Las cruces de color rosa ubicadas en la que es considerada la localidad más violenta del mundo, Ciudad Juárez, han perdido el sentido. Estos símbolos pedían justicia por la desaparición y muerte de cientos de mujeres en la zona fronteriza con Estados Unidos, pero ahora sólo se trata de otra parte del paisaje. Desde hace 20 años las historias sobre jóvenes asesinadas en Chihuahua se han esfumado al igual que su rastro; hoy sólo quedan las descripciones que muchas madres dan sobre cómo vestía su hija la última vez que la vieron.
Violadas, secuestradas y asesinadas, así aparecen cientos de mujeres entre las fauces del feminicidio. La desdicha pinta a Ciudad Juarez de rosa, por las cruces, y de rojo, por la sangre derramada. En esta localidad, acostumbrarse a perder a una joven más no es tan complicado, pues todos los días las mujeres corren riesgo de ser capturadas, acosadas y asesinadas durante la caminata a su escuela o trabajo.
“La ciudad más peligrosa del mundo y la peor para ser mujer”, ésa fue la etiqueta que la famosa y real historia de “las muertas de Juarez” le dio al lugar. Entre los proyectos y medidas que se han tomado desde hace años para denunciar y contrarrestar el número de feminicidios, está el de Mayra Martell. Esta fotógrafa se adentró en la localidad mexicana para retratar algunas de las habitaciones vacías de la mujeres que nos arrebataron.
A pesar de las desoladoras cifras, el feminicidio no está tipificado como delito en el Código Penal de Ciudad Juarez y ésa es una de las principales razones por las que esta pesadilla no se acaba. La periodista madrileña Elena Ortega decidió viajar a la localidad mexicana par contar la historia de las muertas de Juárez, cuando terminó el proyecto quedó sorprenda por la normalidad con la que los mismos residentes perciben y asumen que otra joven desapareció.
Las habitaciones de aquellas que nos arrebataron son una denuncia visual para exigir que se garantice el derecho a la justicia, la vida y la dignidad para las mujeres de este lugar. Parece absurdo tener que luchar para ganarse el derecho a la vida, pero en este rincón, ése es un lujo que no todas tienen la suerte de conservar.
Las fotografías de Martell son el reflejo de una realidad que todos conocemos y con la que nadie quiere lidiar. Esos espacios vacíos pertenecen a las mueres que nunca regresaron a casa, a las que no volverán a ver a sus hijos y de las que sus familias no sabrás nada más. Volver con bien a su hogar se ha convertido en un sueño que cada vez es más común perder; a pesar de los esfuerzos e intentos por encontrar a los culpables los feminicidios en Juárez son como una plaga imparable.
Los recuerdos de todas las mujeres que ahora son sólo polvo y huesos, quedaron atrapados entre cuatro paredes vacías. Su ausencia duele y pesa sobre los hombres de familias y en general, sobre todas las mujeres que despiertan, sueñan y viven con miedo. Mayra Martell fue la valiente fotógrafa que se atrevió a documentar la decadencia de este lugar a través de la ausencia. Cada uno de estos retratos son un sólo ejemplo de la batalla perdida que las mujeres de Juárez luchan todos los días,
Todos los cuartos, objetos y fotografías que aparecen en estas imágenes son parte de los recuerdos que Martell capturó para crear “Ensayo de la identidad”. Este proyecto fotográfico tiene la intención de difundir la desaparición de una cifra de mujeres que hasta la fecha se desconoce. Durante el 2005 y hasta el 2010 esta fotógrafa se dedicó a encontrar a los familiares de algunas niñas, jóvenes y adultas desaparecidas para retratar las habitaciones vacías en Ciudad Juárez de las mujeres que nos arrebataron.
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Imágenes:
Mayra Martell
