Mayo fue el mes del Primer Encuentro de Arte: género y diversidad sexual en Casa Coyoacán. Exposiciones como Miradas Cruzadas por Julia Antivilo y Jaime Luján; Good nigth my love de Bruno Bresani y Adriana Raggi, y Lotería de género de la colonia Guerrero por Exilio Colectivo y Diafragma 82, fueron presentadas en la sede principal de la Fundación Pedro Meyer.
“En la Fundación hemos notado el gran interés de los integrantes de nuestra comunidad por temáticas como el feminismo, los roles de género, la diversidad sexual, la construcción del cuerpo y las identidades, entre muchas más. De esta forma nace el deseo de dar a conocer a nuestro gremio, alumnos, tutores y público en general, mayores herramientas para la reflexión y creación visual, por lo que organizamos este breve ciclo de exposiciones, conferencias y mesas redondas acompañadas de la exhibición de piezas fotográficas vinculadas a estas temáticas”, comenta Xavier Aguirre, director de Casa Coyoacán.
La conferencia inaugural estuvo a cargo de Francesca Gargallo, escritora y académica feminista, quien nos ofreció un panorama de las mujeres artistas del siglo XX en México. Centrándose en las artes plásticas, Francesca puso énfasis en la forma en que los discursos visuales se convertían en políticos, expresando las ideas del feminismo.
La primer mesa redonda de la jornada estuvo dedicada a aquellas etapas del proceso artístico que no están directamente vinculadas a la creación: la gestión, la investigación y la difusión. Formaron parte de ella Liz Misterio, directora de la Revista Hysteria; Salvador Irys, director del Festival Internacional por la Diversidad Sexual y Julia Antivilo, artista e investigadora del Programa Universitario de Estudios de Género (UNAM). Además de compartir su experiencia personal en el desarrollo de proyectos, la discusión se centró en los retos que enfrentan los gestores y difusores de la cultura, así como la importancia que tiene la formación de comunidades de creadores.
La última mesa redonda fue armada y dirigida por Adriana Raggi y Bruno Bresani, integrantes del colectivo Las Disidentes. En ella participaron: Viviana Rocco, Benjamín Martínez, Mirna Roldán y Poncho Castañeda. Todos ellos son artistas cuyo proceso creativo gira en torno al cuerpo, la sexualidad y el género. Exploran cada tema en distintas vertientes, desde su vida familiar, hasta el mestizaje y su interpretación en la historia mexicana. Estos creadores también tienen en común la investigación sobre el gozo y el cruce de distintas disciplinas artísticas como la fotografía, el performance, video, cabaret, entre otros.
En primera instancia, Miradas Cruzadas es un trabajo fotográfico, al que sus autores, Julia Antivilo y Jaime Luján, definen con la palabra yámana: Mamihlapinatapai, (originaria del finis terrae de América) que significa “una mirada entre dos personas; cada una de ellas espera que la otra comience una acción o una conversación que ambos están deseando, pero que ninguno se anima a empezar”, fue uno de los proyectos exhibidos durante este ciclo al que asistieron alrededor de 70 invitados.
En palabras de los autores: “todas las personas que hemos retratado en Miradas Cruzadas, ponemos el cuerpo a las fugas de la heteronorma, desaprendiéndola a diario y construyendo otros cuerpos, otros deseos, otras familias, cabareteando los géneros, desafiando las normas escritas y no escritas que amparan la homofobia, la lesbofobia y la transfobia”.
Los artistas Bruno Bresani y Adriana Raggi expusieron su proyecto titulado Good nigth my love en el que invitan a la reflexión sobre la violencia de género y cómo ésta se desarrolla y destruye en la intimidad, en la oscuridad cotidiana. La manera en que esta obra llama la atención del espectador es a través del sonido y el color. Mientras escuchamos la voz de una mujer que grita una serie de ofensas después de que Bresani dice: ¡buenas noches!, nuestra mirada enfoca imágenes desbordantes de color. “Escuchar la voz agresiva de esta mujer es escuchar la violencia en la voz de una mujer que se supone debe ser femenina, y es, según las ideas generales del género: no violento”, cuenta Bresani.
Una anécdota singular surge el mismo día de la inauguración de esta serie fotográfica pero de 2008: Bruno Bresani fue denunciado ante las autoridades españolas por agredir a su novia, la policía lo arrestó y fue trasladado al ministerio porque su exnovia lo acusó de violencia de género.
Los policías lo interrogaron, y concluyeron, basados en varios factores, que la denuncia era falsa, que por el contrario, la violencia fue infligida hacia él. Pero él no pudo hacer nada ya que las leyes españolas sólo protegen a la mujer en caso de violencia. Adriana Raggi comenta al respecto que: “uno de los problemas de las leyes que se utilizan para defender a las mujeres de la violencia es que son solamente un síntoma de un problema más profundo, la violencia está arraigada en la base de nuestra existencia: las reglas de género”.
Por su parte, la serie Corre y se va con: la suerte del guerrero, es un trabajo fotográfico realizado por Diafragma 82 y Exilio Colectivo, integra 27 retratos de personajes del barrio de la Colonia Guerrero, en las entrañas de la ciudad de México. La muestra ofrece una selección fotográfica con el formato del juego tradicional mexicano de la lotería, haciendo un recorrido visual a través de algunos de los oficios que se practican en aquel barrio: desde una mirada crítica y a la vez lúdica, los fotógrafos abordan un claro posicionamiento sobre el concepto de género y se plantea una reflexión sobre los roles que habitualmente se muestran en la vida cotidiana del barrio.
En su célebre obra “El segundo sexo” (Francia 1949), Simone de Beauvoir denunció: Una no nace mujer, sino que llega a hacerlo. De la misma forma, esta generación de artistas coincide en tanto que revelan a través de sus imágenes, audios y actuaciones, el condicionamiento a la heteronormatividad, es decir: a ser encasillados en dos categorías opuestas (femenino-masculino). Mediante sus obras, nos llevan a reflexionar sobre la diversidad sexual. Cada uno de sus trabajos parte de la idea de la reconstrucción de esas identidades estancadas que están allí, coexistiendo enmascaradas por el qué dirán. Nos invitan a la reflexión: la diversidad sexual debe quedar enmarcada en el respeto, el consentimiento mutuo y la responsabilidad.
