En la Abadía de Westminster, en ese pequeño pero imprescindible espacio que conocemos como el “Rincón de los poetas”, se encuentra sepultado uno de los más grandes literatos ingleses que el mundo pudo concebir: Charles Dickens. Siguiendo su voluntad, los restos de aquel cuerpo que sostuvieron a tal maestría estética, se encuentran lejos de la Catedral de Rochester para yacer hoy en un sitio privilegiado por la mirada curiosa de los turistas intelectuales. Quizá tan curiosa como la que el mismo escritor desarrolló durante sus mejores años ante el hecho de la muerte irremediable. ¿A qué nos referimos con esto?
Las morgues de la época, como recintos de civilidad y divertimento sofisticado, eran capaces de atraer a 40 mil visitantes en un día. Se tiene registro de que entre los admiradores famosos y asiduos de tal pasatiempo se encontraban Émile Zola y Frances Trollope, figuras clave para el humanismo obsesionado con el deceso, pero Charles Dickens fue probablemente el más entusiasta. Quizás el que mayor belleza encontró en esta tradición y mejor estudioso resultó tras el hábito de sus visitas, pues cuentan, él mismo fue quien agitó la mera existencia de estos necesarios espacios. Muestra de ello es que cuando le pidieron escribir una denuncia por cómo trataban a los cadáveres en el hospital St. George, entonces a un costado del legendario Hyde Park, el autor de “Oliver Twist” no pudo más que fervientemente dar letra y sentido a algo que él consideraba despreciable: dañar a los difuntos.Dicha denuncia, fechada el 3 de enero de 1857, da testimonio exacto del importante papel que tuvo el literato en el famoso caso de “La casa de los muertos”, un escándalo en la historia inglesa que acabó con el hospital y dio origen a la primera morgue para guardar los cadáveres adecuadamente, arreglarlos con decencia y atender a los familiares.
También, siguiendo los análisis del investigador, Dickens bocetaba constantemente cadáveres y escenas de antropofagia voraz; sin mencionar que, de manera sistemática, en “Casa desolada” e “Historia de dos ciudades” el consumo de la carne humana se esconde detrás de situaciones legales, familiares, sociales y económicas. Según Stone, Dickens escribió varios artículos y ensayos sobre el canibalismo y sus visitas a la morgue de París, temas que nutrieron en todo momento la producción literaria del autor inglés. No está comprobado del todo que haya sido así o que la inspiración directa haya provenido de estas experiencias macabras, pero para escudriñar un poco al respecto, puedes leer ¿Cómo encontrar la perfección de la muerte en fotografías de la morgue? Y algunos Testimonios de lo que se siente estar muerto por unos minutos.