La identidad del mexicano: maíz, fiestas, mariachi, tequila y, por supuesto, el muralismo. Corriente que fue sumamente importante en el arte de nuestro país. Del muralismo nacieron los grandes pintores que tuvieron éxito en el mundo entero y nos posicionaron como un país que también podía hacer grandes cosas en el terreno de la pintura.
Existe un antes y un después del arte muralista. Los pintores que fueron precursores al movimiento y los que heredaron el camino ya establecido. El arte en México antes de ellos tenía una ideología colonial, que trataba de representar a los mestizos y la integración de las tradiciones adoptadas, como el catolicismo, la adoración a cristo y nuevos trajes y ropas que ahora hacíamos parte de nuestra nación.
A pesar de la independencia, el arte continuó con las tradiciones europeas pero los temas indígenas poco a poco dominaron el campo y nuevos pintores surgieron. El siglo XX fue el siglo de las artes en nuestro país: Manuel Rodríguez Lozano y el Dr. Atl, junto al grupo de teatro de Los Ulises, liderado por Antonieta Rivas Mercado comenzaron el siglo.
Todo parecía dicho y hecho hasta que en los 50 y 60 otros artistas como José Luis Cuevas, Rafael Coronel y Juan Soriano, incorporaron paradojas visuales y dejaron el realismo de lado. Ellos heredaron un nuevo ritmo, una nueva composición y estética. Las letras se convirtieron en un referente fundamental en la cultura mexicana y el premio Nobel de literatura, Octavio Paz, era ya un reconocido escritor y poeta, junto a Carlos Fuentes y Juan Rulfo.
Más tarde, el neoexpresionismo apareció en México y otros artistas fueron el foco de atención, con el zacatecano Manuel Felguérez como principal representante. Formas abstractas, trabajos no figurativos, con colores y contrastes.
Más movimientos surgían y las propuestas se volvían cada vez más intensas y menos enfocadas al realismo indigenista que tanto posicionó al país. Las propuestas visuales nos enseñaban cada vez más del arte, tanto global como nacional. México ya no era un mundo aparte sino un todo con el mundo. Se hablaba de lo que los otros países hablaban y los estilos se adaptaban.
Helen Escobedo fue una de las primeras en preocuparse por la ecología y el urbanismo. Sus esculturas se convirtieron en un referente de la cultura mexicana. Entendió los espacios y la importancia del espectador en la obra de arte. La Ciudad Universitaria se plagó de sus hermosas esculturas y aún podemos ver su escultura “Puertas al viento” en la Ruta de la Amistad en Cuemanco, Periférico.
Propuestas que conjugaban video y arte nacieron, con la máxima representante Pola Weiss, considerada en Francia como la videoasta más importante de América y quien presentó más de 46 exposiciones en el extranjero.
Francisco Toledo comenzó a jugar con las formas y la experimentación con nuevas técnicas de lo mexicano, las tradiciones oaxaqueñas, la estética de la naturaleza y los animales, para crear criaturas antropomórficas en papalotes, grabados, máscaras, pinturas y piezas de joyería.
Y así, el arte mexicano se convirtió en una caja de zapatos con la propuesta de Gabriel Orozco, el artista mexicano vivo más importante.
Ahora que conoces un poco más sobre la historia del arte en México, quizá quieras saber más sobre el Dr. Atl, Julio Galán o Pola Weiss, artistas no tan conocidos pero sumamente importantes en nuestro arte.
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