
Ellos se conocieron a finales de 1920 y principios de 1930 en la Residencia de Estudiantes de Madrid, en donde compartieron techo con otras personalidades como Pablo Picasso o Federico García Lorca. De la amistad y empatía entre Buñuel y Dalí nació una de las colaboraciones épicas, tanto en la historia del cine como en la del surrealismo: El perro andaluz.
Dalí se encontraba fascinado con el dadaísmo cuando conoció a Picasso y Lorca, pasarían tan solo un par de años, en 1929, para que el pintor conociera el proyecto de Luis Buñuel; rodar una película basada en un sueño que tuvo, una nube que corta a la Luna paralelamente a una navaja que corta un ojo. Dalí lo complemento con otra visión onírica, una mano de la cual brotaban cientos de hormigas. Ambos personajes crearon el guión con la premisa de no darle un sentido o coherencia, así nació El Perro Andaluz.
Buñuel y Dalí tuvieron una proyección mundial a partir de ese momento, e intentaron reunirse para improvisar más ideas cinematográficas, como la edad de oro, otro filme surrealista, pero Buñuel se sentía más atraído por ideas más terrenales además de que había tenido algunos roces con Gala, la nueva pareja de Dalí.
Y así fue como esta fugaz y apasionada amistad dejó un legado de un par de icónicas películas. Las carreras de ambos artistas fueron brillantes; Dalí se mantuvo fiel a su esposa Gala durante toda su vida y Buñuel se desarrolló como un director de culto en México.
¿Qué hubiera pasado si nunca se hubieran separado?
En portada: Art.com
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