Ícono del sitio Cultura Colectiva

Cuando hablo de una noche a solas, no hablo de sexo ni del calor de un cuerpo

Cuando hablo de una noche a solas

Cuando hablo de una noche a solas

Lo triste no es que nunca lleguemos a conocer realmente a los demás, lo triste es que nunca nos conocemos a nosotros mismos. Aunque nos sepamos de memoria cada lunar, cada línea en nuestra piel, siempre habrá algo oculto en la soledad de la noche, una parte nuestra que no se nos revela sino hasta que es demasiado tarde. En los siguientes poemas de la poeta guatemalteca Isabel de los Ángeles Ruano (1945), el Yo poético explora su reflejo a través de la oscuridad, sólo para llegar a una terrible verdad: cuando se habla del miedo a estar solo no hablamos de no tener a otra persona, sino de enfrentarnos a nosotros mismos.

LA NOCHE

Qué edad, qué frío, qué tormenta

puede ser más terrible

que una noche

a solas,

una noche sin nada, una caverna

olvidada, un pasaje secreto,

de hielo.

Y digo una noche a solas

una noche de tiempo.

Y no hablo de sexo

ni del calor de un cuerpo,

no hablo de alguien, de algo,

hablo de una noche a solas

frente al universo,

en el infinito,

a solas con el cosmos chispeante,

con preguntas fósiles,

con nosotros mismos,

con todo.

**

Las letras y las formas que los poetas crean con ella van más allá de frases, enunciados u oraciones, son formas que dan vida al alma, a lo intangible, a lo que llena, quema y decanta nuestro interior, disfruta de la lectura de estos poemas de desamor para saber que somos presos de la memoria.

Salir de la versión móvil