
Sonreír en un retrato probablemente sería la forma más efectiva de llamar la atención y provocar ser notado. Si acaso solo basta pensar en la Mona Lisa, misma que por años ha sido motivo de estudio y se ha erigido como la obra más notoria de Leonardo da Vinci por una simple y enigmática sonrisa. ¿Ella está sonriendo o no?
Si bien las sonrisas completas eran un fenómeno rarísimo en la pintura, algunas sonrisas como la de la Mona Lisa y otras sonrisas a medias eran un tanto más comunes, de acuerdo con Nicholas Jeeves en Public Domain Review, este tipo de sonrisas:
«podían ofrecerle al artista la oportunidad de la ambigüedad que una sonrisa completa no puede. Una expresión facial tan sutil y compleja puede transmitir casi todo —interés, condescendencia, coqueteo, anhelo, aburrimiento, alegría o vergüenza—. Esta equivocación permite que el artista nos ofrezca una interacción emocional duradera con la imagen. Una sonrisa completa [o abierta], en cambio, es inequívoca, señal de un momento de inconsciencia de uno mismo».
Algunos artistas tomaron la batuta de la radicalidad y la innovación al empezar a pintar a sujetos que sonreían, por ejemplo, pintores holandeses como Van Honthorst, Jan Steen, Judith Leyster comenzaron a retratar a personas sonrientes, que daban una representación más fidedigna de la realidad y la cotidianidad.
Por otro lado, el esfuerzo de posar con una sonrisa en el rostro implicaba un gran esfuerzo, en particular cuando mantener la sonrisa rápidamente se torna en una extraña mueca que en ocasiones carece de la amabilidad, alegría y empatía que solemos identificar en este tipo de rostros. Ésta era una de las principales razones por las que tanto artistas como sujetos que posaban no solían sonreír… y hasta cierto punto el trabajo que implica mantener la sonrisa perduró a través del tiempo.
Siglos más tarde, con la invención de la fotografía y su uso para hacer retratos, también era común encontrar rostros serios, pues la toma de una fotografía también requería más tiempo que el par de segundos a los que en la actualidad estamos acostumbrados. Si bien era menor que en el caso de los cuadros, seguía siendo significativamente exigente para los músculos faciales, no obstante, con el desarrollo de la tecnología y los cambios en la etiqueta social (o el decoro), las sonrisas se convirtieron en la norma.
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