Fotografías de hombres que no quieren ser mujeres perfectas

La identidad es una búsqueda inacabable por entendernos en el mundo. Tal vez nunca estemos completos y estamos de acuerdo con eso, pero sin duda necesitamos bases, guías y normas que internamente nos definan -aunque sea un poco y aunque nadie más las entienda-. A los 17 años nos obligan a escoger una profesión de por vida, después un empleo en el que nos desarrollemos como se espera de nosotros; después que tengamos una familia, pues supuestamente ése es el sueño que todos tenemos desde pequeños. Esto es sólo una parte del gran catálogo de cosas fuera de nuestro control.

¿Cuándo defines quién eres? En la calle Christopher, en el corazón de la ciudad de Nueva York, caminan las personas que se encontraron, ya sea desde la infancia, cuando jóvenes e incluso ya como adultos con familias. La cuna del movimiento LGBT, que a finales de los años sesenta luchó violentamente por darse a conocer y respetar su dignidad, vive ahí y hoy se encuentra en peligro. Por eso el aclamado fotógrafo Mark Seliger, quien vive a unas cuantas calles de Christopher Street se dedicó a retratar esa comunidad y sobre todo a la transexual que vive, trabaja, sueña y mantiene vivo el sueño en una línea de concreto que va del río Hudson a la sexta avenida.

“Me di cuenta que todos tienen una historia de trans, que ser trans es algo que nos afecta a todos”.
-Mark Seliger

A principios de 2016, Barak Obama declaró a Christopher Street, por los atentados sucedidos décadas pasadas, como la cuna del movimiento LGBT y aunque el lugar continúa siendo un referente a nivel mundial, el monstruo de la gentrificación está atacando a dicha cultura. Las sex shops, refugios y apartamentos en los que muchas personas llegaban de todo el país huyendo de la homofobia que vivían en sus comunidades, hoy se convierten en restaurantes boutique, tiendas de ropa exclusivas y departamentos de lujo.

La gentrificación está regresando a hombres y mujeres trans al infierno que vivieron en el pasado. La homofobia comienza a reinar en Christpher Street. La otredad, difícil de aceptar para muchos, representa un peligro y por eso aunque la comunidad LGBT sea la verdadera dueña de estas calles, comienza a ser violentada y desplazada. El proyecto de Seliger es más que documental, no busca capturar los últimos momentos de un reinado en la calle, sino darle el valor que se merece. No es luchar contra el cambio, sino de respetar a una comunidad que apenas comienza a levantarse ante el mundo exigiendo derechos, aceptación y paz.

Christopher Street es un ícono de la valentía, de la aceptación y la libertad. No desean imponer ideologías. Simplemente quieren que se les permita ser. Ni heterosexuales, gays, lesbianas, transexuales o algo más; son seres humanos que viven, trabajan, ríen, bailan y construyen el mejor futuro para ellos y sus seres amados. Muchas de las personas que llegan a Christpher Street tienen que comenzar de nuevo. Desde Mahayla (en la imagen de arriba), hasta Bree (imagen de abajo), quien después de años casada con su esposa decidió operarse. Hoy Bree usa un nuevo cumpleaños, pues para ella representa una nueva vida en la que realmente es feliz.

Las miradas confrontan la cámara, la poseen y establecen su identidad. “Aquí estamos”, dicen sin mover los labios. Identidades únicas que no buscan la condescendencia o empatía, sino la real aceptación de su persona. Aceptar la otredad y la diferencia es el primer paso para terminar con el odio y la violencia. Nueva York, ciudad progresista desde su fundación es la bandera y el ejemplo de todo un país. Ahí, en el nido de un movimiento que apenas emerge en otros países, es donde se debe demostrar que somos capaces de dialogar y convivir.

La fotografía siempre ha sido un motor para el cambio. Desde su inicio como experimento tecnológico, hasta su paso por el arte. Hoy continúa siendo un medio de expresar la realidad, desde lo más crudo hasta lo más creativo. Nunca dejes que la imagen congelada te engañe y aprende a leer correctamente lo que tus ojos muchas veces ven, pero no observan.

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Fuente:
New Yorker, New York Times, Dazed

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