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Manuel Felguérez. Invención constructiva

Manuel Felguérez. Invención constructiva

Manuel Felguérez. Invención constructiva

En el Museo Palacio de Bellas artes, se presentó la exposición: Manuel Felguérez. Invención constructiva, en reconocimiento a la amplia trayectoria que el versátil, consistente y significativo artista ha desarrollado durante más de medio siglo de producción. Su obra se caracteriza por el trabajo sistemático a partir de series en las que explora todas las posibilidades de la abstracción: la geometría pulcra y rigurosa, los gestos que equilibran el control y el azar, hasta llegar a las composiciones que en su variedad y coherencia nos sugieren similitudes con formaciones orgánicas y minerales.

Pintor, escultor y promotor cultural, ha participado en numerosos proyectos de arte público y escénicos; es considerado, además, integrante protagónico de la generación de La Ruptura – movimiento que a partir de finales de la década de los cincuenta propuso una apertura del arte mexicano hacia las tendencias internacionales. Manuel Felguérez ha continuado con asombrosa energía su producción a partir de la búsqueda de nuevas vías artísticas que ofrezcan, tanto estímulo para nuestros sentidos, como exigencia para el intelecto.

Más allá de las controversias que en su momento provocó el movimiento de La Ruptura, Felguérez lo interpreta como una tendencia que – más que representar una discontinuidad con el arte mexicano anterior a la década de los sesenta –permitió una apertura hacia numerosos caminos de experimentación y creación por parte de una nueva generación de artistas plásticos, escritores, cineastas, y realizadores teatrales. A partir de mediados de la década de los cincuenta, Felguérez había optado por la abstracción, por medio de un proceso en el que las formas de sus esculturas se liberaron de sugerencias concretas al cuerpo humano.

Durante medio siglo, Felguérez ha defendido y promovido el arte abstracto, considerándolo no una disciplina limitante, sino un conjunto de alternativas ricas en posibilidades compositivas y expresivas. Esta defensa y promoción no fue fácil en los primeros años, pues un sector relevante de la comunidad artística, de la crítica y de las instituciones culturales mexicanas, era adversa al arte abstracto.

Tanto intelectual como manualmente ágil, conocedor de técnicas del oficio tanto novedosas como tradicionales, Felguérez utilizó una gran variedad de recursos para sus obras de las décadas de los cincuenta y sesenta, que van desde la espátula hasta la chatarra. En las obras de este periodo se combinan referencias literarias, cinematográficas, científicas y tecnológicas, aderezadas con un fino sentido del humor.

Las esculturas más conocidas de Felguérez han sido elaboradas por medio del ensamblaje soldado de elementos metálicos, principalmente de acero. Sin embargo, el artista ha recurrido a otros materiales como el vidrio, y a otras técnicas, como la talla de piedra. Este conjunto de cinco piezas de mármol puede interpretarse como una serie en la que el artista explora con las posibilidades del material, su color y textura. Sin llegar a representar concretamente alguna forma animal o vegetal, las obras sugieren organismos en muchos sentidos emparentados con la escultura prehispánica, misma que el artista admira desde su juventud, buscando relacionarse con ella – al igual que sus colegas Carlos Mérida, Gunther Gerzso y Mathias Goeritz – de una manera distinta a la arqueológica o a la dictada por la doctrina nacionalista.

El geometrismo en la obra de Manuel Felguérez se consolida y evoluciona desde comienzos de los años setenta como consecuencia de exploraciones constantes sobre formas determinadas, como el círculo, el cuadrado o el triángulo. Este creciente interés por la geometría se pone en evidencia en su serie El espacio múltiple (1973), y llega a su grado máximo de madurez en la serie La máquina estética (1975). En estas piezas encontramos por vez primera la intervención de un medio hasta entonces poco o nada utilizado: la computadora.

Mayer-Masson, ingeniero de sistemas de la American Electric Power, desarrolló, en colaboración con Manuel Felguérez, un programa informático que permitía la construcción, casi ilimitada, de nuevos “ideogramas-diseños”. Estos eran el resultado de la combinación de formas geométricas, mismas que fueron previamente identificadas por el artista como constantes en su vocabulario plástico. El método de La máquina estética consistió en la aplicación artística de una teoría científica para obtener nuevos diseños, los que posteriormente el artista seleccionaba y utilizaba para desarrollar nuevas obras, corrigiéndolos o redibujándolos. La máquina está predeterminada para trazar gráficamente patrones, aunque no tiene la facultad para componer estéticamente por sí sola los diseños que construye, pues el proceso creativo requiere la intervención del artista.

A finales de los años setenta, el racionalismo geométrico dio paso al misterio de la forma, a la “geometría secreta” que refiere Octavio Paz, y a una inesperada sensación de profundidad y texturas que evidencian el abandono de los colores y las formas geométricas más puras. En La superficie imaginaria (1979), Manuel Felguérez propone una armonía compositiva producto de la madurez de sus investigaciones y experiencias plásticas anteriores, que se describen a partir de un lenguaje de calidades plásticas más subjetivas y poéticas. La composición ya no depende de la computadora, pues el artista decide humanizar el proceso creativo e introducir un elemento subjetivo que, sin embargo, aún nos recuerda las construcciones geométricas anteriores. La superficies se convierten en campos de experimentación estética, en la que la geometría se dobla y desdobla creando espacios imaginarios que se confunden y contrastan.

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