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Mi mente también llora y mi cuerpo explota

Mi mente también llora y mi cuerpo explota

Mi mente también llora y mi cuerpo explota

A menudo, el cuerpo se expresa por sí solo. En ese mismo sentido,
la corporización de la palabra retroalimenta la imagen poética.

El siguiente poema, escrito por Andrea Ramírez, expone ese sentimiento
e indaga en la materialización de ese fenómeno como un acto de fe
o una circunstancia inevitable.

Mi mente también llora y mi cuerpo explota

Las luces no se prenden ni se apagan
los recuerdos no se pierden
aquel momento, aquel día
vino a mí como una ráfaga en un sueño.
Aquella calle, aquel lugar.

El frío, recuerdo aquel frío que helaba
pero que también nos acercaba.
Olorosos y cansados,
abrigos que cubren nuestros cuerpos.

Te encuentras rodeado de gente que no conoces
la ciudad que te mira deambular
sin saber qué camino vas tomar.

El recuerdo te agarra,
el sol se encuentra oculto,
el viento sigue corriendo.

Te quedas quieto
dejas de escribir
pero no paras de pensar
de s o b r e p e n s a r.

Lo que repara en el silencio,
la acumulación inmediata.
Mi mente también llora
y mi cuerpo explota.

Recuerdo, o quizás invento,
ver en el sueño su cara a la distancia.
Quizá como una foto jamás tomada
como un recuerdo alterado,
resultado del sueño y el deseo.

***

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