Sabes que estás enamorado cuando no quieres dormir por la noche,
porque tu vida real supera a tus sueños.
Soñamos ser uno
y despertamos como mitades perplejas.
John Galán Casanova
El hombre siempre ha buscado a su otra mitad para sentirse completo. Desea la comunión para ser uno sólo ser en el Universo. Esta unión se establece mediante un vínculo amoroso y sexual. En el mito del andrógino expuesto en El Banquete, de Platón, en concreto en el discurso de Aristófanes se muestra tal idea.
En la cual nuestra naturaleza de antaño no era la misma que la de ahora, pues existieron seres terribles dotados por los dos sexos, femenino y masculino, con una gran fuerza, arrogancia y vigor; elementos de los que se hicieron valer para atentar contra los dioses del Olimpo.
“Ni siquiera sé si me imaginas.
¿Me imaginas? Dímelo.
Dímelo. ¿Me imaginas
desnuda
desabotonada
detestable
me imaginas?
¿Piensas en mí cada noche?
¿Piensas en mí
como yo pienso en la muerte
en el mar
en las lúbricas golondrinas?”
—Luna Miguel
Era imposible extinguir la raza de estos enormes insolentes, así que Zeus tomó la decisión de cortarlos en dos por medio de un rayo, y de esta manera debilitar su fuerza. Ordenó a Apolo que le diera la vuelta al rostro y a la mitad del cuello en dirección al corte, para que, al contemplar su seccionamiento, el hombre fuera más moderado.
Una vez que la naturaleza de este ser quedó cortada en dos, cada parte echaba de menos a su mitad; se reunía con ella, se abrazaban la una a la otra, anhelando ser de nuevo una sola naturaleza; morían por hambre y por su absoluta inactividad, al no querer hacer nada los unos separados de los otros.
“Y diré las palabras que se dicen
y comeré las cosas que se comen
y soñaré las cosas que se sueñan
y sé muy bien que no estarás,
ni aquí adentro, la cárcel
donde aún te retengo,
ni allí fuera, este río de calles
y de puentes”.
—Julio Cortázar
“Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan”.
—Jaime Sabines
Cada vez que moría una de las mitades y la otra sobrevivía, buscaba otra mitad para abrazarse a ella, ya sea que se tropezara con la mitad de una mujer o con la mitad de un hombre y de esta manera perecían. Pero Zeus se compadeció e ingenió otro recurso: trasladó sus órganos genitales a la parte delantera para que así pudieran reproducirse los unos con los otros.
Este mito de origen griego expone la monótona realidad del hombre: la incansable búsqueda de su “otra mitad”, de su “alma gemela”. Como si el fin de éste fuese ser uno y no dos. Anhelando consagrar su vida a través del otro, unificando cada uno de sus pensamientos y acciones.
“Y si te quiero abierto
como el centro imposible, más allá de mis brazos
o la aurora que extiende un sueño en las tinieblas,
más abierto que el viento, más leve y más amante,
será porque mañana nos quisiera infinitos,
unidos como nieve a punto de ser agua”.
—Chantal Maillard
Hemos empleado los sentidos, la razón, la unión física para apoderarnos de nuestro complemento. Buscamos de todas las maneras posibles acceder a esa “mitad”, pues deseamos cubrir por medio de estas vías nuestra necesidad de comunicación y comprensión.
Anhelamos ser a través del otro y no de nosotros mismos como seres individualistas y autónomos. Queremos moldear a ese complemento, apropiarnos de él y no separarnos jamás de su mente y de su cuerpo.
Y una vez hallada esa “mitad”, será la vía para nuestra supervivencia.
**
Alguna vez en la vida hemos tenido la oportunidad de experimentar la sensación de unión y vínculo irrompible con el otro, pero por destino o por desgracia debimos separarnos de nuestra alma gemela; a veces dos mitades no pueden permanecer mucho tiempo juntas porque el amor se desborda o nos rompe, por lo que es mejor descubras a través de estos libros si estás en la relación correcta o sólo se trata de un amor platónico.
**
Algunas de las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Olivia Bee.
