
En el año de 1908, Chanteloup-en-Brie, Francia vio nacer a quien sería la mirada del siglo XX. Artista de nacimiento, sensible y crítico a la vez, Henri Cartier-Bresson tuvo una enorme pasión por la pintura desde muy joven y durante la década de los 20 dedicó mucho tiempo a su obra, que fue influenciada por los surrealistas. Su interés por la fotografía existió desde su juventud, sin embrago, estudió pintura y literatura en la Universidad de Cambridge; no fue hasta 1932 que descubriría la cámara Leica M9, y con ella una ferviente pasión por la fotografía.
Ahora bien, ¿de dónde surge el cambio de la pintura a la fotografía?, se dice que sus viajes a África y ese enfrentamiento al exotismo comparado con la tranquila y cosmopolita vida parisina, hicieron que buscara una forma más ágil de representar la realidad: «…El aventurero en mí se sintió obligado a testificar, con un instrumento más rápido que el pincel, la cicatrices del mundo.» Así pues, Henri comienza tomando fotos de lugares, personas y eventos que llamen su atención, pero sobre todo, busca historias más profundas que los grises de las fotos.
Influenciado por los surrealistas en París, Henri asiste a algunas reuniones en torno a André Breton, que se celebraban en los cafés de la Place Blanche. Y con ello guardaría en su estilo emblemas de la corriente surreal; sin embargo, el fotógrafo no se limita a este tipo de creación, sino que ser surrealista forma parte de su visión. El espíritu revolucionario, el atrevimiento, el placer de deambular en lo urbano, su facilidad de atrapar el azar y la acogida del inconsciente, son elementos característicos de su obra.
Con el tiempo, fotografiar París ya no era suficiente para Henri, así que, motivado por contar historias y buscado por su talento, realiza distintos viajes alrededor del mundo. Por lo anterior, cabe resaltar su viaje a México en 1934, donde durante un año, su cámara lo acompañó a capturar los alrededores del país, la vida cotidiana y pedazos de un lugar auténtico, que destaca por bizarro y diverso, ¿cómo el surrealismo mexicano no podría seducirlo? Así pues, se involucró con la práctica del foto reportaje como parte de su trabajo documental. Y en 1935, sus fotografías se exponen junto con las de Álvarez Bravo en el Palacio de Bellas Artes de México.
«La tarea del fotógrafo no consiste en demostrar nada acerca de un hecho humano. No somos publicistas; somos testigos de lo efímero.»
«La fotografía es un medio de interrogar al mundo y, al mismo tiempo, de interrogarse a uno mismo».
En febrero de 1947, Cartier-Bresson se convierte en cofundador de la agencia Magnum, que apostaría por ser una de las líderes mundiales del foto reportaje, buscando quitar lo subjetivo del periodismo. Henri se hace reportero y algunos de sus proyectos más significativos fueron registros de sus viajes. En 1948 registró los últimos días de Gandhi, fue testigo de la transición del sistema Kuomintang en China y de los primeros seis meses de la vida del país como República Popular, estuvo presente en el proceso independentista en Indonesia, fue el primer fotógrafo periodista al que se le permitió visitar la Unión Soviética tras fallecer Stalin, y viajó a Cuba terminada la Crisis de los misiles. Tras muchos viajes a Estados Unidos, España, Suiza, Turquía, Hungría, Canadá o Europa del Este durante 1965, pasa varios meses en Japón. Asimismo, tuvo el privilegio de retratar a personajes como Ernesto “Ché” Guevara, Henri Matisse, Edith Piaf, Pablo Picasso, Camus, Sartre, Truman Capote, Coco Chanel, entre otros.
«Fotografiar es colocar la cabeza, el ojo y el corazón en un mismo eje».
Más que crear reportajes a través de la fotografía y del cine, Cartier-Bresson fotografió a lo largo de varios años temas comunes en los países que visitó. Estas imágenes, que ahondan grandes hechos históricos y algunas cuestiones sociales de la segunda mitad del siglo XX, no se pueden limitar a constituir sólo fotos, sino que son legítimos análisis. Henri no se deja presionar por las agencias, por su entorno o por una tremenda necesidad de generar material, en cambio su obra es mucho más ambiciosa. Dichos análisis, que derivan en indagaciones, son descritas por él como una «combinación de reportaje, filosofía y análisis (social, psicológico y de otros tipos)», son una herramienta de la antropología social, llamada antropología visual, que se basa en usar imágenes como instrumentos para la observación y descripción del acontecer humano. La obra de Henri Cartier-Bresson revela mucho más que un fotógrafo y deja entrever a un hombre acuñado por su amor al arte, por horas dedicadas a la lectura, por el gozo de ser espectador de la vida, y por el arte de narrar.
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