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Carles Casagemas: el asesino con el que se obsesionó Picasso y lo llevó a hacer arte

21 de noviembre de 2017

Diana Garrido

Ante la sorpresa de no haber dado en el blanco, Casagemas, sin pensarlo mucho —o nada— puso el arma sobre su cabeza y jaló el gatillo haciendo volar su cráneo por los aires.



El siglo XIX estaba por dar su último suspiro cuando un muy joven Pablo Picasso rondaba las tabernas y estudios de España en el afán de hallar más conocimientos y experiencias para plasmar en sus cuadros. Con 18 años, él sentía que conocía al mundo en todos los sentidos; no obstante, una tarde entró a la taberna Els Quatre Gats de Barcelona; tomó una silla y al girar se topó con quien se convertiría es su cómplice, amigo y colega favorito: Carles Casagemas. Sin pensar que el chico de 19 años se convertiría en su inspiración, comenzaron a platicar y de pronto, como si se conocieran de años, planearon su futuro, el cual implicaba rentar un estudio en el que ambos pudieran trabajar y, con el tiempo, hacer sus propias exposiciones.


Pasaron los días y el par de artistas se frecuentaban cada vez más hasta que hallaron en el barrio gótico de Barcelona un estudio pequeño que les serviría para sus creaciones. Compartían posturas, pasiones y anécdotas en las cuales sólo tenían lugar sus vivencias, puesto que su círculo social se redujo a dos. En 1900, ambos se enteraron de la Exposición Internacional en Francia. Como era de esperarse, los amigos tenían la fiel idea de que podía ser su entrada al verdadero mundo del arte. Así que entre ahorros, hambre y la ilusión que caracteriza a la juventud, los artistas acudieron a la convención en la cual se alojaron en el estudio de Isidre Nonell. En él, se dedicaron a seguir haciendo arte mientras el resto de los artistas de París veían gran talento en ellos.



Con tantos sueños y aspiraciones artísticas, ni Picasso ni Casagemas habían tenido tiempo para pensar en el romance. Por ello, una tarde, Carles convocó a un grupo de modelos para que posaran ante él y su amigo, con algo de suerte conseguirían una pareja temporal. A la invitación acudió Laure Gargallo, quien se hacía llamar Germaine. Carles quedó flechado ante la sensual figura de la modelo, la belleza de su rostro y el candor que emanaba en cada gesto que hacía. La mujer, en el afán de seguir ganándose la vida con su belleza y talento para ser inmortalizada en piezas artísticas, accedió ante los coqueteos de Casagemas, quien la pretendía llevándole flores, escribiéndole poemas y recordándole lo bella que era.



Sin embargo, el romance no tenía futuro, Germaine estaba casada y Carles no era el amor que ella buscaba, ni siquiera estaba cerca de serlo. Ante ello, Picasso trataba de ayudar a su amigo a salir de la decepción; no obstante, no conseguía hacerlo. Incluso en las fiestas que daban otros artistas, él lloraba por el desamor y sus obras comenzaban a llenarse de tristeza, mientras que Germaine disfrutaba de la vida de casada. Picasso trataba de hacerle entender a su amigo que la mujer no era más que un sueño casual, un amor imposible y una inspiración ajena. Casagemas no podía entenderlo y entre su depresión, la falta de inspiración real, su obsesión por la modelo y la desesperación, se enojó tanto con Pablo Picasso que de un par de diferencias políticas se derivó una enemistad que poco a poco fue terminando con su vínculo.



Aun con ello viajaban constantemente a España y de vuelta a París. En uno de los viajes, el autor de La Guernica se quedó en Madrid, mientras que Carles volvió a Francia. Decidió entonces que su depresión debía terminarse para siempre, no era justo que una mujer le estuviera causando tantos conflictos. No podía permitírselo, en especial cuando ella parecía no tener ningún inconveniente en ilusionarlo. Para entonces, Casagemas comenzaba a tener reconocimiento en el medio artístico, incluso un poco más que Picasso. Así, en un pequeño despertar de conciencia, el pintor convocó a sus amigos a una cena en el Café de I'Hippodrome. La velada contaba con la presencia de Germaine, quien quería tener una relación cordial con Casagemas. Casi al finalizar la cena, la cual fue financiada con su incipiente carrera, Casagemas se levantó a hacer lo que parecía un brindis; no obstante, algo ocurrió.



Con 21 años de edad, el pintor tomó un arma que se encontraba detrás de su ropa y apuntó a la mujer que días antes aún le quitaba el sueño y le hacía suspirar profundamente y, sin pensarlo mucho, disparó. La bala se desvió haciendo que la mujer y otros invitados se arrojaran al suelo por temor a ser alcanzados. Ante la sorpresa de no haber dado en el blanco, Casagemas puso el arma sobre su cabeza y jaló el gatillo haciendo volar su cráneo por los aires. Los policías del Café entraron para detener el asesinato del que ya tenían conocimiento, ya que el artista les había dejado una carta en la cual pedía disculpas por haber asesinado a la mujer y por quitarse la vida frente a todos. Aunque la primera parte de las cartas no se llevó a cabo como él esperaba, Germaine y el resto de los presentes salieron despavoridos y sorprendidos por las declaraciones escritas.



Nadie quería decirle a Picasso lo que recién había ocurrido. No obstante, esa misma noche recibió la noticia y más sorprendido que devastado, se echó a la depresión entendiendo por fin el dolor de su amigo. Se obsesionó tanto con la muerte de Casagemas y la situación como tal, que por un tiempo, lo único que pintaba era el cadáver de su amigo y otras escenas que lo implicaban, como su funeral. Fue el suicidio, de hecho, el punto inicial que inaugurara el llamado "período azul" de Pablo Picasso. Así, con pinturas como La muerte de Casagemas o Casagemas en su ataúd le rindió tributo a su depresivo y enamorado colega. Un tiempo después, Picasso volvió a Francia y usó el estudio que Carles ocupaba en vida. Ahí se reencontró con Germaine, la mujer que causara el dolor del fallecido artista y, sorprendentemente, comenzó una relación con ella.


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Conoce los consejos de Pablo Picasso para jóvenes artistas y cómo es que las mujeres influyeron en su vida.


TAGS: Siglo xix Grandes artistas Picasso
REFERENCIAS: Museu Nacional Cultura Mas El círculo de Picasso

Diana Garrido


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