de sus crímenes, hasta que finalmente fue detenido por la policía ecuatoriana con más de doscientos homicidios a cuestas.


En 1994 fue extraditado por autoridades colombianas; sin embargo, luego de pasar cuatro años en un hospital psiquiátrico fue sopresivamente dado de alta y puesto en libertad. Desde entonces, en cada desafortunada ocasión en que coinciden un par de asesinatos en Perú, Ecuador o Colombia, el nombre de Pedro resuena en las comisarías ante la incógnita del paradero actual del monstruo de los Andes.




TAGS: Muerte Asesinos seriales América latina
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