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Las mujeres del arte que denunciaron acoso sexual

7 de noviembre de 2017

Carolina Romero

Resguardados bajo el manto celestial que les proporciona la sociedad y la élite intelectual, estos acosadores gozan de total impunidad.



«Vamos a mi estudio y te hago unas fotos». «Pues está muy bien tu proyecto y todo, pero si quieres yo te ayudo a exponer en la galería de un amigo». «Si te portas bien, puedo incluirte como expositora en el Congreso». «Tengamos sexo. Eres artista, seguro eres más liberal».


¿Te suena? Es seguro que sí porque el acoso sexual ya no sorprende. Está tan infiltrado en cada espacio público y privado que, increíblemente, pasa desapercibido como lo que es: violencia. El punto más grave y peligroso del acoso es cuando se normaliza y, sin embargo, esto está ocurriendo de manera cada vez más "naturalizada". El mundo del arte no es una excepción, ¿en qué momento sucedió esto?


 

Resguardados bajo el manto celestial que les proporciona la sociedad y la élite intelectual —“pues es que son artistas, ¿cómo podrían ellos ser acosadores?”— viven el la impunidad total. Directores de museos, dueños de galerías, artistas bien posicionados, críticos de arte reconocidos desbocan su enferma manera de relacionarse con el género femenino bajo amenazas y humillaciones. Sin embargo, 2 mil artistas mujeres víctimas de este tipo de violencia se han reunido para decir "basta" en un manifiesto firmado por la organización Not Surprise, donde denuncian haber sido víctimas permanentes de acoso sexual:

 

«Somos artistas, administradoras de arte, asistentes, directoras, editoras, educadoras, galeristas, pasantes, académicas, estudiantes, escritoras y más trabajadoras del mundo del arte y hemos sido tentadas, socavadas, acosadas, infantilizadas, despreciadas, amenazadas e intimidadas por aquellos en posiciones de poder que controlan el acceso a recursos y oportunidades».


 

En el mundo del arte las mujeres siguen siendo minoría. Menos del 5 % de las artistas en las secciones de Arte Moderno son mujeres, pero 85 % de los desnudos son femeninos. En las exposiciones permanentes de los museos más importantes del mundo la presencia femenina no supera ni el 40 %. Claramente, esto no se debe a la falta de talento que —sabemos— está presente en hombres y mujeres. Entonces, ¿cuáles son los factores que deciden quién expone y quién no?


 

«No nos sorprendemos cuando un curador nos ofrece exposiciones o apoyo a cambio de favores sexuales. Nos nos sorprendemos cuando un galerista romantiza, minimiza y esconde comportamiento sexualmente abusivo de artistas que representan. No nos sorprendemos cuando una reunión con un coleccionista o un potencial patrocinador se convierte en una propuesta sexual. No nos sorprendemos cuando sufrimos represalias por no aceptar la proposición».


 

La cosificación de las mujeres va mucho más allá de suponerlas como un objeto de consumo que se comercializa en portadas de revistas para caballeros o anuncios de descongelante para autos, se supone sobre ellas que son —escencialmente—seres sexuados que están para mirarse y para disfrutarse. Cosa que no es de ningún modo real.


 


«Muchas instituciones e individuos con poder en el mundo del arte adoptan la retórica del feminismo y la equidad en la teoría; a menudo se benefician financieramente de estas débiles afirmaciones de política progresista, al tiempo que conservan en la práctica normas sexistas opresivas y dañinas. Los que están en el poder ignoran, excusan o cometen casos cotidianos de acoso y degradación, creando un ambiente de aceptación y complicidad en muchos abusos de poder más graves e ilegales».

 


Uno de los peores y más ruines vicios de los círculos intelectuales es su falso discurso “feminista”, a menudo usado como un cascarón vacío de todo contenido. A la hora de los hechos, se convierten en justo eso de lo que dicen estar en contra: abusadores y violentadores sexuales.

 


«Denunciaremos a aquellos que continúen explotando, silenciando y desestimándonos. Sus acciones ya no serán un secreto susurrado entre nosotros por el miedo a la exclusión, el confinamiento profesional o la recriminación. Cuando veamos un abuso de poder, decidiremos alzar nuestra voz, demandaremos que las instituciones y los individuos encaren nuestras denuncias con seriedad y sacaremos estos incidentes a la luz, sea cual sea el género del perpetrador».

 


No hay sitio libre de hostilidad sexual hacia las mujeres. Los acosadores no se encuentran sólo en la calle, sino que conviven con ellas en las oficinas, en las escuelas, en los museos. El machismo no encuentra manera de contenerse.

 


«Somos demasiadas ahora como para ser silenciadas o ignoradas. Con todo lo que hemos experimentado y presenciado, esta carta no debería sorprendernos», concluye el manifiesto.


Entre las 2 mil firmantes se encuentran artistas como Cindy Sherman, Helen Marten, Coco Fusco, Laurie Anderson, Jenny Holzer, y Tania Bruguera. Este manifiesto se da luego de casi un mes de que salieran a la luz los casos de violencia sexual del poderoso productor Harvey Weinstein a diversas actrices, modelos y conductoras. El silencio ya no es posible.


 

El acoso sexual es un tipo de abuso —institucional o personal— en el que se violenta sexualmente por medio de control, intimidación, humillación y amenazas. En la mayoría de los casos éste ocurre como un modo de reafirmar poder y superioridad masculina.


 

Si el comportamiento no es bienvenido, invitado ni solicitado, se trata de acoso sexual, independientemente de las circunstancias de su reunión o tipo de relación. ¿Hace falta una mayor explicación?, ¿es que los dueños de galerías, curadores de museos y artistas acosadores necesitan regresarse a la primaria para aprender que NO es NO?


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Si quieres saber más sobre arte, descubre las obras para conocer la historia de la sexualidad y descubre la historia de un amor codependiente y tóxico entre los hermanos Van Gogh.

 

TAGS: Feminismo arte contemporáneo machismo
REFERENCIAS: Not Surprised El País

Carolina Romero


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