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Secretos de la Biblia que puedes conocer en 8 obras de arte

29 de noviembre de 2017

Julieta Sanguino

Los artistas se enfocaron en mostrar un poco más de todo aquello que la Biblia buscó ocultar.



¿Qué es lo que la Biblia desearía ocultar? Probablemente exista información que se haya quitado inocentemente, sin ningún tipo de especulación a su alrededor; sin embargo, también existen pasajes e historias que más valdría omitir y censurar para que las palabras que componen enseñanzas, deberes y la creación de una comunidad, se mantuvieran a flote.

No obstante, en la historia del arte hubieron personalidades que buscaron ir un poco más lejos y desentrañar los secretos que parecían ocultos ante los fervientes creyentes de los preceptos religiosos. Cada indicio podía significar más de lo que cualquiera creyera, cada gesto, cobertura, patrón o letanía era más que un simple adorno para aquel cuadro que estuviera dispuesto en iglesias o centros religiosos.

Así, la fe se cambió por conocimiento y los actos censurados de los artistas se transformaron en un grito explosivo que no podía callarse. Aquí algunos artistas que nos mostraron más de lo que la Biblia pretendía:


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Representación de Lilith (1892)

John Collier



Antes de la tan famosa cita que nos hace considerar que Eva fue la primera mujer: «Y de la costilla que Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces a Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada», existe otra frase en el Génesis que hace creer a los judíos que Eva no fue la única ni la primera en romper las reglas del paraíso: «Dios creó varón y hembra los creó».


De nombre Lilith, muchos aseguran que después de abandonar el paraíso y lejos de Adán, Lilith se convirtió en un sensual demonio que raptaba a los niños de sus cunas: una encarnación de la belleza maligna y la madre del adulterio. En una investigación realizada por ABC, el rabino Rubén Hoschke Kohen afirmó, «Dios formó a Lilith del mismo modo que había formado a Adán aunque utilizó inmundicia y sedimento en lugar de polvo puro». La inmundicia habría convertido a esta criatura en un demonio del que, a su vez, nacieron otras criaturas malignas que «todavía atormentan a la humanidad».


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El Beso de Judas (1589 - 1600)

Ludovico Carracci



Después de que muchos artistas mostraran a Judas como un traidor, la pintura barroca cambió de enfoque para presentarlo benevolente. Carracci, según The New Yorker y la investigadora Susan Gubar, quien escribió el libro Judas: A Biography, no buscaba representar la traición del discípulo al maestro sino más bien, el erotismo que es capaz de romper el lienzo. Entre ellos hay un sentimiento de amor; no un amor fraternal sino más bien entre amantes. Según Gubar, este cuadro es la recreación más pasional de la escena, una representación completamente erótica de Jesús abrazado por Judas.

Los dedos del apóstol sostienen delicadamente el cuello y el pecho de Jesús mientras que éste, con el rostro embelesado, espera a que la soga atraviese su cuello y los soldados se lo lleven. El ejército, siempre en segundo plano, lo sostiene pero no influye en lo que ocurre en el primer plano. Según la escritora, ambos están teniendo fantasías sexuales el uno con el otro para concluir que Cristo está siendo arrestado por un acto de homofobia.


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Éxtasis de Santa Teresa (1645 - 1652)

Gian Lorenzo Bernini



El encuentro con Dios le dio a Santa Teresa un éxtasis puro y natural. La escultura de Bernini refleja un carácter erótico y sensual que acompaña a la Santa, justo en el momento en que un ángel se postra junto a ella para clavarle una flecha. En uno de los fragmentos del compilado Libro de la vida de Santa Teresa de Ávila, ella menciona: «Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle, me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor, que me hacía dar aquellos quejidos, y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor, que no hay que desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios». ¿Acaso Dios es capaz de darle placer a una mujer para mostrarle su divinidad? El lado celestial del orgasmo nos demuestra otra cara de la divinidad para dejarnos pensar que sus facetas parecen ser tantas que es imposible conocerlas todas.


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La entrada de Cristo a Bruselas (1889)

James Ensor



Probablemente todo lo que no quiso decir nunca la Iglesia sea el motivo y motor de la obra de este pintor belga. La entrada de Cristo a Bruselas es una reinterpretación de su verdadera entrada a Jerusalén; sin embargo, la obra de Ensor se convierte en una brutal crítica de lo que significaba Cristo para él: en medio del carnaval, Cristo aparece rodeado de gente, sin la mínima importancia ni el asombro de quienes se encuentran a su alrededor. Del lado izquierdo se levanta un cartel con una crítica para la iglesia: «Fanfarrias doctrinarias siempre exitosas» se lee al traducirlo al español, y del lado derecho, otro cartel nos muestra «Viva Jesús, rey de Brusells», lugar mal escrito con el propósito, posiblemente, de aseverar que no es rey de ningún sitio.

Así, el cuadro de Ensor abre diversas interrogantes que no podemos dejar de cuestionar: ¿qué tan política era la figura de Dios?; ¿cuánto impacto hubiera causado en la época contemporánea?; entre todas esas máscaras, ¿era acaso la de Dios la más grande?


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Cuadro feroz (1980)

Enzo Cucchi



También Enzo Cucchi reinterpreta la figura de Dios para mostrar su cara más oscura. En este cuadro una figura humana de color amarillo tiene en la parte trasera un cordero y apunta con vehemencia al rostro de un hombre al interior de una montaña en la que también corre un tren de vapor. Según el libro 1001 pinturas que hay que ver antes de morir, el simbolismo de Cucchi podría representar la contraposición entre el cristianismo y la era moderna. Sin embargo, también podría ser un signo de la maldad oculta que provoca la figura del que, pensábamos, era nuestro salvador.


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El ciudadano (1981 - 1983)

Richard Hamilton



Un manifestante de aspecto mesiánico encerrado en una prisión toda rodeada de heces. Aunque el cuadro de Hamilton es una resignificación de la protesta política de 1980, Dirty Protest en Irlanda del Norte, Hamilton aseguró que también es una muestra y la materialización del martirio cristiano, lo mismo que provocó gran impacto en la sociedad.


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Tota Pulchra (siglo XVII)

Artista desconocido



Adan, encadenado a la tierra, desfallece mientras la virgen lo sostiene. Esta obra de un artista mexicano del siglo XVII, nos muestra cómo la religión crea culpa y se esfuerza en perseverar ese sentimiento para que aquellos que la experimenten, vivan su vida melancólicamente. Adán, en la parte inferior izquierda, se encuentra encadenado a la tierra, sin ninguna posibilidad de entrar al paraíso. Mientras el paraíso está lleno de querubines y luz, la tierra es oscura y llena de perdición. Adán sostiene su manzana con bilis negra, la bilis es una representación de melancolía y de todo aquello que lo ha saboteado para nunca más poder tocar el jardín del Edén. El demonio se postra justo a los pies de Adán mientras parece sujetarlo con una serpiente. ¿Cuánta es la maldad que nos hace pensarnos no aptos para el paraíso?


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Madonna y niño con San Juan el Bautista, María Magdalena y Santa Ana

Giuseppe Cisari



Si hay algo que probablemente la Iglesia quisiera evitar a toda costa, esto sería que sus seguidores supieran lo humano que era Cristo. En esta obra y muchas del Renacimiento, el mismo Cristo, una manta o alguno de los santos que están a su alrededor, cubren su pene escondiendo su mortalidad. Si se observara su miembro, aseguran, muchos comenzarían a pensar que, del mismo modo que habría nacido, moriría.


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Del mismo modo que estas pinturas nos muestran un poco más sobre religión, existen pasajes de la Biblia que demuestran que Dios no es tan bueno o que aprueban el machismo.


TAGS: Religión Pintura Historia del arte
REFERENCIAS: ABC The New Yorker

Julieta Sanguino


Editora en Jefe

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