
Con una estructura complicada, sus novelas resultan en un gran párrafo en el que el lector debe separar los diálogos, las voces, los tiempos y más, creando un texto literario único, pero que al ser comprendido fluye de tal manera que es imposible detenerse excepto para entender esas profundas indagaciones que abundan en el libro. Estos son cinco libros que sirven de introducción a uno de los artistas portugueses más importantes de la historia. También es un compilado de textos que te revelarán otras verdades acerca de lo que conoces acerca de temas como el amor, la vida, la felicidad y muchos de los esenciales elementos que nos hacen humanos.
“El Evangelio según Jesucristo” (1991)
“Tiene una herida en el alma y, no permitiéndole su naturaleza esperar que la sane el simple hábito de vivir con ella, hasta llegar a cerrarse esa cicatriz benévola que es no pensar, se fue a buscar por el mundo, quién sabe si para multiplicar sus heridas y hacer con todas ellas juntas un único y definitivo dolor”.
Ateo hasta la muerte, Saramago se interesó en la vida religiosa desde un punto de vista social, humano y filosófico. Por eso este libro incluye fuertes críticas a la “historia oficial”. No es que él haya investigado fuentes oficiales para su ficción, más bien decide contar una travesía memorable acerca de Jesucristo y su padre terrenal. Tal como la Biblia deja fuera muchas cosas sobre la vida de José, el escritor recupera esta figura e imagina a un hombre atormentado por el miedo, la culpa y la incomprensión. Posteriormente plasma el trayecto de un Jesús mucho más humano enfrentándose a la idea de que de alguna forma es un Dios y un hombre. Un tratado espectacular acerca del nacimiento de la religión cuya influencia abarca gran parte del mundo y cuya moral es altamente cuestionable.
“Ensayo sobre la ceguera” (1995)
La más famosa obra de Saramago es un análisis de la identidad humana y la contradicción. Uno de los sentidos más apreciados es la vista, por lo que hacer a todo un país ciego transforma radicalmente el pensamiento de la gente, además los brinda de una ceguera blanca, por lo que la ironía es aún más grande. No es un abismo, un vacío o un vórtice; es dotar a la vista con tanta luz, que eso te ciega. La novela le sirvió al escritor para hacer una profunda crítica a la sociedad actual, a las formas de egoísmo y violencia que somos capaces de demostrar ante la menor provocación, por lo que al finalizar el libro es probable que tu percepción sobre la gente con la que convives todos los días cambie de manera drástica.
“Todos los nombres” (1997)
La vaguedad de la vida, la alienación contemporánea y más cuestiones personales son tratadas en uno de los mejores libros del escritor. Con una premisa kafkiana, Saramago introduce a Don José, el único nombre mencionado en la novela y quien trabaja en La Conservaduría General del Registro Civil. Gracias a él se presentan reflexiones profundas acerca de lo que nos hace “únicos” como personas, desde algo tan superfluo como un acta de nacimiento, hasta el nombre que otra persona impone para nosotros y al que se espera que honremos toda la vida. La acción gira en torno a una mujer que Don José encuentra en forma de imagen impresa y por quien no descansará hasta dar con su paradero físico, creando así una especie de construcción paralela entre lo ideal y lo real.
“Las intermitencias de la muerte” (2005)
“La muerte por sí misma, sola, sin ninguna ayuda exterior, siempre ha matado mucho menos que el hombre”.
El libro abre anunciando que al día siguiente, nadie murió. Sin explicación, sin una previa muestra de la consecuencia de un científico o un poder divino; simple y sencillamente la muerte paró sus labores en una nación no mencionada y con eso quitó lo único que es seguro en la vida. Ancianos incapaces de hacer algo no pueden descansar, agonizantes accidentados sufren siempre una hora más; sobrepoblación, escasez de alimentos, contrabando, intentos de asesinatos y más. Saramago buscó todos los escenarios imaginables en caso de que la muerte abandonara la vida y gracias a eso nos deja con uno de sus textos más profundos, un libro que muestra que la muerte no siempre es mala, pero sí necesaria.
“El año de la muerte de Ricardo Reis” (1984)
“Y me pregunto, qué diferencias químicas habrá entre una lágrima de tristeza y una lágrima de alegría”.
Ricardo Reis es uno de los muchos heterónimos que el escritor Fernando Pessoa usó a lo largo de su vida. Saramago utiliza a este personaje ficticio, le da una nueva vida y lo regresa de Brasil a su pueblo natal para buscar su verdadera identidad junto al fantasma de Fernando Pessoa, con quien eventualmente mantiene una serie de conversaciones artísticas y filosóficas. Un tributo a uno de los escritores más importantes, pero también una forma original de creación literaria que en realidad son lecciones magistrales acerca del amor y el tiempo.
Saramago fue una de las mentes más introspectivas de la literatura del siglo XX. Desde sus poemas, sus novelas e incluso sus anotaciones personales demostró que la ficción no es ajena a las grandes cuestiones humanas. Un romántico apasionado cuyos textos serán recordados como los más importantes en un género incapaz de construir. No se lee a Saramago por ser famoso, se lee a Saramago pues en cualquier momento de duda, parece tener todas las respuestas.
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