“Es vergonzoso, querido lector, que, con el tiempo que lleva usted tirándose pedos, no sepa todavía cómo se los tira ni cómo debe tirárselos. Acostumbramos a imaginar que los pedos sólo se diferencian por ser grandes o pequeños y que, en el fondo, son todos del mismo tipo: craso error”.Además de la experiencia onírica que Dalí ofrece a través de su obra y de los múltiples detalles tan peculiares sobre su vida privada, el oriundo de Figueras también merece un justo reconocimiento como uno de los grandes estudiosos del pedo. El hombre que se creía la reencarnación de su hermano muerto y que fue exiliado de la corriente surrealista, cuenta con uno de los estudios más detallados detrás de “el compuesto de ventosidades que sale a veces con ruido y otras en sordina, silenciosamente”.
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El debido proceso para catar el pedo nos lleva a una clasificación precisa, no definitiva, de aquellas ventosidades del ano, catalogadas y descritas por el propio Dalí:
- Los pedos vocales son aquellos naturalmente petardos, palabra que proviene del verbo petardear, donde el petardo es un estallido ruidoso, engendrado por vapores secos. Puede ser grande o pequeño según la variedad de sus causas o de sus circunstancias.
- Los pedos simples son aquellos que salen de golpe, solos y momentáneos, mismos que se forman cuando la materia se compone de partes homogéneas, cuando es abundante, la fisura es amplia o distendida, o a que el individuo es robusto.
- Los compuestos, también llamados diptongos, se caracterizan por ser golpes sucesivos y que van de estallido en estallido, que “recuerdan vientos continuos que se suceden unos a otros” y que suelen ser “más o menos como quince o veinte fogonazos seguidos”.
- Por su parte, los pedos mudos, o zullones, son aquellos que no tienen sonido y se forman a partir de una pequeña cantidad de ventosidades húmedas, y que pueden provocar tanto pedos secos como cagones. Los secos salen sin ruido y evidentemente no acarrean consigo materias espesas, mientras que los cagones siempre acarrean consigo un poco de materia líquida”.
Como Dalí advierte, es preciso que el lector no caiga en la trivialidad de los pedos y se deje guiar ciegamente por el humor que estos acarrean, puesto que resulta de suma importancia reafirmar el valor del pedo dentro de la sociedad, como interruptor de un silencio desagradable y detonador de una conversación placentera.“Que no se diga, tan injustamente, que la risa provoca el pedo y que es más bien motivo de desprecio y piedad que de una auténtica alegría; el pedo es de por sí un placer, independientemente de los lugares y de las circunstancias en que se produce”.Bastaría concluir entonces, compartiendo un juego propuesto por Dalí, que si bien entiende que podría ser mal recibido por una parte de la sociedad, resulta en un interesante ejercicio de apreciación del pedo.“Uno de los juegos más encantadores que conozco consiste en recibir un zullón en la mano, en acercarla a la nariz del o de la compañera de cama y hacerla adivinar de qué tipo es y qué gusto tiene el pedo”.***Salvador Dali. (1964). Diario de un genio. México: Tusquets Editores.
