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Equus: La obra que muestra al hombre que sentía una infinita atracción sexual hacia su caballo

9 de noviembre de 2017

Alejandro Arroyo Cano

'Equss' es una muestra de aquello que puede pasar cuando un trastorno no es tratado a tiempo.


Les contaré la historia de un muchacho que sentía una infinita atracción sexual y religiosa por los caballos. Aunque la premisa parece obscena y desatinada, es el resultado de una alteración en el aparato psíquico del individuo, debido a experiencias traumáticas que no fueron superadas en su debido tiempo. Para iniciar convendría aclarar algunos términos que se enlazarán durante el texto. El primero es la zoofilia; según la RAE es un «amor a los animales», aquí no implicaciones sexuales o de trastornos psicológicos. Por su parte, el especialista Eusebio Rubio Aurioles, en su libro Antología de la sexualidad humana, comenta que «las parafilias son formas de conducta erótica en donde los métodos por los que se consiguen la excitación sexual tiene una estructura de vinculación en la que el componente interpersonal de vínculo no está presente o bien, se encuentra presente pero en forma desbalanceada».


La obra dramática Equus, inicia cuando Hesther Salomon va a buscar al psiquiatra Martin Dysart porque necesita de su ayuda. Un joven de 17 años dejó ciego a seis caballos sin alguna explicación lógica. Desde luego, teniendo una formación académica sobre la psique del hombre, el doctor Dysart intuye que se trata de una desviación sexual o parafilia. Pero el tratamiento y estudio del caso no se puede fundar exclusivamente de suposiciones. Se debe seguir una metodología que revele el génesis del problema, la fuente primaria que desencadenó este acto.



El primer acercamiento con Alan, el paciente, es desastroso. Él repele todos los intentos de interacción y agrede al doctor cada vez que intenta llegar a la raíz del asunto. Dysart no tiene otra opción más que ser sigiloso en su investigación y conocer a Alan a través de terceras personas; ahora además de ser doctor funge como detective. Al investigar un poco entre amigos y familiares, descubre que el joven, con una fascinación hacia los caballos, creció bajo el fervor religioso de su madre, quien le leía relatos bíblicos durante su infancia. También descubrió su falta de interacción con otros chicos de su edad y el primer encuentro con un jinete que desató un gusto por los caballos.


Con estos descubrimientos el psiquiatra comenzó a conectar los hechos y sacar sus conclusiones. De nuestra parte también podemos comenzar a teorizar sobre lo que pasa con Alan y convendría primero conocer la influencia de la madre en su vida.

Según la teoría psicoanalítica, la identificación primaria es la forma más primitiva de lazo afectivo con un objeto de deseo. En el caso de todas las personas, el primer deseo que tienen es hacia su madre, a pesar de ser incestuoso. Este complejo edípico lo rompe la figura paterna, marcando lo límites o normas al niño. En esta historia sabemos que el padre de Alan fue una figura de autoridad que siempre le marcó el camino por seguir. Es evidente que él cortó de tajo la pulsión de incesto, aunque la admiración restante hacia la madre se convirtió en una fijación en lo único que podía recibir de ella; su ferviente inclinación hacia la religión.



Ya tenemos una posible respuesta a la fascinación de Alan por la religión, ¿pero qué hay de la parafilia?

El filósofo Friedrich Schiller dijo que lo siniestro es lo que debe permanecer oculto, pero por algún motivo sale a la luz. En la mente de las personas, el inconsciente es la habitación donde se reprimen y ocultan todas las pulsiones que no son aceptadas social y culturalmente. Pueden ser deseos incestuosos, dañar a otros o un fetichismo sexual. En ocasiones esta energía psíquica es tanta que se libera de la prisión que lo contenía. Cuando esto pasa, el individuo sufre un desorden psíquico que suele llamarse psicosis.


Al ser consciente de esta teoría,
Dysart se empeña en revelar el hecho traumático que pudo desencadenar las reacciones de su paciente, es ahí cuando descubre el rol de Jill Mason, una muchacha que trabajaba con Alan y que comenzó a cortejarlo pero tras un accidente cortó toda relación con él. Lo que sigue en la obra teatral es el acercamiento del doctor con el enfermo mediante una pastilla de la verdad, que no es más que un placebo. Al ingerir la medicina, Alan comienza a revivir aquel episodio traumático.



Una noche, Jill sedujo a Alan para salir de noche. Ambos entran a un cine pornográfico donde el chico se excita con la imagen de una mujer en la ducha. De pronto descubre que su padre también está en la sala; aquí se desencadena un momento de intensa incomodidad que termina frustrando el deseo sexual de Alan y lo obliga a salirse de la sala. Él y Jill llegan a un establo a liberar la tensión sexual que hace unas horas estaban gozando.

Jill y el muchacho se quitan la ropa y cuando se disponen a tener relaciones, Alan se paraliza al escuchar el sonido de los caballos. Alan enloquece y comienza a pedir perdón al espíritu equino (Equus). Jill sale corriendo del lugar pensando que su compañero está fuera de control.


Al saber esto,
el psiquiatra
entiende la reacción de Alan y su fijación por los cabellos. Todo inicia con su familia y su represión cultural y religiosa. Después está su primer encuentro con un jinete, el cual marcó su vida. Lo que desvió su deseo sexual fue el hecho traumático de descubrir a su padre en el momento exacto que se estaba excitando viendo a una mujer. Ese momento frustró su pulsión y tuvo que orientarla a otro lugar. ¿A dónde? En la única experiencia placentera que tuvo, que fue en compañía de un caballo.



De esto se trata Equus, escrita por Peter Shaffer en 1972. Por la temática psicológica, la historia fue causa de polémica y censura en algunos momentos. Nosotros te la presentamos porque tiene un argumenta cuidado que nada tiene que ver con lo vulgar o absurdo; es una muestra de aquello que puede pasar cuando un trastorno no es tratado a tiempo.


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TAGS: Psicología Teatro Problemas
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