“eventualmente
todos
van a dejarme.
yo voy a dejar
a todos.
todos van
a dejar
a todos”.
—Diario, febrero 27
Perderse a sí mismo en el proceso de amar a otra persona es despojarnos de todo lo que nos pertenece, poner nuestras vidas en las manos del otro esperando cobijo y vivir solamente para y por alguien. Todo parece estar bien hasta que llega el momento de decir adiós, entonces todo se oscurece; el desertor toma sus maletas y empaca en ellas nuestras entrañas, recuerdos, tiempo y esencia; lo miramos alejarse hasta cruzar la puerta y cuando se cierra detrás de ella nos cae como balde de agua fría la más cruda realidad, y es que estamos absolutamente vacíos, aunado a la agonía habitual de la ruptura amorosa, nuestra identidad ha desaparecido por completo y al mirarnos al espejo vemos un ente sin rostro y desalmado en el reflejo.
Cuando a Hsin Wang le hicieron trizas el corazón, le siguieron las viejas preguntas ‘¿qué hice mal?’, ¿en qué me equivoqué?, ¿qué hay de malo conmigo?’, únicamente para encontrarse con un callejón sin salida de respuestas inexistentes. En el proceso de duelo, viene la inevitable necesidad de renovarse, dejando atrás hábitos, rasgos y creencias, complaciendo a los otros y pensando que el cambio nos traerá felicidad y nuevos pretendientes. “De-Selfing”, le llama Wang, fotógrafa taiwanesa que a través de sus retratos recogió cada una de sus piezas, recuperó su voz y su confianza.
Es un proyecto fotográfico que fungió como proceso catártico para Wang, que captura la agonía de la ruptura amorosa en melancólicas y bellas imágenes. De alguna manera, “De-Selfing” nos recuerda que incluso en los corazones rotos se puede encontrar la belleza, y que sirven de abono para más tarde brotar en las más bellas flores de nosotros mismos.
Conoce más de Hsin Wang en su página web.
***
Te puede interesar:
Las sutiles y descaradas fotografías de una mujer desnuda
Señales que indican que la soltería es lo mejor que te puede pasar
