
Salí. El tiempo se encontraba desnudo, cubierto por un manto bordado con segundos olvidados y deseos que vieron de frente al vacío del silencio. Las huellas del camino se encontraban difusas, dando la apariencia de ser almas perdidas que luchaban por encontrarse. En medio de todo, la nada apareció, rodeando lo que tocaba con hielo negro y manecillas del reloj congeladas. Hasta el suspiro más leve debía hacer un esfuerzo agotador para abrirse paso entre tanta quietud. En esta realidad oblicua, los años se disfrazaban de segundos y los segundos jugaban a ser siglos, dejando que la vida colgara de un hilo entre la desnudez de la incertidumbre y el peso asfixiante del futuro, aparentando que una decisión, un paso y hasta la más simple palabra desencadenarían el resquebrajo total de la existencia.
Los árboles se incendiaban con el viento mientras el cielo se pintaba de colores con texturas hechas por pedazos de alma y carne. Al fondo se escuchaban voces huérfanas de cuerpos, haciendo creer que eran el eco de un pasado que no pudo ser. En la fila de espera, las decisiones postergadas aguardaban su turno para abordar el papel protagónico de la vida, siempre con la amenaza de llenar de culpa y remordimiento lo que antes estuvo en completa calma. No, aquí no cabían segundas oportunidades, ni consejos sobre la utilidad de saber exactamente hacia qué lado del camino continuar. Y las agujas del reloj eran como inyecciones letales que se clavaban en la memoria, construyendo un puente inacabado entre realidad y utopía.
Sólo cuando el tiempo se detuvo a fumar recuerdos y fantasías, los sentimientos empezaron a danzar en medio de lluvia y polvo. Todos los hubiera se juntaron para construir un presente mágico con rastros de pasado y pedazos de un futuro que fue, aún sin ser; dando paso a un coctel de adrenalina, llenando la atmósfera de luces y olores que recordaban el inicio de la humanidad. Entonces el caos se hizo calma y las revoluciones se detuvieron un momento mientras un torbellino hecho de agua y recuerdos arrasaba con todo rastro de sensatez y cordura, convirtiendo a la sabiduría en locura y al amor en un fuego inagotable que alumbraba los segundos de oscuridad.
Al final todo se redujo a aquel encuentro inesperado, lleno de drama y locura, que partió la existencia e hizo añicos los instantes. El mundo permaneció varado y el Universo tuvo que crear vida donde antes sólo habitaba la nada. Ellos siguieron sin importar que acabaran con todo a su paso. Aquel choque pasional no podía ser de otra forma: lleno de contradicciones y rasgos en común. Siguieron hasta que estuvieron a nada de serlo todo, hasta que tuvieron la vida a sus pies y su aliento estuvo a instantes efímeros de extinguirse. Siguieron hasta que el mundo se hizo diminuto, dejando para siempre en la memoria aquella aventura marcada por la ilusión y el deseo, con pasos que trazaron un camino en medio de toda la inmensidad, con una dualidad entre el sueño y la existencia.
