La caja tiene un pequeño orificio para que la gente introduzca sus manos y palpe; los asistentes no saben cómo reaccionar, pero se detienen. La mujer que habla por el megáfono es una tentación para quienes se congregan en torno a ella. Incrédulas, dubitativas, las personas esperan su turno sin decir nada, pero al llegar frente a la mujer, meten sus dedos para sentir sus genitales. Comienza el espectáculo.
Esta escena ocurrió en junio de este año en las ciudades de Ámsterdam y Dusseldorf, en Holanda y Alemania respectivamente. En éstas, la activista conceptual Milo Moiré se paseó por las calles con una caja denominada mirror box; proyecto con el que la también modelo reivindica la naturaleza del acto sexual.
“Estoy aquí por los derechos de la mujer y la autodeterminación sexual. Las mujeres tienen una sexualidad igual que los hombres. Sin embargo, las mujeres tienen que decidir por sí mismas cuándo y cómo quieren ser tocadas y cuándo no”, así lo explicó la artista de origen eslovaco y español cuando se le interrogó por el motivo de su acto.
Al igual que Miró, pero en el año de 1965, la japonesa Shigeko Kubota utilizó su vagina para sostener una brocha y pintar un cuadro mientras trataba de imitar la técnica de goteo que los expresionistas norteamericanos posicionaron en la cima artística de aquellos años. Su proyecto se llamó Vagina painting, y lo presentó en Nueva York.
¿Estos ejemplos realmente continúan con la idea que alentó el feminismo a finales del siglo XVIII? ¿No pueden resultar contraproducentes para el discurso que intentan defender?
La profesora y académica Shahidha Bari postuló esta idea en su ensayo ‘Female nudity is powerful, but not necessarily empowering’ (El desnudo femenino es poderoso, pero no necesariamente empodera), al asegurar que la libertad femenina se ha relacionado comúnmente con el cuerpo desnudo, gracias a la idea que brinda de reclamar su derecho a mostrarse sin ninguna censura.
“La desnudez feminista liberada de los años sesenta reclamó al cuerpo como un lugar de declaración política, aprovechando la visibilidad dramática del gesto, pero reconociendo también las formas en que la vida política de las mujeres era inextricable de sus cuerpos, cuando se trataba de cuestiones sexuales, control de natalidad, violación marital y violencia doméstica. El cuerpo era poderoso social y políticamente hablando”.
Ese empoderamiento por medio del cuerpo (específicamente del uso de los senos o los genitales) ha conducido a diversas artistas feministas a mostrar su vagina o hacer uso de ella durante sus actos. No obstante, la exteriorización de su discurso se ha desvirtuado conforme crecen y se multiplican los medios de comunicación hasta llegar al punto de desvanecer la relación del desnudo femenino con la idea de una libertad auténtica.
“Los cuerpos de las mujeres han sido durante mucho tiempo máquinas del capitalismo. Pero ahora esas máquinas son impulsadas por los cuerpos brillantes, bronceados y tonificados de las cintas de sexo, así como los trajes de baño y las selfies casi denudas. Tal vez esto sea sólo el feminismo ajustado a la economía del mercado libre.”
El ámbito político no está exento de esta discusión. El “sextremismo” se ha colado también en un juego de acción activa en el que se violenta a través de la desnudez femenina; el colectivo activista Femen es una muestra de ello.
Mientras tanto, el diálogo al respecto del poder femenino asumido desde su desnudez se extiende cada vez más y el arte surge como una respuesta no tanto para las inquietudes de quienes lo llevan a cabo, sino para el momento histórico en el que se desarrolla. Todo como parte de un mecanismo mayor en el que las representaciones de la libertad mudan con el paso del tiempo.
Finalmente, la activista Miló Moiré fue detenida en Londres. La policía no le permitió llevar a cabo su acto, como sí lo hizo en Holanda y Alemania. No fue la primera vez que las autoridades la detuvieron; en enero de 2015 Moiré fue arrestada por posar desnuda frente a la Torre Eiffel. Aunque la multa por mostrar sus genitales sobrepasó los 15 mil euros, la artista negoció su sanción y no pagó nada.
Quizá la humanista francesa Simone de Beauvoir se equivocó al asegurar que: “el gran hombre nace de la masa y lo arrastran las circunstancias, pero la masa de mujeres queda al margen de la historia, y las circunstancias son para cada una de ellas un obstáculo y no un trampolín”, porque, ¿qué ocurre cuando el trampolín es convertido en obstáculo, y quienes intentan defenderlo no se percatan de ello? Para Shahidah Bari el desafío del feminismo moderno es claro: encontrar medios para reformular el cuerpo y así expresar mejor la complejidad y diversidad de las mujeres.
El tiempo responderá. Sólo él.
Si estás interesado en el texto íntegro de Shahidah Bari
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