Cardi B ya ha lidiado con juicios legales antes a lo largo de su carrera, sin embargo, esta vez el juicio que está atravesando ha sacado uno de los peores lados de buscar la justicia como mujer racializada.
Todo comenzó en 2018, cuando Emani Ellis, una exguardia de seguridad, acusó a Cardi B de haberla escupido, insultado con comentarios racistas y de haberle cortado la cara con una de sus uñas largas durante un incidente en una clínica de Beverly Hills. Ellis asegura que las heridas fueron tan graves que necesitó cirugía plástica. Por su parte, Cardi ha negado totalmente la agresión física y sostiene que lo único que ocurrió fue una discusión verbal, después de que creyó que Ellis intentaba grabarla sin su consentimiento mientras estaba embarazada.
El racismo y machismo en el juicio en contra de Cardi B sacó el peor lado de la justicia
Aunque en papel este juicio es sobre una demanda civil por agresión, el eco mediático y la manera en que se ha desarrollado en tribunales encendió un debate mucho más amplio. Y es que no son pocos quienes señalan que Cardi B está siendo tratada con más dureza debido a su identidad afrolatina, dominico-estadounidense y a la forma en la que desafía estereotipos de clase y género.
“Do you consider yourself African American?”
Cardi: “I consider myself Afro Caribbean”
They tried it 😂 pic.twitter.com/81nxxLJB67— CARDIA 🐦⬛ (@CCardib2) August 26, 2025
Su personalidad pública, sexualidad y estilo han servido como excusa para que se le juzgue con prejuicios raciales en lugar de centrarse únicamente en los hechos.
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Uno de los momentos más comentados fue cuando un abogado confundió sus pelucas con su cabello real y la presionó a hablar sobre su apariencia física. Esto fue percibido como un intento de humillarla y de restar seriedad a su testimonio, perpetuando estereotipos de género y banalizando su presencia en la corte.
A lo largo de los años, Cardi B ha estado en el ojo público por demandas, polémicas y su forma de expresarse. Muchos críticos creen que esta acumulación de historias sirve como excusa para “castigarla” más por su imagen y por no encajar en un molde tradicional de feminidad que por las pruebas concretas del caso.
El equipo legal de la rapera ha insistido durante el juicio en que las acusaciones de Ellis no son coherentes y han presentado pruebas para desacreditar la posibilidad de que ocurriera una agresión física, como la longitud de sus uñas en ese momento. Además, el juez del caso decidió prohibir que se usaran antecedentes legales previos de Cardi B con el fin de evitar prejuicios en el jurado, lo que muestra que incluso dentro del tribunal hay conciencia de los riesgos de un juicio mediático.
Más allá de la demanda en sí, el juicio contra Cardi B se ha convertido en un ejemplo de cómo el racismo y el machismo todavía atraviesan los procesos legales y mediáticos. La rapera no solo enfrenta las acusaciones formales, sino también la humillación de ser reducida a estereotipos raciales y de género que ponen en duda su credibilidad y la exponen al escrutinio público de una forma desigual. ¿A un hombre blanco le harían las mismas preguntas?

