
Tamara de Lempicka es recordada como la máxima exponente del Art Deco. Quienes la conocieron aseguraron que era una mujer de carácter, excéntrica y vanidosa, esto resulta completamente irrelevante comparado con los grandes misterios tras su vida y su obra.
Tamara Rozalia Gurwik-Górska
Tamara Rozalia Gurwik-Górska nació el 16 de mayo de 1898 en Varsovia, Polonia, en una familia adinerada: su padre, Boris Gurwik-Górski, era un abogado judío ruso y su madre, Malwina Decler, era una socialité. Desde niña, fue enviada a un internado en Suiza. A los 13 años acompañó a su abuela en un viaje a Italia en 1911, en este viaje nació su amor por el arte. Aunque también se dice que su primer acercamiento al arte fue cuando a la edad de 12 años, su madre había pagado a un pintor establecido para crear el retrato de su hija, insatisfecha con los resultados y convencida de que ella misma podría hacerlo mejor, Tamara se propuso recrearlo, cosa que no le fue nada fácil.
Su carrera en el arte
En 1919, tras el nacimiento de su hija, Maria Krystyna, Lempicka decidió convertirse en pintora y comenzó a estudiar en la Académie de la Grande Chaumière con Maurice Denis, y luego con André Lhote. Rápidamente encontró su propio estilo en la intersección de lo que Lhote describió como “cubismo suave” y Denis se refirió como “cubismo sintético”. Tamara admiraba la pintura del Renacimiento, especialmente desde su viaje a Italia. Pero combinó astutamente el retrato tradicional con técnicas publicitarias, iluminación fotográfica y vistas de la arquitectura de las grandes ciudades.
En 1925 expuso sus pinturas en dos de las principales sedes de la Exposición Internacional de Artes Decorativas e Industriales Modernas, el Salon des Tuileries y el Salon des Femmes Peintres. Este evento más tarde se conocería como el nacimiento del Art Deco, las pinturas de Tamara fueron elogiadas por numerosos periodistas internacionales y su trabajo comenzó a ganar popularidad. Ese mismo año fue invitada a dar su primera gran exposición en Milán, para lo cual creó 28 pinturas en el transcurso de seis meses. Mientras estaba en Italia, conoció al famoso poeta y dramaturgo italiano Gabriele d’Annunzio.
Clímax de su carrera
A mediados de la década de 1920, De Lempicka comenzó a ganar premios por su arte, recibió innumerables encargos de la élite francesa, se divorció de Tadeusz Lempicka y se convirtió en la amante del barón del antiguo Imperio Austro-Húngaro, Raoul Kuffner. En 1929 pintó una de sus obras de arte más conocidas: Autoportrait, también conocida como Tamara in a Green Bugatti, la cual hizo para la portada de una revista alemana de moda: Die Dame. En la pintura se le puede ver elegantemente al volante de un auto de carreras italiano, un retrato ideal de la época, esta imagen ilustraba la liberación que vivían algunas mujeres, así como la cultura consumista y el alto crecimiento económico del período de entreguerras.
Tal vez Tamara retrataba tan bien a las mujeres porque las amaba. De hecho pública es su bisexualidad y sus relaciones con la modelo Rafaela y la duquesa Marika de La Salle, quienes posaron para ella en varias ocasiones.
La vida en Estados Unidos
Al establecerse en Beverly Hills, Lempicka no alcanzó el éxito que esperaba. En 1943, ella y su esposo decidieron mudarse a la ciudad de Nueva York, donde ella continuó trabajando. Sin embargo, estaba recibiendo muchos menos encargos por retratos, ya que su lujoso estilo Art Deco parecía anticuado en el período del modernismo y el expresionismo abstracto. Pasó bastante tiempo repintando sus piezas anteriores con un nuevo estilo.
Éxito póstumo
El trabajo de De Lempicka ha sido retomado en numerosas ocasiones a lo largo de los años, una de ellas fue en la década de 1970 cuando el Art Deco tomó un segundo aire. En las décadas de 1980 y 1990, las pinturas de Lempicka, junto con los mitos que las rodeaban, atrajeron los ojos de muchos famosos como Madonna, Jack Nicholson y Barbra Streisand, quienes comenzaron a coleccionar sus obras.
