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11 frases en el Diario de Frida Kahlo para entender de amor y sufrimiento

13 de julio de 2018

Eduardo Limón

En el diario de Frida Kahlo, ésta le entró de lleno al miedo repleta de carcajadas, ironía y autoconocimiento; ¿qué podemos aprender hoy de ella?

Frida deseaba una salida feliz. Esperaba también no volver jamás. Postrada en cama y rodeada de un contrastante jolgorio durante sus últimos días, Frida era una artista consumada, atravesada por la fama mundial y atiborrada de historias tanto trágicas como placenteras en su vida. Fue el 13 de julio de 1954 cuando falleció. Con su muerte terminó el cuerpo, pero inició el culto. Un homenaje sin aparente fin que reunía el espíritu mexicano con el enigma de una artista sin catalogación, con una trayectoria que pocas veces tiene comparación tanto en términos profesionales como personales. De allí la magia y el mito que se ha creado en torno a su diario íntimo y los registros ocultos de quién fue para ella.


A lo largo de sus últimos diez años de vida, Frida hizo de su diario una esfera distinta a este mundo, un espacio para refugiarse, una habitación para reflexionar en torno a todo lo que le causaba estragos en esta tierra.  En su diario, como se esperaría, las formas visuales y literarias juegan y renuncian con los convencionalismos; su diario, tan cercano al corazón y una columna rota, dio rienda suelta a todos sus sentidos y nos legó una imaginación hecha dibujos y palabras que por décadas nos ha enseñado de humor, tradición, irreverencia, fortaleza y desesperación.



Frida vio en su diario no un papel que fungiera como récord de sus experiencias, sino como una extensión de las mismas. Más allá de papel trazado por plumas y carbones, vio en él la superficie ideal para dar continuidad, análisis y creatividad a la vida que entonces le embargaba. La Kahlo le entró de lleno al miedo repleta de carcajadas, ironía y autoconocimiento; todo ello visible en su diario, un trozo de obra que dejó atrás su naturaleza como bitácora y formó parte de su producción artística en sentido extenso.

De su diario destacan, entonces, pasajes como los siguientes:



«He estado enferma un año. Siete operaciones en la columna vertebral. El Doctor Farill me salvó. Me volvió a dar alegría de vivir. Todavía estoy en la silla de ruedas, y no sé si pronto volveré a andar. Tengo el corset de yeso que a pesar de ser una lata pavorosa, me ayuda a sentirme mejor de la espina. No tengo dolores. Solamente un cansancio de la… tiznada, y como es natural muchas veces desesperación. Una desesperación que ninguna palabra puede describir. Sin embargo tengo ganas de vivir. Ya comencé a pintar».


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«Color de veneno. Todo al revés. ¿Yo? Sol y Luna. Pies y Frida».



«Salí sana, hice la promesa de jamás volver y la cumpliré».


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«Me amputaron la pierna hace 6 meses. Se me han hecho siglos de tortura y en momentos casi perdí la razón. Sigo sintiendo ganas de suicidarme. Diego es que me detiene por mi vanidad de creer que le puedo hacer falta. Él me lo ha dicho y yo le creo. Pero nunca en la vida he sufrido más. Esperaré un tiempo».



«No hablaré de Diego como de mi esposo porque sería ridículo. Diego no ha sido jamás ni será 'esposo' de nadie. Tampoco como de un amante, porque él abarca mucho más allá de las limitaciones sexuales, y si hablara de él como de mi hijo, no haría sino describir o pintar mi propia emoción, casi mi autorretrato y no el de Diego».


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«Diego: Nada comparable a tus manos ni nada igual al oro-verde de tus ojos. Mi cuerpo se llena de ti por días y días. Eres el espejo de la noche. La luz violenta del relámpago. La humedad de la tierra. El hueco de tus axilas es mi refugio. Mis yemas tocan tu sangre. Toda mi alegría es sentir brotar tu vida de tu fuente-flor que la mía guarda para llenar todos los caminos de mis nervios que son los tuyos».



«¿Quién diría que las manchas viven y ayudan a vivir? Tinta, sangre, olor, no sé que tinta usaría que quiere dejar su huella en tal forma. Respeto su instancia y haré cuanto pueda por huir de mi mundo (…) ¿Qué haría yo sin lo fugaz?»


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«No lograré más que un recuerdo prodigioso de que pasaste por mi vida dejando joyas que no recogeré sino cuando te hayas ido. No hay distancia. Hay tiempo. Óyeme, acaríciame con lo que busques y con lo encontrado».



«¿Por qué le llamo mi Diego? Nunca fue ni será mío. Es de él mismo».


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«Nada vale más que la risa y el desprecio. Es fuerza reír y abandonarse, ser cruel y ligero».



«Mi Diego. Ya no estoy sola. ¿Alas? Tú me ACOMPAÑAS. TÚ ME DUERMES Y ME AVIVAS».


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El diario de Frida, a 64 años de su muerte, es vestigio de un ejercicio de introspección único que nos habla de auto-enseñanza y gobierno de todo lo que se toca. A tanto tiempo de su partida, la Kahlo sigue dándonos de qué hablar y una que otra instrucción para dejar de sentir pena por nosotros mismos y tomar nuestro genio creativo para aguantar. Para saborear las mixturas irresolubles e irredentas del amor y el sufrimiento.

TAGS: México Arte moderno Frida kahlo
REFERENCIAS:

Eduardo Limón


Editor de Moda

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