Te presentamos un cuento erótico breve de Vanessa León en el que el amor no es realmente el protagonista:
Me encuentro acostada a tu lado y quiero que amanezca, tengo la necesidad de que te vayas. Te acabas de dormir mientras conversábamos y tenemos las manos enlazadas, quiero soltarte, me quedo dormida a ratos. Cada que despierto es porque te siento moverte a mi lado (aún tenemos las manos juntas). No me acostumbro a tenerte a mi lado cada vez que pasamos la noche juntos. No puedo dormir, es como tener la sensación de que estoy viviendo algo que no es real. Dormido me sueltas la mano y me vuelves a despertar.
Veo la hora, falta poco para que te vayas, intento seguir durmiendo pero esta vez te doy la espalda. Creo he dormido media hora; cuando siento tu respiración en mi espalda empiezas a tocarme, me hago la dormida pero siento tu respiración cada vez más agitada (supongo que es porque estamos desnudos). Me volteo de a poco, entre dormida y despierta, y te subes a mí, sigues tocándome hasta dar con mi parte baja y te siento duro, erecto con toda tu hombría sobre mí.
Ahí vamos de nuevo, hacemos el amor. Es excitante pero sé que ya te vas, sigo acostada y tú te levantas, empiezas a vestirte y preguntarme por tu ropa. Es divertido seguir el rastro de esta por la mañana, nunca se sabe dónde terminan las prendas.
Decido levantarme, me coloco las pantaletas y una franelilla, ya estás listo para irte. Te veo sentado en el mueble en el que también hemos hecho el amor o, por lo menos, hemos empezado la acción. Me da por ordenar un poco, siento que me observas pero no dices casi nada. Quiero abrazarte y pedirte que te quedes, siento que mis sentimientos hacia ti mutan en cada encuentro y eso me molesta, sigo recogiendo cosas que no me estorban pero tengo la necesidad de hacerlo.
Me dices que ya te tienes que ir, me pongo un short y te abro la puerta. Está lloviendo; observamos desde la puerta la lluvia caer por unos minutos y me repites que debes irte. Aún está oscuro pero falta poco para que salga el sol, busco algo para que te cubras de la lluvia, te observo y me besas en señal de despedida.
Sigo en la puerta unos segundo; veo cómo te marchas poco a poco y cierro. Vuelvo a la cama y me doy cuenta de que lo que hacemos es un riesgo, no es cobarde pero nuestras posiciones en la vida del otro son complicadas. Tengo sueño. Dormiré unas horas más.
Acostada a oscuras pienso que si las cosas han sido así hasta ahora no es por cobardía sino por falta de amor. Somos una gran mentira y estoy cada vez más segura de que no soy una cobarde y tú tampoco. Nuestros sentimientos nunca fueron tan fuertes o nunca nos quisimos de verdad, pues sólo nos tenemos ganas.
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Las uniones no siempre las impulsa el amor, a veces sólo el deseo, por eso si quieres seguir leyendo historias como la que te presentamos, estos son los 100 libros más sensuales de la Literatura… además, puedes ver estos cortometrajes eróticos con tu pareja que los harán llegar al clímax en unos minutos.
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Las fotografías que acompañan al texto pertenecen a Photomicona.
