96% de acierto

96% de acierto

96% de acierto

Encerrado en mi habitación

azul celeste

escucho un ligero tic tac

tic tac tic tac

No hay ningún reloj

y la desidia me persigue subida en unos tacones

rojos.

Las gaviotas se enfurecen con las olas,

un niño pequeño se burla de otro

y su madre lo regaña y le pega

un bofetón.

Los médicos se niegan a operar

para no emborronar

su 96% de aciertos.

Los escritores ya no escriben,

los editores no quieren publicar.

Dios está muerto hace ya mucho tiempo

y la suerte

no quiere tener

nada que ver

conmigo.

La tarde se desembaraza de mí

y mientras la noche espera

tras el telón

para brindarnos otra

brillante,

oscura,

amarga

actuación, se desliza

por entre las sombras

la locura

y se mete en mi cabeza.

Enciendo otro porro.

Probablemente

nunca se sabrá si este es

un buen poema.

No se van a abrir los cielos

con una luz capaz de

resucitar

a los muertos,

no se va a rajar

en mil pedazos la tierra

inundándolo todo de fuego,

cucarachas

y hormigas.

No va a salir anunciado

en la primera edición de

las noticias:

“eh, amigos, por fin

Fefo

escribió un poema

decente”.

Lo más probable

es que la mayoría siga con sus vidas sencillas,

triunfales,

calculadas

sin dudas.

Tratamientos dentales financiados en dos

años,

tarjetas de crédito, corbatas, funerales,

cenas en marisquerías, colegios privados,

asesinato. asesinato. asesinato.

Yo seguiré ardiendo y estallando

como voladores el domingo de feria

viviendo de la misma forma

que comen los cerdos

encerrado en mi propia traición,

mi propio camino ilusorio,

laberíntico.

La conciencia es como los espejos

sólo reflejan algo si les prestas

atención.

Cada cual se construye su propio infierno.

No te dejes engañar,

la primavera no va a enseñarte a oler

las flores.

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